El sol aún no había salido y el
cielo estaba oscuro, salpicado de estrellas y una luna llena que brillaba
débilmente.
Nos habían dejado quedarnos a
dormir allí, en Stonehenge, como parte de la actividad. Hacia las dos de la
mañana nos habían dado sacos de dormir y almohadas, y poco a poco todo el mundo
cayó en las garras del sueño. Todos, menos yo.
Había dormido como mucho cuarenta
minutos, y me había despertado pronto. Decidí salir a ver la salida del sol y
me senté entre unas rocas de un prado bastante alejado en el que la línea del horizonte
se veía perfecta y estaba orientado al este.
No sabía qué hacer. No había
podido hablar con nadie, Selene se había dormido al instante, Gus y Leon habían
sucumbido demasiado pronto y Harry era la última persona con la que quería
hablar. Ni siquiera sabía dónde había puesto su saco de dormir...
Esperé bastante tiempo hasta que
el horizonte comenzó a clarear y la hierba se encendió como si alguien le
hubiese prendido fuego. Bajé de las piedras y me senté entre ella, fijando mis ojos en la línea naranja.
-Pensé que no habría nadie más
despierto a estas horas.- una voz suave me sobresaltó por detrás.-Supongo que
me equivoqué.
-Katarina-suspiré,
relajándome.-Buenos días.
Ella me sonrió y se sentó a mi
lado.
-Me encanta ver la salida del
sol. Muy poca gente lo hace-dijo. Después, me miró.- Harry me lo ha contado. No
tienes que decir nada, si no quieres, pero no te vendría mal sacarlo todo.
Me quedé callada un par de
minutos y luego abrí la boca para responder, pero no había pensado la respuesta
lo suficiente.
-Te entiendo perfectamente.
Estarías loca para no pensar que Harry es, por lo menos, atractivo. Es
comprensible que estés confusa, tienes novio pero ayer Harry te besó, y tú no
te apartaste.
“Novio”, pensé. Leon y yo no
éramos novios, sin embargo... Era como ponerle los cuernos. Le devolví la
mirada a Katarina.
-Si de verdad quieres a Leon,
Elisa, debes hablar con él. Si Harry es simplemente una mera atracción, déjalo
ir. Poco a poco lo conseguirás. Créeme, tengo demasiada experiencia en este
tema.
Asentí. Debería hablar cuanto
antes con Leon, mejor que se enterara por mí que por otros.
-Gracias-dije, sinceramente.
-No hay que darlas-ella sonrió.
Después, nos quedamos allí,
calladas, hasta que el sol salió finalmente y decidimos regresar con el resto.
-Leon.
Nos habían dado la tarde libre al
regresar al college, así que recorrí los pasillos y los jardines del St.
Hugh’s, deseando no econtrarme con Harry, hasta dar con él. No habíamos venido
en el mismo autobús, ya que él se había marchado en el primero con todos los
demás y Katarina y yo tuvimos que esperar al siguiente. Él no me había buscado.
Algo andaba mal.
Lo encontré sentado en el bosque,
entre las ramas caídas de los pinos y los robles, de espaldas al college.
Cuando dije su nombre, no se giró inmediatamente, sino que bajó la cabeza.
-Leon-volví a decir, preocupada.
No se podía haber enterado. Selene y Gus no se lo habrían dicho, y Harry y
Katarina menos. Y estaba segura de que no nos había visto...
Me senté a su lado
cautelosamente, y no me apartó. Solo cuando me agaché y lo miré pude ver como
lágrimas silenciosas caían por sus mejillas.
-Leon-lo abracé. Él me abrazó aún
con más fuerza.-¿Qué pasa?
-Me tengo que ir, Elisa. A
Alemania. Una semana solo. Volveré pronto.
-¿Qué dices? ¿De qué estás hablando?
¿Por qué?
Calló un instante y yo me olvidé
de todo. No existía Harry, no había pasado nada, no sabía ni quién era Harry.
Lo único que importaba era Leon.
-Mi abuela. Se está muriendo y
yo... No me despedí de ella antes de venir y quiero... quiero estar con ella.
Ella me cuidó a mí cuando mis padres no podían y no parece correcto que yo
no...-dijo a duras penas. Tomé aire y sabiendo que me iba a arrepentir de
aquello tarde o temprano, le cogí la cara entre mis manos y le besé suavemente.
Él me lo devolvió, agarrándome y acercándome más a él.
