domingo, 28 de abril de 2013

Capítulo 12: Amigos


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El sol aún no había salido y el cielo estaba oscuro, salpicado de estrellas y una luna llena que brillaba débilmente.
Nos habían dejado quedarnos a dormir allí, en Stonehenge, como parte de la actividad. Hacia las dos de la mañana nos habían dado sacos de dormir y almohadas, y poco a poco todo el mundo cayó en las garras del sueño. Todos, menos yo.
Había dormido como mucho cuarenta minutos, y me había despertado pronto. Decidí salir a ver la salida del sol y me senté entre unas rocas de un prado bastante alejado en el que la línea del horizonte se veía perfecta y estaba orientado al este.
No sabía qué hacer. No había podido hablar con nadie, Selene se había dormido al instante, Gus y Leon habían sucumbido demasiado pronto y Harry era la última persona con la que quería hablar. Ni siquiera sabía dónde había puesto su saco de dormir...
Esperé bastante tiempo hasta que el horizonte comenzó a clarear y la hierba se encendió como si alguien le hubiese prendido fuego. Bajé de las piedras  y me senté entre ella, fijando mis ojos en la línea naranja.
-Pensé que no habría nadie más despierto a estas horas.- una voz suave me sobresaltó por detrás.-Supongo que me equivoqué.
-Katarina-suspiré, relajándome.-Buenos días.
Ella me sonrió y se sentó a mi lado.
-Me encanta ver la salida del sol. Muy poca gente lo hace-dijo. Después, me miró.- Harry me lo ha contado. No tienes que decir nada, si no quieres, pero no te vendría mal sacarlo todo.
Me quedé callada un par de minutos y luego abrí la boca para responder, pero no había pensado la respuesta lo suficiente.
-Te entiendo perfectamente. Estarías loca para no pensar que Harry es, por lo menos, atractivo. Es comprensible que estés confusa, tienes novio pero ayer Harry te besó, y tú no te apartaste.
“Novio”, pensé. Leon y yo no éramos novios, sin embargo... Era como ponerle los cuernos. Le devolví la mirada a Katarina.
-Si de verdad quieres a Leon, Elisa, debes hablar con él. Si Harry es simplemente una mera atracción, déjalo ir. Poco a poco lo conseguirás. Créeme, tengo demasiada experiencia en este tema.
Asentí. Debería hablar cuanto antes con Leon, mejor que se enterara por mí que por otros.
-Gracias-dije, sinceramente.
-No hay que darlas-ella sonrió.
Después, nos quedamos allí, calladas, hasta que el sol salió finalmente y decidimos regresar con el resto.


-Leon.
Nos habían dado la tarde libre al regresar al college, así que recorrí los pasillos y los jardines del St. Hugh’s, deseando no econtrarme con Harry, hasta dar con él. No habíamos venido en el mismo autobús, ya que él se había marchado en el primero con todos los demás y Katarina y yo tuvimos que esperar al siguiente. Él no me había buscado. Algo andaba mal.
Lo encontré sentado en el bosque, entre las ramas caídas de los pinos y los robles, de espaldas al college. Cuando dije su nombre, no se giró inmediatamente, sino que bajó la cabeza.
-Leon-volví a decir, preocupada. No se podía haber enterado. Selene y Gus no se lo habrían dicho, y Harry y Katarina menos. Y estaba segura de que no nos había visto...
Me senté a su lado cautelosamente, y no me apartó. Solo cuando me agaché y lo miré pude ver como lágrimas silenciosas caían por sus mejillas.
-Leon-lo abracé. Él me abrazó aún con más fuerza.-¿Qué pasa?
-Me tengo que ir, Elisa. A Alemania. Una semana solo. Volveré pronto.
-¿Qué dices? ¿De qué estás hablando? ¿Por qué?
Calló un instante y yo me olvidé de todo. No existía Harry, no había pasado nada, no sabía ni quién era Harry. Lo único que importaba era Leon.
-Mi abuela. Se está muriendo y yo... No me despedí de ella antes de venir y quiero... quiero estar con ella. Ella me cuidó a mí cuando mis padres no podían y no parece correcto que yo no...-dijo a duras penas. Tomé aire y sabiendo que me iba a arrepentir de aquello tarde o temprano, le cogí la cara entre mis manos y le besé suavemente. Él me lo devolvió, agarrándome y acercándome más a él.
-Gracias-susurró con los ojos aún cerrados. Yo me mordí el labio para no ponerme a llorar. No le podía decir ahora nada de Harry. Tendría que esperar.
Apoyó su frente contra la mía y respiró profundamente. Después, abrió los ojos y sonrió tristemente.
-Me voy hoy, en el próximo avión a München. Te llamaré. Todos los días. Te lo prometo. Gracias.
-Sabes que estoy aquí para lo que necesites, Leon.
-Lo sé.-se levantó, sacudiéndose las ramas y la hierba de la ropa.-Voy a ir a despedirme del resto.
-Iré contigo-me arrepentí al instante de haber dicho eso. Harry pertenecía al resto.
Lo miré, y nos cogimos de la mano, caminando hacia dentro del college.


-Lo siento, tío-dijo Gus.
-Cuídate-añadió Selene.
Nos encontrábamos todos en el hall del St. Hugh’s, Leon ya con una mochila con sus pertenencias y el abrigo de viaje. Un taxi lo esperaba para llevarlo a Heathrow. Entre abrazos y despedidas, no me había dado cuenta de que Harry había entrado por la puerta de la derecha, la que venía del comedor. Cruzamos una mirada cuando él pasó por delante de mí a abrazar a Leon y a decirle adiós. Que irónico era todo aquello. Por último, cuando se separaron y Leon ya se iba hacia la puerta, corrí hacia él y le di un último beso. Él me abrazó y salió por la puerta a la fría lluvia de Oxford.
Me quedé plantada delante de la puerta sin saber qué hacer. Oí a Gus y a Selene murmurar una excusa y cuando me di la vuelta Katarina se había ido. Solo quedábamos Harry y yo. Lo vi tragar saliva y pasarse la mano por el pelo.
-Tenemos que hablar.
Apreté los labios y asentí, pero me quedé quieta.
-Aquí no-dijo-. Vamos a la capilla.
-¿Estás de coña?-¿la capilla? ¿Desde cuando se iba a hablar de crisis amorosas a una capilla?
-Sí. Nunca hay nadie y nadie molesta. ¿Vienes?
-Si vas a estar borde conmigo, Harry, creo que paso de hablar contigo...
Se acercó a mí y me cogió de la mano. Sorprendentemente, no se la aparté.
-Perdón-alzó la vista y me miró a los ojos- ¿Vienes, Elisa?-añadió con una sonrisa ligera y un poco fingida.
Asentí, pero me deshice de su mano. Caminamos en silencio y entramos en la capilla.
Nunca había estado allí antes. No era religiosa, por lo que no rezaba. Pero era preciosa. Pequeña, pero sobria, y elegante. Las paredes eran rosa claro y estaban llenas de inscripciones, como citas y frases célebres. Los bancos eran de madera cálida y en el altar había un retablo de oro y plata que relucía como si fuera nuevo.
Cerramos la puerta detrás de nosotros y Harry la cerró con pestillo. Yo me senté en la esquina del banco de la primera fila a la derecha y él vaciló un instante antes de sentarse en el de la izquierda. Así quedamos de frente los dos.
-Lo siento.
-No fue tu culpa. Yo no me aparté. Los dos estamos a partes iguales-dije, sin mirarlo.
-Sí, si lo fue. Tenía que haberme resistido, pero no pude. Lo siento-repitió.
Negué con la cabeza, pero él siguió hablando.
-Tú estás con Leon, y yo con Aitana. Y así es como tienen que ser las cosas. No te voy a negar que no me sienta atraído por ti e incluso que me gustes, pero tú por mí no sientes lo mismo, y lo sé.-quise contradecirle, pero no encontré las palabras- Quiero olvidar lo que pasó, todo, pero no puedo. No si tú no me ayudas.
-Es lo mejor para los dos-dije después de vacilar un momento. Lo miré a los ojos esta vez. ¿Cómo iba a poder actuar como si nada hubiera pasado?
-¿Amigos, entonces?-me dijo, tendiéndome una mano.
-Amigos-dije, estrechándosela.
Sonrió, y esta vez, su sonrisa fue de verdad. Se levantó del banco y me dio un beso en la mejilla, lo suficientemente cerca de la boca para que no fuera un beso normal pero aún guardando las distancias. Después, me soltó la mano y salió de la capilla, sin volver la vista atrás.

