miércoles, 27 de marzo de 2013

Capítulo 5: En los jardines...

(Imagen de google, es real, esto es parte de los parques de la Universidad de Oxford)

-Adoro este vestido. La máscara que lleva es simplemente perfecta. Y rosa, cómo no- Selene me estaba estresando. Llevábamos todo el día de tienda en tienda, buscando el vestido perfecto, a juego con la máscara. Yo ya había comprado el mío, era negro y ajustado, y la máscara dorada y negra.
-Sele, llevamos así toda la mañana. Déjame descansar un poco, ¿quieres?
-Sí, vale, me llevo este. Podemos ir a los parques de la Universidad, ¿vale? Así puedes contarme lo de Harry- dijo, guiñándome un ojo. Resoplé, y llevé el vestido y la máscara a la caja.
-¿Conocías a la chica que salió hoy en lo de los 365 días? Me sonaba, pero no sabía quién era- Al principio no sabía de qué hablaba, pero luego recordé las palabras de Paul: "Sois 365, como los días del año entero que vais a estar aquí. Cada día, será el día de uno de vosotros, ese día, seréis lo más importante, todo girará en torno a vosotros". Cierto. Había salido una chica pelirroja pequeña, que identifiqué como la chica cuyo cuarto estaba en frente del nuestro.
-Sí, se llama Scarlett, si no me equivoco. Es la chica de la habitación 30, la de en frente.
Selene asintió con la cabeza, y caminamos en silencio por las calles de Oxford hasta que estalló, pidiéndome que se lo contara ya o explotaba. Comencé a recordar...

"If I lay here... If I just lay here... Would you lie with me and just forget the World?" su voz y mi piano se mezclaban perfectamente, creando una armonía que nunca antes había conseguido con nadie. Harry tenía los ojos cerrados mientras cantaba "Chasing cars", y yo aprovechaba para mirarle. No me podía creer que estuviera ahí, con él, cantando y tocando. Cuando acabé la canción, él dejó la última nota en suspensión, como aún sin acabar, hasta que le toqué un acorde más como final perfecto. Me sonrió, y toqué una escala ascendente para desentumecer mis dedos. Cogió él entonces su guitarra y comenzó a tocar las notas de una canción que conocía demasiado bien, "Knockin on Heavens Door".
-Es mi canción favorita- dije entre los acordes. ¿Cómo lo habría adivinado? Lo seguí inmediatamente con el piano, incluso me atreví a cantar varias estrofas. Su voz era rasgada, más aguda que cuando hablaba, y tenía un toque de dulzura a la vez que de misterio. Contrastaba con la mía, poco trabajada, y mezzosoprano, que desafinaba más veces de las que afinaba. Harry no dejaba de sonreír, y cuando acabamos tocamos otra, y otra, y otra más, hasta que sus dedos estaban en carne viva y los míos planos de tanto pulsar las teclas del piano.
-Ha sido la mejor sesión de música de mi vida. Tocas genial- me sonrojé ante estas palabras, y le devolví el cumplido.
-Podemos repetir cuando quieras-dije, dejando de lado a mi dignidad.
-¿Mañana?-rió. Recogió su guitarra y sus partituras, y yo hice lo propio. Después, abrió la puerta y se dispuso a salir, pero se lo pensó mejor.
-Las damas primero- me tendió una mano, y me ayudó a salir, como su fuera una jovencita en apuros del siglo XVIII. Esta vez reí yo, pero mi felicidad fue interrumpida por un anuncio en la megafonía: "Buenas tardes. Debido a un problema en las cocinas tendremos que cenar una hora antes, lo que significa que vengáis ya al comedor. Gracias" Genial, la cena a las 5. Ya era demasiado pronto a las 6, como para que ahora fuera antes todavía. Me despedí con pesar de Harry, porque había quedado con Leon para cenar, prometiéndole que nos veríamos pronto...

