jueves, 24 de octubre de 2013

Epílogo: Graduación


El auditorio estaba en silencio y solo se oía mi voz y, cuando le tocaba a Katarina leer, la suya. Se percibía un distante rumor de los vestidos al estirarlos, o de los zapatos al pegar contra el suelo, o de las corbatas siendo ajustadas.
Acabé mi párrafo y le pasé el micrófono a Katarina. Sonreí al público y a Harry, que estaba en primera fila con un traje negro y una corbata azul, a juego con mi vestido. Estaba sentado entre Selene y Leon. Selene estaba al lado de Gus, escuchando cada una de mis palabras y con lágrimas en los ojos. Analicé cada cara del público que tan bien me había aprendido en aquellos dos años. Incluso una silla de ruedas en el pasillo con Niall encima me hizo sonreír.
Katarina acabó y me dejó el último párrafo a mí. Agarré el micrófono y puse la hoja en mi atril, intentando contener las lágrimas.
-Hoy-empecé- se acaba una etapa muy importante de nuestras vidas. Hoy es el primer día del resto. Estoy segura de que nunca olvidaremos estos dos años que hemos pasado aquí. Siempre recordaremos cada cara, cada profesor, cada examen, cada corazón roto y cada risa en los pasillos a pesar de todo.- las lágrimas ya amenazaban con caer, pero las reprimí y aparté la vista del papel. Me sabía las últimas frases de memoria.- Aquí siempre tendremos un hogar para el que quiera volver. Tendremos que decirle adiós a todas las aulas, a nuestras habitaciones, a las salas comunes, y a los profesores, y un gracias por hacer de estos los mejores años de nuestra vida.-entonces ya no las pude aguantar y dejé que cayeran libremente por mis mejillas y estropearan mi maquillaje.-Y recordar que esto no es un adiós, si no un hasta luego. Gracias.
El auditorio estalló en aplausos y no pude ver una sola cara que no estuviera sonriendo y llorando.
Por primera vez, me sentía como que un discurso de graduación era completamente verdad. Aquellos habían sido los mejores años de nuestra vida.
 weheartit

-Elisa

Capítulo 21: Un final feliz


La clase de genética era interminable. Y eso que teníamos laboratorio. Y eso que ese día estábamos analizando nuestro propio ADN. Y eso que era Gus quien era mi compañero de laboratorio, y las risas estaban garantizadas. Pero tenía unas ganas inhumanas de que la hora y cuarto que quedaba se esfumase...
Las cosas entre Gus y yo se había estabilizado. Desde que habíamos roto, hacía un par de semanas, había habido tan solo un par de momentos incómodos. Ahora, era prácticamente mi mejor amigo.
Pero esa tarde tenía algo que hacer. No había visto a Niall desde aquella noche, y habíamos quedado en un par de horas...
La puerta del laboratorio estaba abierta. Normal, con tantos mecheros Bunsen por todas partes nos estábamos asfixiando. Asombrosamente, no se oía ningún ruido, tan solo el de las llamas al calentar y unos ligeros choques entre los cristales de los tubos de ensayo. Empezamos a oír unos ligeros sonidos de pisadas y murmullos en el pasillo, y como Gus y yo éramos los más próximos a la puerta, dejamos de hacer lo que estábamos haciendo y nos fijamos en el desierto pasillo. La profesora, ajena a todo, seguía buscando por todo el laboratorio las gafas que le habíamos escondido. En un momento, toda la clase tenía los ojos fijos en la puerta, escuchando silenciosamente, los tubos de ensayo olvidados en las rejillas.
Elisa y Harry aparecieron por el marco de la puerta, intentando aguantar la risa. Después, Elisa me vio y le tiró del pelo a Harry, y desaparecieron por un instante. Oímos risitas en el pasillo y vimos como segundos después aparecían por el pasillo corriendo. Dieron la vuelta y pasaron por delante de la puerta caminando hacia detrás, y después se dedicaron a hacer caras desde las escaleras, mientras la profesora rebuscaba entre los botes de agua destilada.
Vaya dos. Nosotros sufriendo en genética y ellos pirando literatura universal. La vida no era justa.
Volví a centrar mi atención en mi ADN, que ya se estaba formando en finas hebras, pero casi se me cae el tubo cuando oímos un estrépito que venía del pasillo, seguido de muchas risas y un “corre, que nos pillan”. Me asomé a la puerta, y enseguida lo lamenté. Un tufo me invadió y me retiré al laboratorio, no sin antes ver de reojo un grupo de alumnos corriendo, entre ellos Harry, Leon y Elisa, con un paquete de bombas fétidas en los brazos.
Repito. La vida no es justa.