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-Elisa

domingo, 21 de abril de 2013

Capítulo 11: Intentando resistir tentaciones



Google. Little Haven.


-Suéltame.
-No.
-Harry, suéltame, en serio. Estoy cansada.
-¿Desde cuando alguien se cansa de bailar conmigo?
Sonreímos a la vez y Harry me soltó. Caí rendida en la hierba y me di cuenta de que nos habíamos salido del círculo de las piedras y estábamos a veinte metros del grupo. De verdad que cuando bailaba todo se me iba de las manos.
Harry se tendió a mi lado, pero se levantó al instante.
-¿Qué?-le pregunté asustada, incorporándome rápidamente.
-La hierba está mojada. Se me va a encrespar el pelo- me dijo, demasiado serio.
-Anda, Harry, no me seas...-contesté riendo.
-¡Es verdad!-gritó él, conteniendo la risa.
-No me tomes el pelo- le dije yo, arrancando un puñado de briznas de hierba y tirándoselas a la cara.
-Menuda conversación más estúpida-añadió él de repente. No le contesté y me volví a tumbar. Él me imitó.
-¿Ves aquellas dos estrellas que están en paralelo, justo allí?-me señaló. Miré hacia donde me indicaba y asentí- En mi pueblo natal, Little Haven, siempre que se ven, salimos todos de casa y las contemplamos hasta que sale el sol. Las llamamos “Little Havens”. Mi madre solía sentarse fuera, en nuestro porche, a escribir sus libros bajo la luz de la luna. Siempre escribía lo mejor cuando mejor se apreciaban estas dos estrellas- hizo una breve parada-. Me recuerdan a casa.
No hablamos durante varios minutos, hasta que él volvió a romper el silencio.
-¿Cómo lo aguantas, estar tan lejos de casa? Quiero decir, de Oxford a Gales no hay mucho, pero a España...
-Hablo con mi madre y mi hermano todos los días, y con el resto de la familia cuando puedo. No quería venir para aquí, porque no quería dejar a mi madre sola con mi hermano pequeño después de lo de mi padre... Solo han pasado cinco meses, y mi madre es la que peor lo lleva.
-No tienes que contestar si no quieres, pero ¿qué le pasó a tu padre?-me preguntó girándose. Yo le miré a los ojos y tenía las pupilas tan dilatas que me veía perfectamente reflejada en ellas. Casi daban miedo. Casi.
Tarde en contestar, pero al final lo hice.
-Murió de cáncer. Cáncer de huesos. Osteosarcoma. Lo padecía desde hacía tiempo, pero el año pasado se le complicó y...
No pude acabar. Hacía tanto tiempo que ni hablaba ni pensaba en él que las lágrimas que no habían salido a flote en los últimos meses afloraron de inmediato y me callé, pero no intenté reprimirlas. No serviría de nada.
Harry se irguió y me abrazó. Nos quedamos sentados un buen tiempo, yo llorando y él en silencio, hasta que él se apartó finalmente.
-Sé que lo que voy a hacer está mal, pero tengo que hacerlo.
No tuve tiempo para replicar, en menos de un segundo me tumbó de nuevo en la hierba y se puso encima de mí. Las palabras no me salían de la boca, había dejado de llorar y me fijé en sus ojos, ya casi ni se le veía el verde de su iris porque la pupila lo tapaba todo. Cuando comprendí lo que iba a hacer, me sorprendí a mí misma sin tratar de apartarlo. Debería de haber estado pensando en Leon pero no, lo único que existía en aquel momento era Harry. Me olvidé de todo y cerré los ojos.
Sentí su beso antes de lo previsto y no reaccioné. Dejé que él me besara una y otra vez y que me diera escalofríos cada vez que sus manos tocaban una parte de mi cuerpo que no tapaba mi ropa, como el cuello o la línea que separaba mi camiseta de mis pantalones. Sin darme cuenta le estaba devolviendo el beso y enrosqué mis dedos en sus rizos como tanto había deseado desde el primer día que le había visto.
Comenzó a llover pero nosotros hicimos como si nada, seguimos tirados en el prado ajenos al resto del mundo hasta que un gesto en Harry hizo que me acordara de algo. Me dio un beso justo en un lugar donde Leon solía dármelo y abrí los ojos de par en par. Con una fuerza de la que no tenía constancia me di la vuelta y me situé encima de él, frenándole.
-¿Qué hemos hecho?