Habíamos llegado ya a los jardines de la Universidad y me quedé maravillada: eran una vastísima extensión de hierba, llena de gente estudiando, a la sombra de los árboles, paseando o jugando al frisbee. Me giré al acabar de contar todo y vi a Selene demasiado ensimismada, por lo que tuve que llevarla hasta la sombra de un haya y reanimarla allí. Dos segundos más tarde reaccionó, gritándome algo en que contenía las palabras "Harry" "no" y "creer", hasta que la calmé, riendo.
-Tenemos un problema. Mañana es el baile, y ninguna de las dos tiene pareja- me dijo, triste.
-Selene, eres tonta. Si Gus no te lo ha pedido es porque tienes que pedírselo tú. Anda, ve ahora y habla con él- dije, al verlo de espaldas jugando al rugby con alguien que no conseguía identificar. Selene se puso roja al instante, pero después volvió su cara hacia mí, triunfante.
-Y tú ¿qué? ¿Leon, Harry?- no me había parado a pensarlo, y sus palabras me sentaron como una ducha de agua fría. Obviamente, Harry iría con su nueva "novia", y yo debería pedírselo a Leon...
-Ahora que lo pienso, Selene, el amigo de Gus, ¿quién es? No veo con las lentillas...-entorné los ojos y distinguí el cabello rubio de Leon, pero no dije nada, quería darle un poco de juego a Selene.
Como siempre, me empezó a gritar que si ella iba, yo también, con lo que yo me levanté, dejándola con la palabra en la boca, y me dirigí hacia los chicos.
Al verme llegar, pararon la pelota en el aire, y Gus se acercó para saludarme. Leon se aproximó más lentamente, y juraría que había querido darme un abrazo, pero se contuvo. Vi a Gus sonreír, y me giré para ver a Selene corriendo detrás de mí. Cuando llegó, se bloqueó y las palabras no le salían.
-Eh, Selene-dije-. ¿Tienes algo que decirle a Gus?- todos nos reímos, menos ella, que se puso roja- Vale, vale, ya os dejamos-le hice un gesto a Leon y nos fuimos para otro lado, pero pude ver por el rabillo del ojo como Gus sonreía de oreja a oreja y pronunciaba un claro sí, abrazando a Selene.
-¿Y bien?- preguntó Leon, de repente. Lo miré, perdiéndome en sus ojos café. No lo dudé un segundo, sosteniéndole la mirada, decidí hacerlo gracioso. Al fin y al cabo, quería distender la tensión entre nosotros.
-Leon Wessel, ¿sería usted tan amable de acompañarme al baile de mañana por la noche?- dije, observando con gracia cómo su expresión cambiaba de la incredulidad a la felicidad.
-Será un placer, señorita Fernández- respondió, cogiéndome del brazo y llevándome de nuevo hacia Selene y Gus.
Un par de horas después, Selene y yo dejamos a los chicos jugando de nuevo para ir a comer: ya nos habíamos acostumbrado al nuevo horario. Nos despedimos hasta más tarde. Sin embargo, Leon se acercó a mí, nervioso, y me quedé estupefacta al recibir un tímido beso de sus labios en mi mejilla. Después, sentí como Selene tiraba de mí, oía sus palabras pero no las escuchaba, y juntas, hicimos el camino de vuelta al campus, aunque yo estaba en otro lugar.