Niall me había pedido que nos encontrásemos en la estación de trenes de Oxford, a un par de kilómetros del St. Hugh’s, por lo que cogí un bus urbano hasta allí. Elisa quería acompañarme, pero le dije que estaría bien. Todos los demás, ella, Harry, Aitana, Leon, Katarina y Gus, se habían ido al cine. Nevaba.
Me bajé del bus y cerré mi abrigo. Saqué la bufanda de la mochila y me la puse. Enseguida vi a un chico con sus características muletas y su pelo rubio, sonriéndome en la distancia. Me hizo un gesto para que me diera prisa y se metió dentro de la estación. Entré detrás de él y me tendió la mano, con un billete.
-Date prisa-me dijo.-El tren a Londres sale en cinco minutos.

Y allí estábamos, sentados frente al Támesis, delante del St. Thomas’ Hospital, donde nos habíamos conocido, con tazas de chocolate caliente en las manos. Había dejado de nevar, pero el suelo estaba cubierto por una fina capa que crujía bajo nuestros pies.
-Bueno...-dijo Niall de repente, interrumpiendo un silencio momentáneo.-Supongo que sabrás que no te he traído aquí para enseñarte el río.
-Me lo imaginaba-respondí, riendo.
-¿Ves a esos tres chicos de allí?-me señaló, apuntando con el dedo a un trío de chicos morenos que estaban sentados en las escaleras. Ellos nos sonrieron y se acercaron.-Son mis amigos. Louis, Zayn y Liam.
Me levanté para saludarlos. Parecían majos, sí, pero no era exactamente conocer a los amigos de Niall lo que yo quería. Estuvieron cinco minutos con nosotros y después se fueron.
Niall me miró como sopesando sus posibilidades. Yo no quería hacerme ilusiones ni imaginar lo que iba a pasar. Empezó a nevar otra vez. Niall se levantó.
-¿Vienes?-me tendió una mano. Se la cogí, y fuimos caminando hacia uno de los puentes, lleno de gente que intentaba cruzar al otro lado para evitar la nieve. Seguimos hacia adelante y cruzamos por un puente desierto mientras nevaba más copiosamente.
-Me encanta la nieve.-comenté, para decir algo.
-Lo sé.-me respondió él, frenando en seco en medio del puente. Desde ahí había unas vistas preciosas. Volví la mirada a Niall, quien apoyó sus muletas en el suelo. Alargó una mano y me quitó la nieve del pelo. Mi corazón latía a mil por hora. Cuando terminó de quitármela toda, me dejó la mano en la nuca y se acercó a mí. Y me besó, como llevaba queriendo que hiciera desde hacía cuatro meses que lo había conocido. Era sorprendentemente fuerte a pesar de su cáncer de mierda, y sus labios eran suaves contra los míos y su boca sabía a chocolate. Seguro que la mía también, pero no me importaba. Por ese instante me olvidé de todo, de las clases, de Gus, del puñetero cáncer, de todo, y solo existíamos Niall, la nieve y yo, mientras su lengua recorría absolutamente toda mi boca y sus manos pasaban de mi nuca a mi espalda. No sé cuánto tiempo estuvimos allí arriba besándonos, pero cuando nos apartamos oímos unos aplausos desde el paseo. Liam, Louis y Zayn estaban aplaudiendo con una cámara de fotos. Aquello sí que iba a ser una foto de película. Y, por una vez, me sentí completamente feliz. Mi vida era  perfecta.
 weheartit