La hoguera ya no tenía las llamas vivas de antes y muy poca gente seguía bailando. Había perdido de vista a Leon hacía ya tiempo y estaba sentada junto a una de las piedras del círculo exterior, mirando hacia fuera, y a la noche.
Cerré los ojos hasta que la lluvia me los hizo abrir y pegué un salto.
-¡Dios, Gus! Me has asustado-dije llevándome una mano al corazón, intentando dramatizar. Estaba en frente de mí, arrodillado con las manos sobre los muslos y con el pelo salpicado de gotas de agua. Tenía una sonrisa en los labios y me miraba como nunca antes nadie me había mirado.
-Lo siento-se disculpó-. ¿Podemos hablar?
Asentí y le hice un hueco a mi lado, para que los dos nos refugiáramos debajo de la piedra, que tenía una especie de techo. Me cogió las manos y se acercó a mí.
-Lo siento, Selene, lo siento por todo. Pero la verdad es que me gustas. ¿Qué digo me gustas? Te quiero, Selene, y dudo que antes haya querido a alguien como te quiero a ti. Sé que todo esto va a sonar muy cursi pero no tengo otra manera de decirlo. Llevo queriendo decírtelo todo este tiempo y no he podido y sí, ahora que he escrito un monólogo y me lo he aprendido de memoria te lo estoy diciendo y la verdad no me lo creo ni yo y no sé ni lo que estoy diciendo ni siquiera ahora, puedes hablar tú también y... ¿estoy hablando demasiado rápido?
Me reí. Desde luego que era la mejor declaración de amor que me habían hecho en la vida, y eso que no llevaba pocas. La diferencia era que en esta sí que era amor correspondido. Como veía que yo no contestaba, Gus cogió aire e hizo ademán de seguir con su retahíla, pero yo lo callé con un beso. Fue nada más que eso, un beso ligero en los labios, pero sirvió para desencadenar el siguiente y después el siguiente a ese. Llegó un momento en el que estábamos fuera del techo de la piedra, pero no nos importaba, la lluvia estaba mojada pero a ninguno de los dos pareció afectarnos. No recuerdo a día de hoy un primer beso mejor que aquel. No había presiones, éramos nosotros dos mismos entregados a una causa común. Él me besaba y yo le devolvía el beso, y viceversa. Me acariciaba el pelo mientras tanto y yo a él lo abrazaba por el cuello y hasta llegué a morderlo sin querer, pero los dos reímos y seguimos a lo nuestro. Notaba su cara arder bajo mi presencia y ponía mis manos heladas sobre ella pero él me las apartaba, bajándolas a su cintura, y ahí se quedaron hasta que uno de los dos perdió el equilibrio y los dos caímos al suelo.
Nos tumbamos al lado y él nos estuvimos diciendo cursiladas, como las llamó él posteriormente, hasta que vi la silueta inconfundible de Elisa corriendo hacia nosotros. Me levanté de inmediato y supe al instante que nada iba bien.
Tenía el pelo revuelto y estaba empapada, los ojos rojos y los labios tirantes, las manos en puños y los pies pisando seguros sobre la hierba mojada.
-¿Qué pasa?-grité en español, por si acaso?
-¿Qué qué pasa?-me contestó ella, llegando a mi lado, y tirando de mí para levantarme-. Pasa de todo. Y todo no es nada bueno.

lunes, 8 de abril de 2013

Harry por todas partes


Lo siento, la encontré en weheartit.com y tenía que ponerla. Perdonadme, tenía que hacerlo antes de irme a dormir. :)

Capítulo 10: Stonehenge


-Necesito tiempo, Elisa-me dijo Selene mientras caminábamos alrededor de Stonehenge. Llovía, pero no nos importaba mucho. No era raro que lloviera allí.
-Si yo te doy todo el que tú quieras. No es a mí a quien le tienes que decir eso.
Cerró los ojos y yo estaba segura de que estaba reviviendo todo lo que había pasado el día anterior. Leon y yo nos habíamos marchado de la habitación y los habíamos dejado a los tres solos, dentro. Vimos a Niall salir al poco rato, y después a Gus. No preguntamos nada, pero después yo me enteré de todo.
Selene les había dicho que no sabía lo que iba a hacer, y que no podían estar pendiente de ella todo el rato. Niall le había contestado que cuando supiera qué quería hacer, lo avisara. Gus le dijo que pasara lo que pasase él estaría allí. Los dos le aseguraron que no se rendirían en ningún momento.
Y Selene estaba dividida en dos. 
En ese mismo momento, yo me giré para ver quien venía detrás. Gus, Leon y Harry caminaban a cien metros de distancia por el mismo sendero que rodeaba las piedras. Me volví inmediatamente, pero unos pasos frenéticos justo a mi izquierda me hicieron girarme otra vez.
-Hola, chicas- Katarina Ivanova nos sonreía tímidamente, como pidiendo permiso para quedarse.
-Hola-dijo Selene, adelantándose a mí- ¿Qué tal todo?-le dijo con una sonrisa, nada propia en ella en aquellos momentos.
-Bien, ¿y vosotras?
-Tirando-respondió ella sin borrar la sonrisa.
Continuaron hablando, y yo las oía pero no las escuchaba. Mi mente estaba , por primera vez en semanas, en un sitio que hacía tiempo que no tocaba. Harry.
Lo oía hablar por detrás de mí con Leon y Gus, y no acertaba a escuchar sobre qué hablaban, hasta que oí mi nombre gritado por los labios de Leon. Me giré, y esbocé una sonrisa bastante falsa, me paré en el camino y los esperé.
-Estábamos hablando del partido de fútbol de ayer, el Barça-Madrid que echaron- me dijo Gus-. Esperábamos que nos ayudases.
-¿Ayudar a qué?-respondí, riendo.
-A decidir qué equipo es mejor, si el Madrid o el Barcelona- me eché a reír de verdad por primera vez en días.
-No puedo responder a eso, sería imparcial.
-¿Por qué?-preguntó Harry, interesado. Su voz parecía cansada, aún más que de normal.
-Soy del Barça desde que tengo uso de razón, chicos. No podría decir que el Madrid es mejor ni aunque lo fuera.
Todos se echaron las manos a la cabeza, y reímos aún más. Harry sacó su móvil, donde tenía grabadas varias jugadas, y las estuvimos repasando, discutiendo si aquello había sido fuera de juego, si la tarjeta amarilla era justa o no...
El tiempo se pasó volando, y en lo que parecieron minutos el sol se empezó a esconder bajo los prados lejanos. Me olvidé de todo y por un momento intenté convencerme de que Harry era eso, simplemente un amigo. Y lo conseguí.
O al menos por el momento.
 Paul nos llamó a todos y nos juntamos Selene, Katarina, Gus, Harry, Leon y yo alrededor de Stonehenge, de las piedras. Nos dejaron cruzar las medidas de seguridad porque íbamos a hacer una actividad "escolar". Nos sentamos en un círculo todos los estudiantes que habíamos ido aquel día, 121, un tercio del total. Afortunadamente, a Aitana no le había tocado ir con nosotros, sino al día siguiente.
Paul y otra monitora, Esther, nos contaron la historia de Stonehenge: cómo un día se habían encontrado las piedras y cómo hasta día de hoy no se sabía su utilidad: si eran piedras funerarias,  un círculo de ritos religiosos...
Al caer el sol, encendieron una hoguera en el centro de las piedras, y nos dejaron investigar todo lo que había a su alrededor, teniendo cuidado con el fuego. Después, nos volvieron a llamar y Paul nos hizo callar a todos:
-Ahora, vamos a hacer la última actividad. Las estrellas ya han salido y hoy se ve la luna, hay un día bastante claro y ha dejado de llover. Vamos a hacer uno de los rituales que se cree que se pudieron haber hecho aquí mismo, en este lugar en el que hoy nos encontramos todos. Necesitáis un compañero.
-Yo ya lo tengo-dijo Leon, abrazándome por detrás y dándome un beso justo debajo de la oreja. Me estremecí, aunque no hacía frío, pero le devolví el beso en los labios. Lo sentí sonreír.
Miré dubitativa hacia Selene, quien agachaba la cabeza. Parecía estar reuniendo valor para hacer algo, pero Gus se le acercó lentamente y le susurró algo al oído. Ella se puso roja, pero sonrió, y le cogió de la mano. Vi también como Harry, al no estar Aitana allí, le pedía a Katarina que fuera su compañera, la cual aceptó encantada.
Entre murmullos y risas las parejas se fueron haciendo hasta que solo quedó una persona sin pareja, la número 121. Era una chica pálida de pelo negro que no había visto hasta entonces. La llamaron al centro y después se la llevaron, como si todo fuera un secreto.
-Bien, veo que estáis todos. El ritual consiste en bailar una danza alrededor de la hoguera con la persona que... ejem, la persona que amas-. Todos reímos, y yo miré a Leon. El fuego se reflejaba en sus ojos y en su pelo, y los hacía aún más dorados de lo que eran. Le di un beso corto, él cerró los ojos y me agarró más fuerte. A nuestro lado, Selene y Gus estaban uno al lado del otro, en un silencio incómodo hasta para ellos mismos. Harry y Katarina se reían.- La danza es demasiado complicada, así que hemos decidido que simplemente pondremos la música que nos salga y ¡a bailar! Incluso puede que las mejores parejas se lleven un regalo- añadió guiñándonos un ojo.
Comenzó la música, y no me extrañó nada que empezaran por una canción como Bed of Roses, de Bon Jovi. 