-Elisa

Capítulo 4: Encuentro en la biblioteca


El sol estaba en lo alto del mientras caminaba por el césped del campus, en mi camino al Rachel Tricket Building, donde Leon se alojaba. Había quedado con él a las doce para que me enseñara unos libros antiguos maravillosos que se había traído consigo desde Alemania. El día anterior, durante la cena, habíamos descubierto la pasión de ambos por los libros, antiguos y recientes, cualquier documento escrito nos valía. 
Hacía muchísimo calor. Llevaba puesto unos pantalones cortos granates y una camiseta blanca con el eslogan "I LOVE NEW YORK", unas vans blancas y el pelo recogido en una coleta alta. A lo lejos, vislumbré la cabellera negra de Aitana, cerca de la puerta principal del Rachel Tricket, por lo que tomé el camino largo para ir por la puerta trasera. Pero una voz me detuvo antes de que pudiera cambiar el rumbo.
-¡Elisa! Eh, ¡Elisa!-me di la vuelta, cuestionándome quién sería. Los ojos de Paul me sonrieron al instante, y me hizo un gesto para que fuera hacia él. Me aproximé, devolviéndole la sonrisa, y le di los buenos días-Perfecto. Justo la chica a la que estaba buscando. Tengo que darte una noticia... Te va a encantar.
Lo miré inquisitivamente, con una mirada seria, antes de echarme a reír. Paul me cogió de las manos y me acercó a él, como para decirme un secreto.
-Hemos abierto la biblioteca esta mañana, hace una hora. Los de la restauración vinieron antes, por lo que todo está hecho. Ya puedes disfrutar de ella. Pero que no se corra la voz, no queremos que todos se enteren.
Al momento me encontré dando saltos de alegría. Tendría más libros para leer, perfecto. Le di las gracias a Paul, hasta lo abracé con fuerza, y me giré para ir a la Howard Piper Library cuando recordé que tenía que ir con Leon. Por suerte, todo estaba de mi parte. Un mensaje sonó casi cuando sacaba el móvil. "Elisa, lo siento, no puedo quedar ahora. Tengo que ir a la ciudad a por unas cosas para las clases. Perdóname, ¿nos vemos a las 13:15 en el comedor? Leon". Sonreí, le contesté que perfecto, y me fui a la biblioteca más feliz que un niño pequeño con una piruleta.
 ***
Las estanterías estaban perfectamente alineadas y los libros que reposaban en ellas no tenían una mota de polvo. Estaba en mi paraíso. Al minuto de entrar, localicé los clásicos y cogí un volumen antiguo cuya portada rezaba "Anna Karénina", y me dispuse a rememorar los pasajes que más me gustaban.
Diez minutos más tarde, me levanté, dejé el libro de Lev Tólstoi en su estantería, y me dirigí a las novelas más nuevas, buscando uno de mis ejemplares favoritos, "El Nombre del Viento", de Patrick Rothfuss. Antes, comprobé en el catálogo que lo tenían y, para mi suerte, había dos, e indicaba la referencia del libro para buscarlo.
Cuando llegué a la estantería E1, donde se suponía que tenía que estar, visualicé a lo lejos toda la colección de Harry Potter, todos repetidos varias veces y en varios idiomas, y sonreí. Mientras tuvieran Harry Potter, todo iría bien. Vi uno de los ejemplares en una de las estanterías más altas, y me estiré para cogerlo, aunque noté que faltaba otro. "Alguien lo habrá cogido", pensé, mientras abría el libro por la primera página y comenzaba a devorar las líneas de "Un silencio triple", el prólogo. Pero me parecía extraño, la biblioteca llevaba tan poco tiempo abierta...
-¿Está bien? El libro, quiero decir- una voz me sacó de mi ensueño, aunque fuera por la tercera línea. Alcé la cabeza y sentí como mi corazón se aceleraba ante la visión- El nombre del viento, me refiero. Pareces haberlo leído.
Harry me sonreía a pocos metros, con una sonrisa que mataba y hacía que me derritiera como si estuviera hecha de hielo. Sus ojos verdes me miraban inquisitivamente y sus hoyuelos hacían que me olvidase de todo. Pero tenía que hablar, no quería quedar como una tonta. Sacudí la cabeza y reuní todo el coraje del que fui capaz.