-Gracias-susurró con los ojos aún
cerrados. Yo me mordí el labio para no ponerme a llorar. No le podía decir
ahora nada de Harry. Tendría que esperar.
Apoyó su frente contra la mía y
respiró profundamente. Después, abrió los ojos y sonrió tristemente.
-Me voy hoy, en el próximo avión
a München. Te llamaré. Todos los días. Te lo prometo. Gracias.
-Sabes que estoy aquí para lo que
necesites, Leon.
-Lo sé.-se levantó, sacudiéndose
las ramas y la hierba de la ropa.-Voy a ir a despedirme del resto.
-Iré contigo-me arrepentí al
instante de haber dicho eso. Harry pertenecía al resto.
Lo miré, y nos cogimos de la
mano, caminando hacia dentro del college.
-Lo siento, tío-dijo Gus.
-Cuídate-añadió Selene.
Nos encontrábamos todos en el
hall del St. Hugh’s, Leon ya con una mochila con sus pertenencias y el abrigo
de viaje. Un taxi lo esperaba para llevarlo a Heathrow. Entre abrazos y
despedidas, no me había dado cuenta de que Harry había entrado por la puerta de
la derecha, la que venía del comedor. Cruzamos una mirada cuando él pasó por
delante de mí a abrazar a Leon y a decirle adiós. Que irónico era todo aquello.
Por último, cuando se separaron y Leon ya se iba hacia la puerta, corrí hacia
él y le di un último beso. Él me abrazó y salió por la puerta a la fría lluvia
de Oxford.
Me quedé plantada delante de la
puerta sin saber qué hacer. Oí a Gus y a Selene murmurar una excusa y cuando me
di la vuelta Katarina se había ido. Solo quedábamos Harry y yo. Lo vi tragar
saliva y pasarse la mano por el pelo.
-Tenemos que hablar.
Apreté los labios y asentí, pero
me quedé quieta.
-Aquí no-dijo-. Vamos a la
capilla.
-¿Estás de coña?-¿la capilla?
¿Desde cuando se iba a hablar de crisis amorosas a una capilla?
-Sí. Nunca hay nadie y nadie
molesta. ¿Vienes?
-Si vas a estar borde conmigo,
Harry, creo que paso de hablar contigo...
Se acercó a mí y me cogió de la
mano. Sorprendentemente, no se la aparté.
-Perdón-alzó la vista y me miró a
los ojos- ¿Vienes, Elisa?-añadió con una sonrisa ligera y un poco fingida.
Asentí, pero me deshice de su
mano. Caminamos en silencio y entramos en la capilla.
Nunca había estado allí antes. No
era religiosa, por lo que no rezaba. Pero era preciosa. Pequeña, pero sobria, y
elegante. Las paredes eran rosa claro y estaban llenas de inscripciones, como
citas y frases célebres. Los bancos eran de madera cálida y en el altar había
un retablo de oro y plata que relucía como si fuera nuevo.
Cerramos la puerta detrás de
nosotros y Harry la cerró con pestillo. Yo me senté en la esquina del banco de
la primera fila a la derecha y él vaciló un instante antes de sentarse en el de
la izquierda. Así quedamos de frente los dos.
-Lo siento.
-No fue tu culpa. Yo no me aparté.
Los dos estamos a partes iguales-dije, sin mirarlo.
-Sí, si lo fue. Tenía que haberme
resistido, pero no pude. Lo siento-repitió.
Negué con la cabeza, pero él
siguió hablando.
-Tú estás con Leon, y yo con
Aitana. Y así es como tienen que ser las cosas. No te voy a negar que no me
sienta atraído por ti e incluso que me gustes, pero tú por mí no sientes lo
mismo, y lo sé.-quise contradecirle, pero no encontré las palabras- Quiero
olvidar lo que pasó, todo, pero no puedo. No si tú no me ayudas.
-Es lo mejor para los dos-dije después
de vacilar un momento. Lo miré a los ojos esta vez. ¿Cómo iba a poder actuar
como si nada hubiera pasado?
-¿Amigos, entonces?-me dijo,
tendiéndome una mano.
-Amigos-dije, estrechándosela.
Sonrió, y esta vez, su sonrisa
fue de verdad. Se levantó del banco y me dio un beso en la mejilla, lo
suficientemente cerca de la boca para que no fuera un beso normal pero aún
guardando las distancias. Después, me soltó la mano y salió de la capilla, sin
volver la vista atrás.
-Elisa