La mayoría de las parejas bailaban como si estuvieran en una discoteca, pero unos pocos, como Leon y yo, bailábamos agarrados, al son de la música. Me olvidé de todo y no sé cuanto tiempo estuve perdida allí, en él. Hasta que a alguien se le ocurrió la brillante idea de gritar: ¡Cambio de pareja! en medio del alboroto. Hubo un revuelo general y alguien me quitó a Leon. Lo seguí con la mirada y me relajé al ver a Selene con él. Sonreí para mis adentros, no solía ser celosa, pero...
Dos segundos más tarde tenía a dos chicos a mi lado, pero un tercero se acercó por detrás, agarrándome fuerte y sacándome del barullo. No me giré para ver quién era hasta que él me dio la vuelta y puso sus manos en mi cintura, acercándome más a él, hasta que la música volvió a sonar.

Google imágenes
-Elisa

sábado, 6 de abril de 2013

Capítulo 9: El paraíso al descubierto


Hacía ya una semana que Selene había salido del hospital, y todo parecía marchar sobre ruedas. Leon y yo no estábamos juntos, pero actuábamos como si sí lo estuvieramos. Selene y Gus aun no habían llegado a nada, pero parecía que estaban trabajando en ello.
Harry no había vuelto a hablarme en condiciones desde que nos fuimos de Londres. Habíamos intercambiado un saludo aquella mañana, pero nada más. Lo veía siempre con Aitana dando vueltas por el colegio, pero no hablaban, no reían, parecían no respirar el mismo aire. Su amiga, Katarina, a veces estaba y otras no, y me ponía nerviosa cada vez que me la encontraba sola.
Caminaba sin rumbo fijo por la ciudad, sola. Me paré en High Street, en una tienda en la que nunca antes había reparado. Tenía una puerta pequeña, pero por dentro parecía gigante. Estaba llena de tarros de golosinas, tabletas de chocolate, y cualquier tipo de dulce que pudieras imaginar. Entré, con los ojos abiertos y una sonrisa en la cara, haciendo sonar la campanilla.
 (Google)

Esperaba encontrármela desierta, pero no era así. Una cabellera rubia y un par de muletas me daban la espalda mientras miraban una estantería llena de huevos de crema y chocolate. Me sorprendió tanto que aparté mi vista de los deliciosos productos y me centré en él.
Era mucho más alto de lo que me había parecido en el hospital, pero las muletas lo empequeñecían. El cabello le había cogido más color y era mucho más rubio y fuerte que antes, pero por debajo del abrigo negro que llevaba aún podía ver el pijama azul del hospital.
Niall sonreía para sí mismo y, aunque no le veía la cara, estaba segura de ello.
-Niall.
Se giró, atónito.
-¡Elisa! ¿Qué haces aquí?- me preguntó.
-Puedes decirlo, Niall. No intentes ocultarlo- reí ante su cara de desconcierto. Después, poco a poco, una sonrisa se apoderó de su cara y me contestó.
-Cierto, no puedo hacerlo. ¿Y Selene...?
-Está en el campus, con...-decidí callarme el nombre de Gus, pues se habían quedado a "hacer deberes" en la "Biblioteca". Sabe Dios dónde estarían entonces...- con Katarina, nuestra amiga. La pregunta es, ¿qué haces tú aquí?
-Me dieron el fin de semana libre para venir con mi familia...
Le corté antes de que pudiera terminar.
-Espera, ¿vives aquí? ¿En Oxford?- lo miré incrédula. Él me devolvió la mirada con un "¿No lo sabías?" implícito en ella.
Me eché a reír, cogí un par de cosas de la tienda, y dos regalices gigantes, y pagué, sacando a Niall de aquel nuevo paraíso que había encontrado. Ya habría más tiempo de volver.
-Y bien, cuéntame. Y sí, después te llevaré a ver a Selene- añadí al ver su silenciosa petición. Él rió.
-Pues... yo siempre viví aquí, en Oxford, hasta que... ya sabes...-el cáncer. El puñetero cáncer. Asentí, y él continuó- Nos tuvimos que mudar a Londres, mis padres apenas podían pagar el apartamento en Westminster, pero un golpe de suerte nos ayudó. Sé que suena estúpido pero... ganamos bastante dinero en la lotería, y mis padres pudieron pagarlo todo, aparte de una mejora en mi tratamiento. Así que cuando empezó todo a ir mejor, ellos volvieron a vivir aquí. Pero hace un mes me volví a sentir mal, así que ingresé de nuevo. Y ahí se unen nuestras historias.
Sin darme cuenta y hablando con Niall, había llegado a los jardines de la Universidad, como siempre. Adoraba aquel sitio. Lo tenía todo. Nos sentamos en un banco al sol de últimos de verano y él me contó toda su historia, y yo a él la mía. Me caía bien aquel chico, pero no quería pensar lo que pasaría entre él y Selene, y añadiendo a Gus para hacer un triángulo. Me distraje de la conversación cuando oí unos acordes familiares de guitarra cerca. Me giré y vi a un chico de espaldas, sentado en la hierba, con los rizos negros despeinados, tocando el instrumento, mi canción favorita. No cantaba, pero yo recordaba la melodía de su voz de aquel día en la sala de música...
Y una voz chillona, con un fuerte acento, interrumpió mi ensueño. Aitana, sacudiéndose la melena y limpiándose de hierba la chaqueta azul cielo que llevaba, le gritaba a Harry cosas que ni él mismo parecía comprender. Discutían, pero yo parecía ausente de todo, Niall me seguía hablando y él también parecía ajeno a todo. Hasta que se giró, y los vio enzarzados en una pelea. Vio también mi expresión. Me agarró del brazo y me arrastró hasta las puertas del colegio, las cuales cruzamos corriendo hacia el Main Building.