-Sí, varias veces, es mi libro favorito-dije casi sin aliento.
-Perfecto- respondió él, sin dejar de sonreír. Se sentó a mi lado, y ambos leímos el prólogo del libro sin interrupciones. Pero cuando acabé de leer la última frase, "el silencio de un hombre que espera a la muerte", vi a Harry mirándome, y cerré el libro con suavidad.
-¿Cómo te llamas?-me preguntó.
-Elisa, Elisa Fernández.
-Encantado, yo soy Harry. Déjame adivinar... ¿Argentina?
Sonreí y negué con la cabeza. Él siguió intentándolo.
-¿Chile? ¿Paraguay? ¿México? Tienes acento americano. Es imposible saber de dónde vienes- replicó riendo.
-España- contesté, aliviada de que su risa hubiera relajado la tensión entre nosotros. No me lo podía creer, pero intenté no aparentarlo.
-¿España? Adoro España- siguió riendo, mientras yo me apartaba el pelo de la cara.
Sorprendentemente, la conversación con Harry no fue difícil. Tras explicarle el argumento principal de "El nombre del viento", pasamos a hablar de otros temas. No era para nada el tipo engreído y machista que me había esperado. Compartía mi amor por la literatura, pero cuando me dijo que amaba la música, no daba crédito a mis oídos.
-Toco la guitarra-me dijo-. No podría vivir sin ella. Aparte, también canto, aunque mi voz no es nada especial.
-Ya me gustaría a mí poder cantar. Solo toco el piano y algo de guitarra, pero ya se me habrá olvidado todo, no me he traído nada...
-Eso tiene fácil solución. Hay aulas de música disponibles por todo el campus.
Cierto era, no me había dado cuenta. Pero lo que vino a continuación me dejó descolocada totalmente. Cogió el libro y lo registró a su nombre, sin decir palabra, y lo guardó en su mochila, mientras yo lo miraba un tanto desconcertada.
-Después de comer. Sobre las 3. En la puerta de la biblioteca. Si tienes partituras, tráelas. No llegues tarde-me susurró. Después, dejándome aún más desconcertada que antes, salió de la biblioteca sin hacer ningún ruido.
 ***
Selene no daba crédito a lo que le decía mientras comíamos. Le había contado todo lo de la biblioteca, y lo de Leon, y estaba demasiado estresada como para poder hablar. Fue a replicar, cuando vi una cabeza llena de rizos hacer su aparición por la puerta del comedor y la acallé con un gesto bastante bruto, pero no quería que Harry se enterara.
Al pasar por delante de nosotras, me sonrió ampliamente, y le devolví el gesto, Selene mirando a ambos con la boca abierta. Después, se sentó junto a una chica morena que me sonaba muchísimo... Era la chica con la que había compartido sofá el primer día. Parecían haberse hecho amigos.
Suspiré, y me volví a concentrar en la comida. Selene estaba hablándome de Gus, pero yo no le prestaba atención, solo contaba los minutos para que llegaran las tres de la tarde. Dos minutos más tarde, llegaron Leon y Augustus a sentarse con nosotras, y Leon me pidió disculpas. Las acepté sin replicar y en cuanto acabé de comer, salí del comedor directa a mi habitación, dejando a los tres detrás de mí algo desconcertados.
 ***
Eran las tres y un minuto, y ya me estaba empezando a impacientar. Pero cuando oí unos pasos ligeros detrás de mí y me giré me topé con una sonrisa sincera, un pelo rizado y una guitarra. Harry llevaba una carpeta morada, al igual que yo, de la que sobresalían varias hojas llenas de pentagramas, y se había cambiado de ropa. Llevaba unos pantalones azules cortos y una camiseta gris, con unas deportivas blancas. Me saludó y, sin darme tiempo a responder, me dirigió hacia una de las salas contiguas a la biblioteca, cerrando la puerta tras de sí, y quedándonos a solas en una habitación pequeña, equipada con dos atriles, un piano y un ordenador.

