El sol estaba en lo alto del mientras caminaba por el césped del campus, en mi camino al Rachel Tricket Building, donde Leon se alojaba. Había quedado con él a las doce para que me enseñara unos libros antiguos maravillosos que se había traído consigo desde Alemania. El día anterior, durante la cena, habíamos descubierto la pasión de ambos por los libros, antiguos y recientes, cualquier documento escrito nos valía.
Hacía muchísimo calor. Llevaba puesto unos pantalones cortos granates y una camiseta blanca con el eslogan "I LOVE NEW YORK", unas vans blancas y el pelo recogido en una coleta alta. A lo lejos, vislumbré la cabellera negra de Aitana, cerca de la puerta principal del Rachel Tricket, por lo que tomé el camino largo para ir por la puerta trasera. Pero una voz me detuvo antes de que pudiera cambiar el rumbo.
-¡Elisa! Eh, ¡Elisa!-me di la vuelta, cuestionándome quién sería. Los ojos de Paul me sonrieron al instante, y me hizo un gesto para que fuera hacia él. Me aproximé, devolviéndole la sonrisa, y le di los buenos días-Perfecto. Justo la chica a la que estaba buscando. Tengo que darte una noticia... Te va a encantar.
Lo miré inquisitivamente, con una mirada seria, antes de echarme a reír. Paul me cogió de las manos y me acercó a él, como para decirme un secreto.
-Hemos abierto la biblioteca esta mañana, hace una hora. Los de la restauración vinieron antes, por lo que todo está hecho. Ya puedes disfrutar de ella. Pero que no se corra la voz, no queremos que todos se enteren.
Al momento me encontré dando saltos de alegría. Tendría más libros para leer, perfecto. Le di las gracias a Paul, hasta lo abracé con fuerza, y me giré para ir a la Howard Piper Library cuando recordé que tenía que ir con Leon. Por suerte, todo estaba de mi parte. Un mensaje sonó casi cuando sacaba el móvil. "Elisa, lo siento, no puedo quedar ahora. Tengo que ir a la ciudad a por unas cosas para las clases. Perdóname, ¿nos vemos a las 13:15 en el comedor? Leon". Sonreí, le contesté que perfecto, y me fui a la biblioteca más feliz que un niño pequeño con una piruleta.
***
Las estanterías estaban perfectamente alineadas y los libros que reposaban en ellas no tenían una mota de polvo. Estaba en mi paraíso. Al minuto de entrar, localicé los clásicos y cogí un volumen antiguo cuya portada rezaba "Anna Karénina", y me dispuse a rememorar los pasajes que más me gustaban.
Diez minutos más tarde, me levanté, dejé el libro de Lev Tólstoi en su estantería, y me dirigí a las novelas más nuevas, buscando uno de mis ejemplares favoritos, "El Nombre del Viento", de Patrick Rothfuss. Antes, comprobé en el catálogo que lo tenían y, para mi suerte, había dos, e indicaba la referencia del libro para buscarlo.
Cuando llegué a la estantería E1, donde se suponía que tenía que estar, visualicé a lo lejos toda la colección de Harry Potter, todos repetidos varias veces y en varios idiomas, y sonreí. Mientras tuvieran Harry Potter, todo iría bien. Vi uno de los ejemplares en una de las estanterías más altas, y me estiré para cogerlo, aunque noté que faltaba otro. "Alguien lo habrá cogido", pensé, mientras abría el libro por la primera página y comenzaba a devorar las líneas de "Un silencio triple", el prólogo. Pero me parecía extraño, la biblioteca llevaba tan poco tiempo abierta...
-¿Está bien? El libro, quiero decir- una voz me sacó de mi ensueño, aunque fuera por la tercera línea. Alcé la cabeza y sentí como mi corazón se aceleraba ante la visión- El nombre del viento, me refiero. Pareces haberlo leído.
Harry me sonreía a pocos metros, con una sonrisa que mataba y hacía que me derritiera como si estuviera hecha de hielo. Sus ojos verdes me miraban inquisitivamente y sus hoyuelos hacían que me olvidase de todo. Pero tenía que hablar, no quería quedar como una tonta. Sacudí la cabeza y reuní todo el coraje del que fui capaz.