-¡Elisa!- gritó alguien por detrás de mí, mientras corría. No paré, pero me giré para ver a Leon en la puerta de su edificio. Frené en seco y di marcha atrás hacia él, gritándole cosas ininteligibles- Eh, eh, ¿qué pasa?
Nada, no pasa nada, intentaba decirle. En cambio, solo pude coger grandes bocanadas de aire y reír incontrolablemente. Niall se acercaba por detrás a grandes zancadas.
-¿Qué pasa?-me preguntó.
-Nada-conseguí articular. No quería decirle nada de Harry y Aitana, obviamente. Él me cogió en brazos ante mis protestas y, con ayuda de Niall, me subieron a la habitación que compartía con Selene.
No tenía ni idea de lo que acababa de pasar, primero se estaban peleando Harry y Aitana y después Niall y yo estábamos corriendo, y ahora estaba con los ojos cerrados tirada en mi cama, con tres personas que no podía identificar sobre mi cabeza.
-Se ha mareado.
-¡Y vaya mareo!
Oía sus voces pero no las asociaba. Quería abrir los ojos pero no podía. Levanté una mano...
Alguien me la cogió, entrelazando sus dedos con los míos. Despegué mis párpados lentamente, y me sentí mucho mejor, como si todo hubiera pasado. Los recuerdos que tenía estaban intactos y no me sentía para nada descolocada. No entendía nada.
-Elisa. Qué susto me has dado, te voy a matar. Primero mi ataque, ¿y ahora tú?
Sonreí. La puerta de la habitación se abrió y Niall entró por ella, uniéndose a Selene, Leon y yo. Le dirigí la sonrisa que ya tenía, pero él no me la devolvió. Posó sus ojos inmediatamente sobre Selene, la cual se quedó sin palabras. Me miró inquisitivamente y yo me encogí de hombros.
Antes de que nadie pudiera articular ni una palabra ni salir del shock, la puerta se volvió a abrir y Selene tiró todo lo que tenía en las manos.
-Mierda-dijo, en español, de modo que solo yo la entendía. Gus observaba desde el umbral, con los ojos sorprendidos de ver a tanta gente dentro. Sus ojos danzaron por la estancia, de mí a Leon y de Leon a Selene. Finalmente, se posaron en Niall, y levantó la mirada, pasándose la mano por el pelo y abriendo la boca para decir algo.

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-Elisa

Capítulo 8: Sonrisas borradas


N/A: Recuerdo que lo que está escrito en negrita está narrado por Selene, y el resto por Elisa :)
El hilo de la bombilla del baño era fascinante. Estaba enroscado en rizos perfectos y... espera, ¿qué narices estaba haciendo? Estaba retrasando el momento de salir ahí fuera y enfrentarme a quién sabe el qué. Tenía un problema y el problema me lo había creado yo misma, o mejor dicho, el problema era yo. Me había montado una película con Harry que no tenía final, pero que debería acabar ya. Respiré hondo, pero me detuve al oír la voz de Harry demasiado cerca de la puerta del baño.
-Paul ha dicho esta mañana, antes de que Leon le rogase que nos dejara venir a verte al hospital-aunque no estaba fuera, sabía perfectamente que Selene se había sonrojado, y no tenía por qué hacerlo. Harry prosiguió-. Nos dijo que las clases empiezan el 1 de septiembre y que dentro de poco nos van a llevar a la primera excursión, Stonehenge- lo noté sonreír incluso a distancia. Pero no sabía lo que pasó a continuación. Alguien gritó un ¡NO, ESPERA! Y acto seguido sentí como la mano que tenía en el pomo de la puerta comenzó a girar hasta oír un clic. La puerta se abrió de par en par y los rizos de Harry me taparon la cara por completo. Mi nariz chocó con la suya, pero me aparté rápidamente, mis mejillas rojas como la sangre. Levanté la vista y lo miré, parecía ligeramente sorprendido e incluso ruborizado, pero no le faltaba la sonrisa. Se la devolví y él murmuró un "perdón", apartándose de la puerta y dejándome salir. Después, cerró la puerta tras de sí y pude oír cómo giraba el pestillo. Respiré un par de veces y pasé la esquina que daba a la habitación.
Estaban de cuadro. Selene y Niall, tirados cada uno en su cama, hablaban sin parar, y Leon y Gus, de pie junto a ellos, atendían, aunque pude ver como Gus rechazaba todas las palabras de Niall. Leon no me había visto aún, así que me aproximé lentamente hacia él, situándome por detrás. Gus me vio, pero reprimió la risa y apartó la mirada, sin decir nada. Acerqué mis labios a su oreja lo más que pude sin ser descubierta y murmuré "Boo".
La reacción de Leon pudo ser lo más gracioso que había visto en mi vida. Dio un brinco seguido de un salto y se giró hacia atrás con una cara de asombro demasiado grande, para encontrarse con la habitación vacía. Me había movido a su otro lado, así que le toqué en el brazo para que se girara.
-¡LO SABÍA!-gritó, abrazándome, mientras respiraba rápidamente del susto y yo reía a más no poder. En ese momento, la enfermera de Selene y Niall entró en la habitación para decirnos que no podíamos estar tantos en la habitación, así que salimos todos al pasillo. Harry salió cinco segundos después, despeinado y jadeando. Iba a decirle algo cuando Leon se me adelantó:
-Parece que acabas de correr la maratón, tío- todos reímos, menos Harry. Me miró preocupado, pero en un segundo sus ojos cambiaron y volvieron a ser los de siempre, que sonreían aunque su boca no lo hacía-. Vamos a fuera ¿os parece bien?
-Preferiría quedarme aquí- dijo Gus-. No quiero que le pase nada a Selene.
-Por Dios, Augustus, no le van a hacer nada, está en un hospital- replicó Leon, y Harry y él rieron. Sin embargo, yo sabía por qué lo decía y hacía, porque no quería que Selene se quedara a solas con Niall. Así que cogí a los otros dos de las mangas y los saqué a rastras del pasillo, emergiendo al exterior, en una calle transitada de Londres con olor a agua y a viento.
-Vamos a dar un paseo-dijo Harry cogiéndome del brazo. Fue entonces cuando me di cuenta de la ropa que me había puesto, definitivamente la más indicada para ir a Londres. El chándal gris que llevaba ponía en letras blancas "University of Harvard" y la sudadera azul era la que me había traído mi hermana de Roma. Mis zapatillas de deporte estaban manchadas de tierra de todas las veces que había salido a correr con ellas y no las había limpiado. El mejor traje para visitar una de las ciudades más grandes de Europa, sí señor.
Harry empezó a caminar demasiado deprisa, así que yo me solté y me quedé atrás con Leon. Caminamos en silencio hasta el borde del río Támesis, y estaba segura al cien por cien de que Leon estaba pensando en lo mismo que yo, en lo que había pasado la noche anterior justo antes de que Selene se desmayara. Nos apoyamos los tres en la barandilla que separaba la calle del río y me permití solo un momento mirar cómo el viento alborotaba el cabello de Harry. Después Leon puso su mano sobre la mía y me vi obligada a apartar la vista. Harry, al ver nuestros gestos, sonrió.
-Os dejo solos. Voy hasta el Big Ben. Cuando acabéis...-le guiñó un ojo a Leon- ...llamad.
Iba a replicar cuando Harry desapareció de mi vista entre la muchedumbre. Me volví para encontrar a Leon en la misma posición, aún sujetando mi mano.
-Elisa...
Lo callé con la mirada, pero pareció darle igual. Siguió hablando como si no hubiera hecho nada.
-Sé que no es el momento más adecuado, pero no me importa. Ayer...- un torrente de recuerdos me invadió y las últimas palabras que recordaba haber cruzado con Leon había sido un "¿me permites este baile?" y después lo último que recuerdo fue haber contenido la respiración, esperando un beso que nunca llegó. Lo miré a los ojos, invitándolo a continuar-... ayer, empezamos algo que nunca terminamos.
Cerré los ojos, esperando sus siguientes palabras. Lo oí respirar junto a mí e inhalé su olor. Pero no habló, solo siguió acercándose más y más, hasta llegar a la misma posición en la que habíamos quedado la noche anterior. Me dediqué a contar los segundos que pasaban hasta que lo sentí sonreír. Abrí los ojos y él me cogió de la cintura, envolviéndome en sus brazos. Justo antes de cerrar los ojos de nuevo y entregarme a su beso, vi una figura en lo alto de las escaleras que bajaban a la explanada justo delante del río, donde estábamos nosotros. Harry estaba impasible mirándonos, y ya nada sonreía. Ni su boca, ni siquiera su mirada. Se había borrado de él.