-Elisa



Imágenes de weheartit.com (tenía que poner la última, lo siento, Potterhead aquí presente :)

Capítulo 3: Miradas


-Se ruega a todos los estudiantes que por favor se presenten en la sala de la televisión, sala 101, en diez minutos para la primera reunión informativa. Gracias.
La voz se oyó por todos los pasillos del St. Hugh's College gracias a su moderna megafonía. Selene y yo estábamos de vuelta en la habitación, pensando en nuestras cosas. Recogimos un poco (yo recogí, Selene miró como lo hacía) y nos fuimos hacia la sala.
Al llegar allí, vimos a todo el mundo sentado ya en los sofás, y rojas de vergüenza nos sentamos en uno pequeño rojo, junto a una chica morena de pelo larguísimo. Paul estaba justo en frente de la tele, y nos guió un ojo antes de comenzar a hablar.
-Bien, bien, bienvenidos a todos al St Hugh's College. Esperamos que vuestra estancia aquí sea de lo más agradable, aunque bueno, teniéndome a mí aquí, ¿cómo no lo va a ser?
Todos reímos, y recorrí la sala con mis ojos. Mi mirada se posó en un chico tirado en un sofá, demasiado relajado, sonriente, de pelo rizado y ojos verdes demasiado perfectos. A su lado estaba un chico rubio claramente alemán, y ambos tenían las sonrisas pintadas en los rostros. Recordé con una punzada de dolor que los chicos como él no se enamoraban de chicas como yo. Harry Styles, por mucho que me gustasa, nunca se fijaría en mí. Aparté mi vista de ellos antes de que me pillaran, y me volví a concentrar en Paul.
-Perfecto. Os voy a explicar un par de cosas: lo primero que vamos a hacer será dividiros en las dos modalidades de bachillerato, o de los dos últimos cursos de la formación, que ofrecemos aquí, son ciencias y letras. Por favor, los del primer itinerario, con matemáticas, biología, física, química y demás, poneos aquí en los sillones de la derecha. Los que tengan latín, griego antiguo, historia del arte, y el resto, por favor, a mi izquierda.
Dejé que Selene se fuera con los de ciencias murmurando un "te veo luego" y me quedé sentada con la chica morena en el sofá, quien me sonrió. Con algo de alivio, vi como Harry se quedaba en la izquierda, al igual que su amigo rubio.
-Bien, estamos todos. Ahora, lo que más os interesa a vosotros. Sois 365, como los días del año entero que vais a estar aquí. Cada día, será el día de uno de vosotros, ese día, seréis lo más importante, todo girará en torno a vosotros. Pero no os diremos cuál es vuestro día con antelación, lo diremos en el desayuno del día propio. Mañana comenzaremos con ello, así que ¡mucha suerte a quien le toque!- todos sonreímos ante esta nueva posibilidad, se notaba que todos estábamos deseando saber qué habría que hacer en esos días-. Siguiente aviso. Dentro de dos días tendrá lugar el baile de bienvenida, el cual tendrá la temática de baile de máscaras. Os daremos varias direcciones en la ciudad para que podáis ir a mirar vestidos, trajes, y demás complementos. Y lo más importante, chicas invitan a chicos-hubo un gran revuelo por parte de las chicas, y gritos de júbilo por parte de los chicos. Yo no sabía que pensar. La oportunidad se presentaría, pensé-. Nadie puede saber con quién asistiréis, tiene que ser un completo secreto. Haremos varias actividades para que os conozcáis, empezando en un par de minutos. Pero antes...-un grupo de veinte personas, de entre 30 y 50 años, entraron en la sala-...debéis conocer a vuestros profesores.
Procedió a presentarlos, y solo me quedé con un nombre que me llamó mucho la atención: Matthew Tyler, mi profesor de latín. Como hija de profesora de esta misma materia, ya estaba algo metida en el tema, pero me apasionaba y esperaba de verdad que Matthew fuera buen profesor. Después, todos ellos se sentaron y Paul procedió.
-Bien, ahora, las damas primero. Cada una de las chicas vendréis a esta urna y sacaréis el nombre de un chico, con el que tendréis que pasar el día de hoy y mañana. No lo toméis literalmente, solo para las comidas, el tiempo libre... intentad haceros lo más amigos posible. No es obligatorio, pero sería un buen comienzo.