-Elisa

viernes, 18 de octubre de 2013

Capítulo 20: Abriendo caminos


 weheartit

Cuando llegué al comedor, solo quedaban Aitana y Katarina. La verdad, cómo habían cambiado las cosas en aquellos primeros meses...
Estaba nevando, y solo quedaban un par de días para las vacaciones de Navidad. Elisa y yo nos quedaríamos allí, pero Katarina se marcharía a Rusia, porque quería ver a su novio y a su familia. Desgraciadamente, Gus también se iría, pero Harry (para alegría de Elisa) se quedaba también.
Me senté al lado de Katarina pero al instante lo lamenté. No me había fijado en que justo al lado de Aitana, la cual estaba en frente de Katarina, estaba el nuevo novio de mi amiga. Alto, rubio, de ojos marrones, una cara que yo me conocía muy bien. Leon.
Al parecer llevaban ya un par de semanas, pero nos habíamos enterado hacía pocos días. A Elisa no le importó, o al menos eso dijo, pero yo ya había aprendido a odiarle, así que no soportaba mucho estar cerca de él.
-Buenos días chicas-dije ignorándolo.
-Hoy nos vamos a Londres por la noche-comentó Aitana, como que no quería la cosa, mirando a Leon-. ¿Quieres venir?
-No-respondí rápidamente, mirando a Katarina pidiendo ayuda.-No puedo, porque...
-Porque me prometiste que me ayudarías a hacer la maleta, y a comprar regalos para todos, ¿recuerdas?-dijo Katarina al rescate.
-Sí. Cierto, gracias por recordármelo, Kat.
Por suerte no tuve que aguantar la visión de Aitana y Leon mucho tiempo, pasados unos minutos se terminaron la cena y se marcharon del comedor. Yo suspiré aliviada.
-Ya he hecho la maleta, y ya tengo todos los regalos comprados. ¿Te apetece salir por la noche?-me preguntó.
Yo solo tenía ganas de quedarme en la habitación o bajar a la sala de la televisión a ver la peli que ponían ese día, así que negué con la cabeza.
-Gus me dijo que saldría...-añadió. Resoplé.
-¿Tienes algún vestido que dejarme?

Hacía frío y seguía nevando, pero nosotros andábamos en tirantes y manga corta por la calle. Yo me había quitado los tacones y andaba descalza sobre la nieve sin pisar. Era un alivio instantáneo ante el dolor de pies. Harry se había ofrecido para llevarme en volandas, pero dado que llevaba un vestido muy corto no le dejé. Habíamos perdido de vista a Selene y a Gus en el último pub, pero Katarina seguía con nosotros. Ya eran pasadas la medianoche y estábamos en Cornmarket Street, así que decidimos entrar en el McDonald’s. Nos sentamos en una mesa y pedimos un par de cosas cada uno al azar, no estábamos con la cabeza como para pensar. Empecé a lamentar haber salido cuando entraron por la puerta varios compañeros de clase que conocíamos de vista, y se sentaron con nosotros, y la fiesta siguió. Empezamos a hablar entre todos, cotillear, reír, hasta que me sonó el móvil, pero me lo estaba pasando tan bien que lo ignoré. Dos segundos después me di cuenta de que podía ser Selene, pero ya había colgado. A los cinco minutos me llegó un mensaje:
“Gus y yo hemos roto, acuerdo mutuo. Estoy donde siempre. S.”

