jueves, 18 de julio de 2013

Capítulo 17: Rendición


 

Camden Market era increíble, aquella mezcla de absolutamente todo: culturas, olores, colores, personas, sonidos, músicas... Era algo perfecto para olvidarse por un momento que las clases acaban de empezar, que habría que ponerse a estudiar pronto, y que aún quedaba otro año por delante. Estábamos solas, Selene y yo, mirando una joyería, cuando lo vi. Era el colgante más bonito que había visto en mi vida. Tenía la cadena dorada y de él colgaba un prisma azul transparente que cada vez que lo atravesaba el sol salía un precioso arco iris. Se lo señalé a Selene, y ambas nos acercamos a mirar, pero nos apartamos inmediatamente al ver que valía casi cien libras. Decidimos entrar en un par de tiendas más, entre ellas la famosa “Cyberdog” y después nos reunimos con el grupo.
Los bancos que había en una calle donde había sitios para comer estaban delicadamente decorados con filigranas de hierro, y ahí decidimos sentarnos a comer una pizza. Harry, Katarina, Selene y yo compartíamos una gigante de queso, jamón, champiñones y bacon, y Aitana y Gus otra más pequeña de queso, tomate y orégano.
-Edzta-dijo Harry de repente-ez da mejod pizza que he pdobado en mi vida.
-Y tú eres el gilipollas más estúpido que he visto en la mía, Harry. Cierra la boca, ¿quieres?-replicó Gus fingiendo enfado. Harry le dedicó una mirada de reproche y Selene les pegó suavemente a ambos en la espalda.
-Parecéis niños. ¿Es que no habéis escuchado nada de lo que hemos estado hablando?
-No-contestaron a la vez los dos chicos.
No nos dio tiempo a responder a ninguna. Katarina se levantó lentamente de su sitio y le susurró algo a Selene, la cual comenzó a mirar frenéticamente a los lados, hasta que su mirada se posó en un chico de pelo corto, rubio, y ojos azules que se veían a distancia.
-¿Niall?-murmuré con incredulidad. Cojeaba de una pierna, pero no parecía herido más allá de aquello. Se acercaba a nosotros sonriente, pero antes de que pudiera llegar, Selene se levantó corriendo y lo abrazó. Oí lejanamente cómo él le preguntaba por sus ataques y ella le contestaba que todo controlado, pero no podía hacer nada más que intentar buscar alguna manera de relajar la tensión que veía acumulándose en las mandíbulas de Gus.
-Gus. Gus, Augustus. Tío, para. Simplemente son amigos, ¿vale? ¿Lo has olvidado? Ella te escogió a ti.- le dijo Harry intentando calmarlo. Vi que Katarina iba a hablar cuando Gus se levantó y, sin decir ni una palabra, se encaminó hacía Niall y Selene. Esta se giró, con miedo en los ojos, pero yo me relajé al ver que simplemente Gus le estrechaba la mano a Niall y le preguntaba por su salud. Raro.
-Demasiado raro-murmuró Aitana como si me estuviera leyendo la mente.
Asentí con la cabeza y me volví a centrar en aquellos tres. Entonces pareció obvio. Vi cómo Gus le pasaba un brazo por los hombros a Selene y quedó claro que había ido allí a dejarle claro que Selene era suya, y no de Niall. Pero Niall no pareció afectado. Es más, los felicitó y pareció alegrarse por ellos. Después de todo, él y Selene no habían tenido nada. Se acercaron los tres y me levanté para saludarlo.
-Estás tan guapa como siempre, Elisa-le sonreí, y le iba a devolver el cumplido cuando me hizo una pregunta- ¿Y Leon?