Miré a mi alrededor, y todo eran chicas entusiasmadas. A mí, la verdad, no me daba más. Así que cuando Paul pidió una chica voluntaria para ser la primera, me levanté enseguida.
-Perfecto, nuestra española. Acércate, Elisa-me dijo con una sonrisa, mientras me habría paso entre la multitud de miradas mirándome. Normalmente no solía ser tan atrevida, pero ¿qué más daba? -Eres de letras, ¿verdad?
Asentí con la cabeza y esbocé la mejor sonrisa que tenía, sin mirar al público. Paul me tendió la urna, y metí mi mano, deseando a la vez sacar y no sacar el nombre de Harry, el rizoso que sin siquiera conocerle me había tocado el nervio sensible.
Saqué un papelito perfectamente doblado en cuadrado, y lo abrí.
-Leon Wessel-Masannek-el nombre me sonaba, pero no conseguía ubicarlo. Cuando el amigo rubio de Harry se levantó de su lado del sillón, mi corazón dio un pequeño vuelco. Era más guapo de lo que había pensado, siempre eclipsado por Harry. Estaba contenta porque no me había tocado Harry, pero aún así me había salido alguien cercano a él. Dios, ¿por qué estaba tan obsesionada? Quítatelo de la cabeza, pensé, mientras Leon se acercaba a mí con una sonrisa en la cara.
Paul nos dijo que podíamos salir fuera si queríamos, a los jardines, y Leon me preguntó que si quería quedarme o prefería tomar el aire. Le respondí lo segundo, y con delicadeza me dirigió a la puerta. Pude captar el ojo de Selene mirándome desde un rincón, rebosante de felicidad, mientras me guiñaba el ojo.
Hacía un sol espléndido, y me encontré a mí misma hablando con Leon de todo lo que se me pasaba por la cabeza. Tenía un acento atractivo, como él, y venía de Múnich, Alemania. Bien, otra razón para que me gustara ese chico. Adoraba a los alemanes.
Poco a poco, entre risas, charlas, y demás, los terrenos del St. Hugh's se fueron llenando de parejas que o bien reían, o estaban sentadas incómodamente la una al lado de la otra. Me lo estaba pasando genial con Leon, y pude olvidarme por un momento de Harry, hasta que lo vi.
Salía por la puerta del college de la mano de la chica que Selene y yo habíamos visto en el comedor. Ella gritaba y él reía. Pude averiguar que ella se llamaba Aitana, por lo que tenía que ser hispanoparlante. Sentí un retortijón en el estómago, pero alguien me tiró a la hierba por detrás, cayéndose encima de mí.
-Ouch, ¡me has hecho daño!
-Perdona, Selene, cielo, tú te has tirado encima de mí.
-Cierto-me dijo entre risas mientras se levantaba. Después, se giró hacia el chico que iba detrás de ella. Rubio oscuro, y de ojos azules que enamoran. La miré inquisitivamente, y ella rió, pasando del español al inglés.
-Elisa, este es Augustus, Gus para los amigos. Gus, esta es mi amiga Elisa.
-Encantada, Augustus-dije, estrechándole la mano.
-Llámame Gus, por favor-me replicó, y pude adivinar que era de algún país angloparlante. Me cayó bien al instante. Después, me giré, y presenté a Leon.
-Selene, Gus, este es Leon. Leon, Selene y Gus.
Se dieron la mano, y nos sentamos los cuatro en la hierba. Congeniamos al instante, Gus era divertidísimo, y pude ver que estaba enamoradísimo de Selene, se le notaba. Pero decidí no decir nada.
Pasaron las horas, hasta que llegaron las doce, tiempo de comer. Los cuatro nos fuimos al comedor, y cogimos las bandejas. Arroz con pollo, uno de mis platos favoritos, estaba en el menú de ese día. No sé cómo, pero me olvidé de Harry totalmente. Solo tenía ojos para Leon.
Aún así, sentí una punzada de dolor cuando lo vi con Aitana, sentados en la mesa de la derecha, comiendo entre beso y beso. Aquello sí que había sido rápido.
Aparté los pensamientos de mi cabeza y me concentré en Leon, cosa que no encontré difícil. ¿Podía ser que estuviera enamorada de dos chicos a la vez, uno de ellos sin siquiera conocerle?