Me estaba muriendo de frío pero no quería admitirlo. Esperaba que Elisa pillara lo del mensaje, me dedicaba a caminar alrededor del parque entre los corros de gente intentando no parecer una chica cuyo novio acababa de dejarla. Ni que estaba sola. Por suerte me había puesto un jersey blanco y una falda negra y medias, pero tenía frío igual. Estaba ya cerca del banco en el que Elisa y yo habíamos pasado la mayoría de las tardes cuando un chico alto se levantó de uno de los círculos y vino hacia mí.
-Hola guapa, ¿estás sola?-me preguntó. No supe por qué, en otras circunstancias me habría ido corriendo, pensando que podía ser un violador, pero parecía simplemente lo que era: un estudiante pasándoselo bien con sus amigos un sábado a la una de la mañana. Llevaba una sudadera de la universidad, por lo que debía de tener por lo menos dos años más que yo.
-Sí, quiero decir, he quedado con una amiga, pero hasta que venga...-respondí. No quería parecer débil pero hablar me hizo castañear los dientes. El chico rió, y aunque no le veía bien la cara, era moreno y bastante atractivo. Se quitó la sudadera de un tiró.
-Toma.-me la tendió.
-No, en serio, quédatela. Hace frío.-respondí yo, aunque me moría de ganas de cogerla. Con lo bajita que era me llegaría casi hasta las rodillas...
-Tú la necesitas más que yo. No es fácil llevar el corazón roto con este frío.-replicó, y aunque no le veía la cara me imaginaba que tenía una sonrisa. Alargué la mano y se la cogí, mi fe en la humanidad restaurada. Era suave y calentita, y me la puse sin pensarlo. Miré al chico a los ojos, que le brillaban en la oscuridad y, como por instinto, le di un abrazo, pero me fui antes de que me viera con lágrimas en los ojos. Corrí por el camino de tierra batida hacia el banco, ya lo veía, pero estaba ocupado, por un chico rubio y una muleta apoyada al lado...

Harry había insistido en venir conmigo, pero yo solo quería que me dejara sus Vans y correr hasta Selene. Se quedó descalzo con todos en el McDonald’s con mis tacones en la mano y yo corriendo por las calles desiertas llenas de farolas con unas Vans que me quedaban un poco grandes, y a cada paso que daba amenazaban con salir volando. Abrí la verja de hierro de los parques y entré sin molestarme en cerrarla. El jardín principal estaba lleno de gente y botellas tiradas por la hierba. Corrí con miedo de que se me saliera una zapatilla, pero al llegar al tramo de camino que llevaba a nuestro banco frené en seco, me choqué con alguien y me caí al suelo. Una de las Vans rojas de Harry salió volando por fin y fue a parar a lo alto de un seto.
-¡Perdón, perdón!-me dijo una voz demasiado conocida. Levanté la vista y me encontré con los ojos azules de Gus a mi altura, intentando levantarse. Cuando estuvo de pie, me tendió una mano y yo la acepté.
-Sé lo que vas a preguntar...
-¿Ah sí?-pregunté.
-Sí. Que a ver por qué Selene y yo...-no dije nada y lo dejé terminar. Pasaron unos segundos.-... bueno, eso.
Oía mi propia respiración entrecortada y el vaho que se formaba al espirar se condensaba en remolinos. Lo miré a los ojos, y vi que había estado llorando.
-¿Y bien?-fue lo único que atiné a decir.
-Ya llevábamos varios días pensándolo, y bueno, también, el alcohol corriendo por las venas ayuda... Digamos que... se esfumó la magia. Tú lo notaste también, Elisa, no me mientas.
Me eché a reír y, aunque me sentía una mala persona por ello, pareció no importarle a Gus. Se sumó a mi risa y añadió.
-Sé que Selene estuvo llorando. Y yo también. Pero más que por haber roto es por miedo a perdernos. Yo la sigo queriendo mucho pero... no en ese plan. Quiero decir, mírala.
Me hizo un gesto hacia el seto y me asomé como espiando. Pude ver a Selene riendo apoyada contra un chico rubio y una muleta tirada en el suelo. Niall tenía el pelo más corto que de costumbre y se le notaban los efectos del hospital, pero nunca había visto a ninguno de los dos más felices en mi vida.

-Elisa