Cuando Gus había salido por la puerta, justo antes, habíamos cruzado una mirada. Le dirigí una llena de sonrisas y de un "vuelve pronto", pero él solo me devolvió frialdad, ni  siquiera hizo un ademán de volver. ¿Qué estaba pasando?
Tenía la cabeza llena de cosas, y sabía que Niall me estaba hablando pero no lo escuchaba. Hasta que se le ocurrió la brillante idea de tirarme un cojín a la cara.
-¡NIALL!-grité, mientras me encontraba con su risa. Él no contestó.
Me levanté de la cama, rechazando las sensaciones de mareo que me venían como oleadas de calor, y recogí del suelo todo lo que pude: mantas, ropa y papeles de hospital, y se lo tiré con la fuerza que tenía a Niall. Él, riendo aún más, se levantó y me cogió en volandas, y yo pataleando intenté bajarme. Cuando lo hizo, nuestros ojos se encontraron, y a mí ni se me pasó por la cabeza apartarme en ningún minuto, hasta que él me dijo unas palabras que me rompieron en dos:
-Ten cuidado. No quieras que tu novio se ponga aún más celoso de lo que está.

-Elisa


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viernes, 5 de abril de 2013

Capítulo 7: Niall

Nota: De ahora en adelante, lo que esté en negrita, estará narrado por Selene. El resto, con letra normal, por Elisa, como siempre. ¡Espero que os guste!

La luz cegadora me despertó, una luz que solo podía encontrarse en una habitación blanca llena de luz matutina. Sin embargo, me dolían tanto los ojos que ni hice un esfuerzo por abrirlos, simplemente me quedé allí tirada, no sé durante cuanto tiempo. Conté los latidos de mi corazón inconscientemente, y los tenía normalizados. ¿Dónde estaba y por qué no me acordaba de nada del día anterior? Un dolor persistente en la cabeza me atormentaba y me hacía pensar que me había caído golpeándome la cabeza. Pero entonces recordé un fuerte impacto en el pecho y supe que mis ataques volvían a la carga. Joder, pensaba que ya estaban controlados...
Despacio, como siempre tras uno de mis ataques, abrí los ojos, pero los tuve que cerrar al instante, porque la sola visión de un hospital me daba náuseas. No entendía cómo, pues me pasaba la vida allí, pero no lo aguantaba. Lo volví a intentar, y conseguí que mis ojos se adaptaran poco a poco a la luz y a la vista. Me di cuenta entonces de un zumbido en mis oídos, y me pregunté si también me había vuelto sorda. Pero finalizó de repente, y voces en inglés me hicieron girar la cabeza. Una enfermera vestida de azul, y no del reglamentario blanco, estaba inclinada sobre la cama de mi compañero de habitación, murmurando cosas en bajo y sacando una jeringuilla de su bolsillo. Volví a girar la cabeza, no soportaba las inyecciones, ni en mí ni en el resto de personas. Respiré hondo y cerré los ojos hasta que sentí la cara de la enfermera centímetros por encima de la mía. Puse mi mejor sonrisa y abrí los ojos lentamente, como desperezándome.
-Buenos días- me dijo con un acento encantador, aunque no supe localizarlo-. Mi nombre es Martha y seré tu enfermera mientras estés aquí que, con suerte, esperemos que no sea mucho. Ayer ingresaste inconsciente a las once y veintidós de la noche con un fuerte ataque del corazón, pero ya nos han enviado todo tu historial clínico desde España y me complace decirte que  todo está controlado. Si todo va bien, mañana por la noche podrás escoger entre quedarte aquí una noche más o irte ya para casa.
Ensanché mi sonrisa pero no dije nada. Martha me la devolvió y sacó otra jeringuilla del bolsillo, miré hacia otro lado y fijé mis ojos en el ocupante de la cama de al lado mientras sentía el pinchazo en mi antebrazo izquierdo. Era un chico, para mi asombro. Nunca ponían a personas de distinto sexo en habitaciones compartidas, pero me encogí de hombros y no le di importancia. Tenía el pelo parecido al de Leon, el amigo de Elisa, aunque algo más claro... Estaba tumbado boca arriba con los ojos cerrados, por lo que me permití unos segundos de contemplarlo hasta que la enfermera habló de nuevo.
-Nos disculparás por tu compañero, pero estábamos faltos de habitaciones y no tuvimos otra opción. Esperamos que no te importe- abrí la boca para decir que no pero me sentí sin fuerzas, así que negué con la cabeza y sonreí de nuevo-. Perfecto. Has de saber que es un chico con un gran corazón, se llama Niall... Pero tiene un problema muy grave. Tiene cáncer de huesos, osteosarcoma, y no es exactactamente benigno. Pero al menos está controlado, aunque tenga que prácticamente vivir aquí- esbocé mi mayor pesar y logré murmurar unas cuantas palabras sin sentido, aunque Martha no se enteró-. Está bien, te dejo. Tus amigos se quedaron un par de horas contigo, pero se tuvieron que marchar pronto. Sin embargo, te trajeron un par de libros y ropa. En unos minutos volveré con el desayuno, ¿vale?
Logré articular un "sí" y una sonrisa, y Martha se fue de la habitación, dejándome sola con Niall. Me incorporé y miré los libros que me habían traído. Encima de ellos había una nota firmada por Gus y Elisa, diciendo que vendrían en cuanto les fuera posible y que me recuperara pronto. Cogí el primero, pero una tos me sobresaltó, y cayó al suelo, siendo imposible recuperarlo desde la altura de la cama. Me giré y vi a Niall mejor, estaba echado hacia un lado, tosiendo con fuerza, y me miró a los ojos. Los tenía azules, de un azul que nunca había visto. Me sonrió. Yo le devolví la sonrisa, y me volví a tumbar en la cama.
-He oído que tienes ataques de corazón- me esperaba oír su voz, pero me sobresaltó lo dulce que era. También tenía un fuerte acento del norte, pero era bastante comprensible. Reuní todas mis fuerzas y me senté entre las mantas para mirarlo con más atención. Él también estaba sentado, y esperaba mi respuesta.
-Sí, así es. Y una putada, si me preguntas- en ese instante, deseé no haber dicho nada. ¿Qué eran unos débiles ataques al corazón comparados con cáncer? Sin embargo, a él  no pareció afectarle. Rió ruidosamente y después se levantó de la cama con una fuerza que nunca había creído de un paciente de cáncer. El corazón se me aceleró, aunque no supe decir si era por él o por la debilidad de sí mismo. Niall se sentó en mi cama, tendiéndome la mano, diciéndome su nombre. Se la estreché, respondiendo con el mío, y me preguntó por mi enfermedad.
No supe ni por dónde empezar, quizá porque no me acordaba. Pero me encontré a mí misma intentando explicarle mi problema, y él escuchando atentamente. Sabía escuchar. Probablemente porque él padecía algo parecido, así que no fue difícil describirlo todo.
Minutos más tarde estábamos ambos absortos en una conversación animada, y llamaron a la puerta. Los dos giramos la cabeza y Martha entró con dos bandejas.
-Veo que ya os habéis conocido- me fijé en el logotipo de las tazas, St Thomas' Hospital, London. Ahora ya sabía dónde estaba. Martha se acercó a nosotros y nos puso una bandeja a cada uno en la mano, noté que eran ligeramente diferentes, pero no dije nada- Son las ocho de la mañana. Niall, tú ya lo sabes, pero Selene, para que lo sepas, sobre las diez viene el médico a comprobar vitales y después vuelve cada cuatro horas si todo está en orden. Si necesitas algo simplemente tira de la campanilla que está sobre tu cama.
Levanté la vista y una campana de plata estaba a un metro de mi cabeza, colgada del techo, y caía una delgada cadena que se escondía detrás de mi cama. Le di las gracias a Martha y esta se fue, dejándonos a Niall y a mí solos otra vez.
Íbamos a reanudar nuestra conversación mientras desayunábamos cuando dos figuras aparecieron en el umbral de la puerta, y solté un grito de alegría, casi tirando mi café al suelo.