-Elisa


Imagen de weheartit

Capítulo 2: St. Hugh's College


El college en el que estábamos era una pasada. Tenía muchos terrenos y hasta un pequeño bosque al fondo. El comedor era como de película, y echamos un vistazo a un menú que no estaba nada mal. No nos cruzamos con nadie, todo el mundo debía de estar durmiendo, aunque había gente que no había llegado aún. Sin embargo, al llegar a una sala con sofás de colores y una televisión gigante, había un chico joven en la puerta.
-Hola, chicas-nos dijo con una sonrisa en la cara. Era pelirrojo, de ojos negros, y muy alto, rondando los treinta años- Soy Paul Black, uno de los monitores de tiempo libre del college. Sois las primeras en levantarse, así que os enseñaré el sitio. Habláis bien el inglés, ¿verdad?-íbamos a responder, cuando Paul prosiguió con una sonrisa- Qué estupidez, claro que sabéis, sino no estaríais aquí. Bien, ¿con quién tengo el placer de hablar?
Me adelanté, como siempre, Selene era un poco más tímida que yo en cuanto al inglés.
-Me llamo Elisa Fernández, y esta es mi amiga Selene Pérez. Somos españolas.
-Ah, sí, sí, sois las únicas españolas del college. Normalmente tenemos más españoles, pero este año hay muchísimos alemanes. Así que tuvimos que bajar el número. Bueno, chicas, ¿vamos?
Asentimos, y Paul nos llevó por unas escaleras abajo. Había una sala con una mesa de mezclas y sillones, dos futbolines, un billar, y un pequeño bar. Luego nos sacó a los jardines, contándonos la historia del college y de Oxford. La verdad es que era majísimo. Hacia las ocho, nos llevó al comedor.
-Acaba de abrirse el desayuno. Os dejo que comáis tranquilas. Anunciaremos la primera reunión hacia la hora de cenar, así que podéis visitar la ciudad o quedaros aquí. En esta mesa, justo a la entrada, encontraréis planos, el menú, descuentos en ciudad, planificaciones de la semana, del mes... Pondremos de todo. Si tenéis alguna pregunta no dudéis en venir a nuestra oficina.
Antes de que pudiera irse, lo llamé.
-¿Y la biblioteca?
-Ah-dijo con una sonrisa-. Me alegra que te intereses. Aún no está abierta, la pondremos en funcionamiento la semana que viene. Sin embargo en la ciudad tienes varias, aparte de la Bodleiana, donde hay un ejemplar de cada libro impreso en Inglaterra.
-Wow. Eso es genial. Bien, gracias Paul.
Se alejó con una sonrisa, como siempre, y entramos en el comedor. Cogimos las bandejas y hablamos con las cocineras. Nos dijeron que, al ser fin de semana, teníamos desayuno inglés, por lo que había salchichas, judías, huevos, bacon....
Maravilladas, llenamos nuestros platos, y nos sentamos frente a dos calientes tazas de chocolate caliente. Desayunamos, observando a la gente de nuestro alrededor. No había mucha gente levantada a esas horas, pero podíamos ver a todos los asiáticos ya casi terminando. Eran más o menos cincuenta, y luego destacaban un par de chicas seguramente nórdicas, rubias, guapísimas. Suspiré, y oí a Selene bufar. Con chicas así en el college no teníamos ninguna posibilidad con los chicos, pero ¿quién sabe?
Al final de la mesa que estaba más cerca de las ventanas de la derecha había un chico solitario, de pelo rizado y penetrantes ojos verdes, que sorbía ruidosamente su taza de té mientras leía la prensa. Era demasiado perfecto, como un chico de película. Me sorprendí mirándolo cuando Selene me dio un codazo, apuntando con la cabeza a una chica alta que acababa de entrar en el comedor, con claros aires de superioridad. Era altísima, pero quizá fuera porque llevaba tacones, y un vestido demasiado corto que dejaba entrever sus pechos. Tenía el pelo negro como el carbón, liso y largo, y los ojos marrones. Era una chica del montón, pero parecía creerse lo mejor. Miré a Selene, con la ceja levantada, y no pude evitar una risita al ver su cara de qué-narices-hace-esta-aquí. La chica nos miró, con una sonrisa de suficiencia, y tuve que sujetar a Selene antes de que pudiera levantarse.
Con grave decepción, observé como la chica se sentaba demasiado cerca del chico en el que me había fijado antes, y con pena me volví a concentrar en mi chocolate. Ya habría más chicos.
Sin embargo, pude oír como un chico rubio, con un fuerte acento alemán, se le acercaba y se presentaba como Leon Wessel. Después, su voz grave atrajo mi atención, y pude ver como decía con una sonrisa:
-Soy Harry, Harry Styles. Encantado de conocerte, Leon.