-Sí, varias veces, es mi libro favorito-dije casi sin aliento.
-Perfecto- respondió él, sin dejar de sonreír. Se sentó a mi lado, y ambos leímos el prólogo del libro sin interrupciones. Pero cuando acabé de leer la última frase, "el silencio de un hombre que espera a la muerte", vi a Harry mirándome, y cerré el libro con suavidad.
-¿Cómo te llamas?-me preguntó.
-Elisa, Elisa Fernández.
-Encantado, yo soy Harry. Déjame adivinar... ¿Argentina?
Sonreí y negué con la cabeza. Él siguió intentándolo.
-¿Chile? ¿Paraguay? ¿México? Tienes acento americano. Es imposible saber de dónde vienes- replicó riendo.
-España- contesté, aliviada de que su risa hubiera relajado la tensión entre nosotros. No me lo podía creer, pero intenté no aparentarlo.
-¿España? Adoro España- siguió riendo, mientras yo me apartaba el pelo de la cara.
Sorprendentemente, la conversación con Harry no fue difícil. Tras explicarle el argumento principal de "El nombre del viento", pasamos a hablar de otros temas. No era para nada el tipo engreído y machista que me había esperado. Compartía mi amor por la literatura, pero cuando me dijo que amaba la música, no daba crédito a mis oídos.
-Toco la guitarra-me dijo-. No podría vivir sin ella. Aparte, también canto, aunque mi voz no es nada especial.
-Ya me gustaría a mí poder cantar. Solo toco el piano y algo de guitarra, pero ya se me habrá olvidado todo, no me he traído nada...
-Eso tiene fácil solución. Hay aulas de música disponibles por todo el campus.
Cierto era, no me había dado cuenta. Pero lo que vino a continuación me dejó descolocada totalmente. Cogió el libro y lo registró a su nombre, sin decir palabra, y lo guardó en su mochila, mientras yo lo miraba un tanto desconcertada.
-Después de comer. Sobre las 3. En la puerta de la biblioteca. Si tienes partituras, tráelas. No llegues tarde-me susurró. Después, dejándome aún más desconcertada que antes, salió de la biblioteca sin hacer ningún ruido.
***
Selene no daba crédito a lo que le decía mientras comíamos. Le había contado todo lo de la biblioteca, y lo de Leon, y estaba demasiado estresada como para poder hablar. Fue a replicar, cuando vi una cabeza llena de rizos hacer su aparición por la puerta del comedor y la acallé con un gesto bastante bruto, pero no quería que Harry se enterara.
Al pasar por delante de nosotras, me sonrió ampliamente, y le devolví el gesto, Selene mirando a ambos con la boca abierta. Después, se sentó junto a una chica morena que me sonaba muchísimo... Era la chica con la que había compartido sofá el primer día. Parecían haberse hecho amigos.
Suspiré, y me volví a concentrar en la comida. Selene estaba hablándome de Gus, pero yo no le prestaba atención, solo contaba los minutos para que llegaran las tres de la tarde. Dos minutos más tarde, llegaron Leon y Augustus a sentarse con nosotras, y Leon me pidió disculpas. Las acepté sin replicar y en cuanto acabé de comer, salí del comedor directa a mi habitación, dejando a los tres detrás de mí algo desconcertados.
***
Eran las tres y un minuto, y ya me estaba empezando a impacientar. Pero cuando oí unos pasos ligeros detrás de mí y me giré me topé con una sonrisa sincera, un pelo rizado y una guitarra. Harry llevaba una carpeta morada, al igual que yo, de la que sobresalían varias hojas llenas de pentagramas, y se había cambiado de ropa. Llevaba unos pantalones azules cortos y una camiseta gris, con unas deportivas blancas. Me saludó y, sin darme tiempo a responder, me dirigió hacia una de las salas contiguas a la biblioteca, cerrando la puerta tras de sí, y quedándonos a solas en una habitación pequeña, equipada con dos atriles, un piano y un ordenador.
-Elisa
Imágenes de weheartit.com (tenía que poner la última, lo siento, Potterhead aquí presente :)


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