La habitación me pareció demasiado blanca, pero solo tuve ojos para buscar a Selene. Dios, qué preocupada había estado... Corrí a su cama y la abracé, sin darme cuenta de que tenía compañía al otro lado. Comencé a hablar rápidamente en español, asegurándome de que estaba bien, y ella me mandó calmarme, mientras las dos nos contábamos los sucesos de la noche anterior. Sin embargo, me callé al notar al chico que había a su lado y a Gus, que estaban los dos mirándonos con la expresión más graciosa que nunca había visto. Selene abrió los brazos y Gus se lanzó a ellos, hablando en inglés tan rápido que estaba segura de que Selene no le estaba entendiendo nada, pero reí igualmente. Miré al chico rubio que estaba allí con ella y él se levantó.
-Me llamo Niall- me tendió la mano. Se la estreché.
-Elisa, encantada, Niall- contesté.
-Soy el compañero de habitación de tu amiga... Aunque creo que eso ya lo habías notado- de modo que me había visto mirarle... Decidí asentir simplemente, preguntándome cuál sería su motivo de estar hospitalizado. Inmediatamente pensé que me había leído la mente- Tengo cáncer.
Mi estómago se retorció. Conocía demasiado bien el cáncer, mi padre había muerto de ello meses antes... Me disculpé unos instantes y me metí en el baño de la habitación, echándome agua fría por la cabeza y respirando hondo. El cáncer era un tema tabú para mí. Me senté en la taza del váter y cerré los ojos momentáneamente intentando calmarme. Al lado del baño, se abrió la puerta de la habitación, y oí como dos personas entraban, saludando a los presentes. Reconocí la voz de Leon y sonreí, pero al oír a Harry se me borró la sonrisa y tuve que volver a echarme agua, aunque no sirvió de nada. Cerré el grifo y apoyé la mano en el pomo, decidiendo si salir o no.


Imagen, como siempre, de weheartit.com.

Capítulo 6: Baile de Máscaras


Salí chorreando de la ducha y me envolví en la toalla para secarme. Oía de fondo el iPod de Selene, "Give me Love" de Ed Sheeran sonando a todo volumen. Sonreí. Me sequé el cuerpo y el pelo y me puse la ropa interior. Abrí uno de mis armarios y cogí el secador, poniéndolo al máximo para que no tardara demasiado. Después, admiré mi vestido negro que reposaba encima del lavabo. Me lo pasé por la cabeza y me lo ajusté, sin mirarme al espejo. Subí la cremallera y, por fin, dirigí una mirada al cristal que tenía en frente, recogiéndome el pelo en un desordenado moño y sacando el poco maquillaje que había traído. Iba a llevar una máscara, ¿qué más daba si iba maquillada o no?
Me eché lo más básico y sencillo que tenía, no quería parecer una muñeca, pero tampoco quería ir del todo desarreglada. Al acabar, me pinté los labios de rojo y me solté el moño, enchufando la plancha del pelo. Me lo ricé lo mejor que pude y me calcé las sandalias negras que había comprado. Estaba ya con la mano en el pomo de la puerta cuando recordé lo más importante. Desenganché la máscara que había colgado en uno de los armarios y me la puse, atándomela detrás de la cabeza con un lazo perfecto.

Selene aún estaba peleándose con su vestido para abrocharlo. Me reí entre dientes para que no me oyera y me aproximé por detrás, cogiéndola de la cintura y metiendo los botones de la espalda en sus correspondientes ojales. Sentí como toda su espalda se tensaba, pero al mirar hacia atrás y ver que era yo, se relajó. Sin embargo, una gran sonrisa apareció en su cara.
-Estás preciosa. Pero quítate la máscara, al menos de momento- pensé que no era la indicada para decir que yo estaba preciosa. Era ella la que llevaba un vestido rosa despampanante, unos tacones de vértigo y una máscara a juego con todo, la que llevaba el maquillaje justo que la hacía parecer mayor y más segura de sí misma, y era ella la que se llevaría toda la atención, de eso no había duda.