Mierda, Niall acababa de meter el dedo en la herida. Preguntándole a Elisa por Leon... Iba a llevármelo a otra parte para explicárselo, pero al imaginar la mirada de Gus, me lo pensé dos veces. Sin embargo, Elisa lo terminó por mí.
-¿Leon? Digamos que... ya no estamos juntos... Acuerdo mutuo.
-Vaya...-dijo Niall-Lo siento.
-No lo sientas-replicó Harry- es mejor así. ¿Verdad, Elisa?
Vi cómo mi amiga se ruborizaba, pero me quedó claro desde el principio que no era por el comentario de Harry. Elisa tenía la mirada fija en otra parte, concretamente en un chico rubio que se aproximaba por el otro lado. Aquel sí que no era el momento indicado para Leon a decidirse a hablar con mi amiga. Así que me levanté de estar entre Niall y Gus y me acerqué a Leon, sintiendo las miradas de todos en mi espalda.
-¿Qué haces aquí?-grité cuando lo tenía a menos de cinco metros. Él no respondió. Me acerqué más y, cuando lo tuve a pocos centímetros, lo hice mirarme a los ojos.
-Vengo a hablar con Elisa. Tengo que hablar con ella. Necesito hablar con ella-me dijo, esquivando mi mirada.
-Sí, ya, y esperas que yo te deje hacerlo, ¿no?
-Sí-me contestó, deshaciéndose de mis brazos que intentaban sujetarlo. Comenzó a caminar hacia el grupo, y yo no intenté pararlo.
Cuando llegó, se paró en frente de ella, como si el resto no estuviera, y dijo bien alto, como para que todos lo escucharan:
-Elisa, ¿podemos hablar?
Fue Harry el que contestó, y no ella.
-¿Para qué, si se puede saber?
Sorprendentemente, en su voz no había odio, ni nada por el estilo. Simplemente curiosidad.
-Para disculparme. Es lo único que necesito. Después me iré.
Lo miramos todos, incrédulos, pero Harry le susurró algo a Elisa, y esta se levantó. No miró a Leon, pero caminó hasta la esquina de la calle, frente a un puesto de perritos calientes y pretzels y se cruzó de brazos, esperando a que Leon le dijera unas palabras que ninguno de nosotros podía oír desde la distancia.

Lo que me faltaba, que Leon viniera a estropearme, y estropearnos, el día. Simplemente genial. Me dediqué a mirar al suelo y contener el aliento hasta que él empezara a hablar. Sorprendentemente, lo hizo en cuanto llegó a mi lado.
-Primero de todo, mereces una disculpa, Elisa. Sé que quizá no la aceptes, pero te la voy a dar igual. Lo siento.
No dije nada, y esperé a que siguiera. No lo iba a perdonar, pero algo en mi interior me decía que no había acabado de hablar.
-Segundo, mereces una explicación. O dos. Te voy a explicar primero por qué hice lo que hice en Alemania. Lo hice porque estaba borracho, ebrio de tristeza tras el funeral, y no, no espero que me creas. Pero es verdad. Yo no sentía nada por ella ni ella por mí, pero surgió, y, borrachos los dos, no hicimos nada para impedirlo. Segundo, segunda explicación- hizo una pausa  en la que intentó buscar mi mirada, pero yo no le dejé. Seguí con la mirada fija en el suelo mientras sus palabras caían sobre mí.- El día que te dije lo que te dije, el día que volví, fui un gilipollas.
-Coincido-dije sin poder contenerme.
-Yo también, y no te culpo. Me culpo a mí mismo. Estaba psicológicamente borracho, no era yo mismo, estaba fuera de lugar. Y no, tampoco espero que me creas. Pero también es verdad. Quiero que sepas que no lo pensaba, no pensaba nada de lo que te dije. Que fue un momento de locura, y es que en estos días es en lo que vivo, como si estuviera loco, y tengo momentos de lucidez, como este. Llevo días intentando decírtelo pero no podía, no podía obligarme a hacerlo.
Otra pausa. Solté todo el aire que llevaba conteniendo de un solo golpe y mis pulmones quedaron vacíos. Inspiré y lo miré por primera vez.
Sus ojos estaban rojos e hinchados, y grandes semicírculos verdes oscuros estaban haciéndose más grandes bajo ellos. Los cerró una vez y terminó su monólogo.
-Sé que no me vas a creer y mucho menos perdonar. Pero quería que supieras la verdad. No espero que volvamos a ser amigos. Simplemente conocidos, con una historia que se perderá. Es lo único que te pido.
Las palabras se me atascaron en la garganta.
-¿Me estás pidiendo borrón y cuenta nueva?
-No, Elisa. No te estoy pidiendo eso. Simplemente, que sepas la verdad. Y que yo nunca dejé de quererte.
Sus palabras fueron como un jarro de agua fría, y yo era demasiado buena. Pero no podía, no podía volver al pasado de aquella manera.
Estiré una mano al frente.
-De acuerdo- dije, cerrando los ojos.- Seremos conocidos. Nos diremos hola en los pasillos, nos ayudaremos en clase y nos reiremos juntos de estupideces que digan nuestros compañeros. Pero nada más.
-De acuerdo-repitió él, estrechándome la mano- Si eso es lo que tú quieres, Elisa.
-Sí-contesté.-Es lo que quiero.

-Elisa (imágenes de google)