                                                  -Elisa


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martes, 26 de marzo de 2013

Capítulo 1: Oxford



El despertador de mi mesilla de noche sonó, como cada mañana, a las seis y media. Alargué mi mano para apagarlo de un manotazo, pero fallé, y tiré mis gafas, que estaban encima del libro que había estado leyendo la noche anterior, Anna Karénina. Con un gruñido, me levanté y pulsé el botón del despertador. Bostecé repetidas veces y entonces miré a mi alrededor. Estaba descolocadísima, no recordaba nada del día anterior. Pero entonces un gritó desde el baño me devolvió a la realidad. Acababamos de llegar a nuestro nuevo colegio, mi amiga Selene y yo. Por suerte, nos habían dejado irnos juntas, ya que al pedir el bachillerato en el extranjero no siempre te daban lo que querías. Pero a ella y a mí, gracias a nuestras notas y a nuestro nivel en idiomas, nos lo habían dado allí, en Oxford. Íbamos a asistir a clase en uno de los colleges de allí, el St. Hugh's, el cual habían habilitado para aceptar a trescientos sesenta y cinco jóvenes de 16 años de todo el mundo, uno por cada día del año. Habíamos tenido una suerte...
-¡ELISA! ¡LEVÁNTATE, VAGA! ¡VAMOS A EXPLORAR LA CIUDAD!- me gritó Selene desde el baño. Muy a mi pesar, me quité los pantalones cortos del pijama, me puse unos de chándal, mis zapatillas de andar por casa, y fui hasta el baño, donde me la encontré ya preparadísima.
-Sele, estás loca. ¿A qué hora te has levantado?
-A las cinco. A mí esto del jet lag no me va bien...
-Selene, hay diferencia de una hora entre España e Inglaterra. Es imposible que tengas jet lag-dije entre risas, abrazándola, sus cabellos morenos haciéndome cosquillas en el cuello. Era más bajita que yo, y siempre me metía con ella por eso, pero nos llevábamos mejor imposible. La había conocido hacía cuatro años, cuando nos pusieron juntas en el instituto, y me había cautivado aquella niña de pelo moreno y ojos verdes que cambiaban según la luz que no tenía miedo a nada. Estaba demasiado contenta de poder estar allí con ella. Todo era perfecto.
-Ya estuve investigando-dijo ella entre risitas-. Estamos en un ala del college que se llama Main Building, y todas nuestras clases se imparten en el Mary Gray Alley. Somos de las pocas que tenemos habitación doble con baño, y el piano es único en todo el college, excepto por los que hay en la sala de música. La biblioteca es gigante, tiene...
-Espera. ¿Hay biblioteca?-la corté, mis ojos grandes como platos. Adoraba los libros, al igual que ella, pero yo tenía una obsesión mayor. La primera sonrisa del día ya adornaba mi cara, haciendo que pequeñas arruguitas adornaran las esquinas de mis ojos verdes-azules-grises-nadiesabedequécolor. Selene rió.
-Venga, vístete, vaga, y vamos a dar una vuelta.
Me echó del baño gritándome que me pusiera guapa, aunque siempre me lo dice, y sabe que acabo yendo en chándal. Abrí mi armario, toda mi ropa descolocada. La había tirado allí al llegar a nuestra habitación, estaba agotada del viaje, pero me había puesto a leer. Tenía que leer siempre antes de dormir, si no, no coinciliaba el sueño.
Me acabé decidiendo por unos pantalones grises y una camiseta azul de tirantes con un jersey blanco por encima. Me calcé mis vans negras y me dediqué a desenredar mi horrible pelo, que no sabía ni él mismo de qué color era. De pequeña era pelirroja, pero después, hasta los 13 años, tuve el pelo bastante oscuro, y ahora se me estaba aclarando otra vez, tenía mechas rubias y pelirrojas por toda la cabeza. Me hice una trenza de espiga que me caía hasta la cintura y me eché mi colonia favorita, Lovely by Garage, importada desde Canadá. Después le grité a Selene:
-¡Selene, hay que buscar un gimnasio en la ciudad!
-Sí, pesada. Pero vas a ir tú sola, cielo, yo no pienso acompañarte. Además, ya estás perfecta, no tienes un ápice de grasa y eres más fuerte que la mayoría de los tíos. La que debería ir sería yo, pero... sí, demasiada vagancia-añadió entre risas. Era mentira. Verdad, yo hacía muchísimo más deporte que ella, pero Selene era delgada por naturaleza, y todo le quedaba  bien, mientras que yo a veces tenía problemas para encontrar la ropa que me quedara bien por mi altura. Pero ninguna de las dos nos quejábamos, solo nos mofábamos la una de la otra.
-Maquíllate, Elisa, quién sabe qué chicos habrá por Oxford...
-No me apetece...
-Maquíllate, o te maquillo yo.
A regañadientes, me dejé echar un poco de base y rimmel, pero me negué al ver las sombras de mi amiga y el colorete.
-No gracias. No quiero parecer una Barbie.
Ella se encogió de hombros y lo guardó todo en el baño. Su parte de la habitación estaba impoluta, nada fuera de sitio, mientras que la mía era identificable, todo estaba tirado por ahí. Ella cogió su bolso a juego con el vestido rosa que llevaba y sus sandalias marrones, y yo metí algo de dinero en mis zapatillas, el móvil en el bolsillo, y me colgué las llaves de la hebilla del cinturón. Selene soltó un bufido y yo la abracé, abriendo la puerta y cerrándola detrás de nosotras con llave.


sábado, 23 de marzo de 2013

Prólogo y resumen


-¿Por qué? ¿Por qué me haces esto?-dije, conteniendo el aliento al sentirlo detrás de mí, respirando entrecortadamente , su cuerpo completamente pegado al mío.
-Porque eres tú quien me hace querer buscar el límite del cielo, llegar contigo a él y perderme allí para siempre-respondió, girándome hasta que me quedé a milímetros de encajar perfectamente con él...


Elisa y Selene son dos amigas que han conseguido su sueño: ir a estudiar el Bachillerato a Oxford, Inglaterra. Pero allí habrá complicaciones, y no exactamente de estudio... Cierto rubio, de ojos azules, que robará corazones y un rizoso de ojos verdes que en vez de robarlos, los romperá. 
Una historia de amor, de celos, de rupturas, de amistad, y, sobretodo, de luchar por lo que quieres.

-Elisa
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