Hice lo que me pedía, me la quité y la ayudé a acabar de prepararse. Cuando las dos estuvimos listas, salimos silenciosamente de la habitación, cerrando la puerta, y dirigiéndonos a los lugares en los que ambas habíamos quedado con nuestras respectivas parejas.  
Crucé uno de los jardines del St. Hugh's y me dirigí hacia el Rachel Tricket Building. Había un chico apoyado sobre la fachada principal, de traje negro y camisa blanca, con una máscara dorada que sacaba a relucir su pelo del mismo color. Tenía la mirada perdida, pero cuando me aproximé, la centró en mí.
-Estás preciosa- Me sonrojé. ¿Qué le pasaba hoy a todo el mundo con el "estás preciosa"? Reí para relajar la tensión y le devolví el cumplido-No, lo digo en serio-me dijo-. No quiero decir que no lo suelas estar, pero hoy estás más preciosa que de costumbre.
Uno más y juraría que habría estallado de la vergüenza. Me cogió de la mano y comenzamos a caminar por el jardín, en dirección a ninguna parte, pues no sabíamos donde iba a ser el baile. Poco a poco, la tensión se relajó y fuimos los de siempre, riendo y charlando, a excepción de nuestras manos entrelazadas como si fueran una sola. A lo lejos, vi un par de parejas ya vestidas, paseando igual que nosotros, y pude distinguir a Paul con otra de las monitoras, vestido de traje con corbata morada. Nos acercamos a él con una sonrisa.
-Hola, Paul-dijimos los dos.
-Hola, personas desconocidas que no sé quienes sois- me guiñó un ojo- aunque por la voz, deduzco que eres Elisa.
-Deduces bien- reí-. Escucha, Paul, no tenemos ni idea de a dónde ir. ¿Nos puedes decir dónde será el baile?
Paul miró a su acompañante y esta asintió, después se volvió a girar para hablar con nosotros.
-Va a ser en el bosque. Y no os puedo decir nada más. Comienza en media hora.
Nos volvió a guiñar el ojo y sin más, se dieron la vuelta y comenzaron a caminar hacia el bosque.

El escenario estaba en la linde del bosque y la música lo llenaba todo. Había mesas con comida y bebida, sillas para descansar y fuentes de agua por todo el jardín principal. Las canciones eran de discoteca, para bailar y no parar, y ahí estábamos los cuatro, Selene, Gus, Leon y yo, bailando hasta no poder más. Nos lo estábamos pasando genial.
Al ritmo de "Party Rock Anthem", Leon se disculpó un momento, y vi como se acercaba a un chico alto, enfundado en un traje negro y pajarita, de pelo rizado y ojos verdes enmarcados por una máscara del mismo color, y mi corazón pareció dar un vuelco cuando lo vi sonreírme. Me estaba debatiendo entre si ir a saludar a Harry o no cuando recordé que habría venido con Aitana, su nueva novia, y que hacía mejor en alejarme. Volví a concentrarme en bailar con Selene y Gus cuando no pude evitar echar la mirada hacia atrás.
No estaba con Aitana. Estaba con esa chica que parecía haberse hecho su amiga, la chica que se había sentado conmigo en el sofá el primer día. Eché todo el aire contenido y despidiéndome de mis amigos me acerqué hasta ellos.
-¿Y a quién tenemos aquí?- preguntó sonriendo. Me reconoció al instante. Me abstuve de contestar, solo le devolví el gesto- Bonita máscara- me sonrojé, y aun más cuando Leon me cogió de la mano. Observé la reacción de Harry por el rabillo del ojo y pude ver como cuestionaba a Leon con la mirada. Leon se la apartó.
-¿No nos vas a presentar a tu amiga?-le preguntó con sorna.
-Por supuesto. Leon, Elisa, esta es Katarina Ivanova- respondió, apartándose el pelo que le caía por encima de los ojos. Los tres nos saludamos mutuamente, dirigiéndonos una sonrisa. Después, Harry murmuró que iban a por bebidas, y que ya nos verían luego.
Leon me volvió a dirigir hacia el centro de la pista con Selene y Gus. Estaban bailando una canción cogidos de las manos, haciendo el tonto y riéndose. Decidimos dejarlos a su aire y nos fuimos hacia un rincón en el que había menos gente, justo cuando una canción más lenta de lo normal comenzaba a sonar. Era Perfect, de Hedley.
-¿Me permite este baile?
Sonreí, y le tendí la mano. Me agarró como una pareja y comenzamos a bailar al son de la canción, en círculos. Estábamos a centímetros el uno del otro, podía contar las pecas de su nariz y cada uno de sus cabellos que se escapaba por encima de la máscara, fundiéndose con ella. "I know that I'm not perfect, but I keep trying", me cogió de la cintura y me echó hacia atrás como quien baila un tango, después me volvió a subir y mi sonrisa se quedó a milímetros de la suya. Algo dentro de mí me decía que aquello estaba mal, que no podía ser, pero el resto la empujaba hacia fuera, diciéndole que se callara. La imagen de Harry danzó ante mis ojos pero la aparté inmediatamente, era Leon de quien estábamos hablando, no iba a dejar que Harry se interpusiera entre nosotros, o mejor, que yo misma lo hiciera. Leon me soltó la mano que me tenía cogida y la juntó con la otra que tenía en mi cintura, abrazándome. Yo hice lo propio y nos quedamos así, abrazados el uno al otro, nuestras narices rozándose y nuestras máscaras obstaculizando el camino. Leon subió una mano por mi espalda y me desató el lazo que llevaba sujetando la máscara en el pelo, la cual cayó al suelo, pero ni me inmuté. Yo le quité la suya subiéndosela hasta que reposó en su pelo y Leon se acercó aún más si aquello era posible, nuestras pestañas se entrelazaban y fue entonces cuando sentí los tambores antes del beso, las bocanadas de aire previas a él. Cerré los ojos, y me dejé llevar por el momento. Estaba siendo despacio, pero eso era lo que yo quería, al fin y al cabo, acababa de conocerlo. Aunque eso daba igual.
Sentí sus labios contra los míos justo cuando un grito masculino hendió el aire e hizo que nos separásemos. Me giré, pisando mi máscara, para ver a Selene tirada en el suelo, con Gus a su lado vistiendo una cara asustadísima. Miré a Leon y echamos los dos a correr hacia ella, arrodillándome yo la primera a su lado. La música dejó de sonar y un corro se formó a nuestro alrededor. Un par de hombres salieron corriendo a buscar a la enfermería, pero me incorporé y grité que llamaran a una ambulancia. Selene tenía problemas de corazón desde pequeña, y ¿qué momento mejor que aquel para tener un ataque cardíaco?


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        -Elisa