Cuando llegué al comedor,
solo quedaban Aitana y Katarina. La verdad, cómo habían cambiado las cosas en
aquellos primeros meses...
Estaba nevando, y solo
quedaban un par de días para las vacaciones de Navidad. Elisa y yo nos
quedaríamos allí, pero Katarina se marcharía a Rusia, porque quería ver a su
novio y a su familia. Desgraciadamente, Gus también se iría, pero Harry (para
alegría de Elisa) se quedaba también.
Me senté al lado de
Katarina pero al instante lo lamenté. No me había fijado en que justo al lado
de Aitana, la cual estaba en frente de Katarina, estaba el nuevo novio de mi
amiga. Alto, rubio, de ojos marrones, una cara que yo me conocía muy bien.
Leon.
Al parecer llevaban ya
un par de semanas, pero nos habíamos enterado hacía pocos días. A Elisa no le
importó, o al menos eso dijo, pero yo ya había aprendido a odiarle, así que no
soportaba mucho estar cerca de él.
-Buenos días
chicas-dije ignorándolo.
-Hoy nos vamos a Londres
por la noche-comentó Aitana, como que no quería la cosa, mirando a Leon-.
¿Quieres venir?
-No-respondí
rápidamente, mirando a Katarina pidiendo ayuda.-No puedo, porque...
-Porque me prometiste
que me ayudarías a hacer la maleta, y a comprar regalos para todos,
¿recuerdas?-dijo Katarina al rescate.
-Sí. Cierto, gracias
por recordármelo, Kat.
Por suerte no tuve que
aguantar la visión de Aitana y Leon mucho tiempo, pasados unos minutos se
terminaron la cena y se marcharon del comedor. Yo suspiré aliviada.
-Ya he hecho la maleta,
y ya tengo todos los regalos comprados. ¿Te apetece salir por la noche?-me
preguntó.
Yo solo tenía ganas de
quedarme en la habitación o bajar a la sala de la televisión a ver la peli que
ponían ese día, así que negué con la cabeza.
-Gus me dijo que
saldría...-añadió. Resoplé.
-¿Tienes algún vestido
que dejarme?
Hacía frío y seguía
nevando, pero nosotros andábamos en tirantes y manga corta por la calle. Yo me
había quitado los tacones y andaba descalza sobre la nieve sin pisar. Era un
alivio instantáneo ante el dolor de pies. Harry se había ofrecido para llevarme
en volandas, pero dado que llevaba un vestido muy corto no le dejé. Habíamos
perdido de vista a Selene y a Gus en el último pub, pero Katarina seguía con
nosotros. Ya eran pasadas la medianoche y estábamos en Cornmarket Street, así
que decidimos entrar en el McDonald’s. Nos sentamos en una mesa y pedimos un
par de cosas cada uno al azar, no estábamos con la cabeza como para pensar.
Empecé a lamentar haber salido cuando entraron por la puerta varios compañeros
de clase que conocíamos de vista, y se sentaron con nosotros, y la fiesta
siguió. Empezamos a hablar entre todos, cotillear, reír, hasta que me sonó el
móvil, pero me lo estaba pasando tan bien que lo ignoré. Dos segundos después
me di cuenta de que podía ser Selene, pero ya había colgado. A los cinco
minutos me llegó un mensaje:
“Gus y yo hemos roto, acuerdo mutuo. Estoy
donde siempre. S.”
Me estaba muriendo de frío pero no quería
admitirlo. Esperaba que Elisa pillara lo del mensaje, me dedicaba a caminar
alrededor del parque entre los corros de gente intentando no parecer una chica
cuyo novio acababa de dejarla. Ni que estaba sola. Por suerte me había puesto
un jersey blanco y una falda negra y medias, pero tenía frío igual. Estaba ya
cerca del banco en el que Elisa y yo habíamos pasado la mayoría de las tardes
cuando un chico alto se levantó de uno de los círculos y vino hacia mí.
-Hola guapa, ¿estás sola?-me preguntó. No
supe por qué, en otras circunstancias me habría ido corriendo, pensando que
podía ser un violador, pero parecía simplemente lo que era: un estudiante
pasándoselo bien con sus amigos un sábado a la una de la mañana. Llevaba una
sudadera de la universidad, por lo que debía de tener por lo menos dos años más
que yo.
-Sí, quiero decir, he quedado con una
amiga, pero hasta que venga...-respondí. No quería parecer débil pero hablar me
hizo castañear los dientes. El chico rió, y aunque no le veía bien la cara, era
moreno y bastante atractivo. Se quitó la sudadera de un tiró.
-Toma.-me la tendió.
-No, en serio, quédatela. Hace
frío.-respondí yo, aunque me moría de ganas de cogerla. Con lo bajita que era
me llegaría casi hasta las rodillas...
-Tú la necesitas más que yo. No es fácil
llevar el corazón roto con este frío.-replicó, y aunque no le veía la cara me
imaginaba que tenía una sonrisa. Alargué la mano y se la cogí, mi fe en la
humanidad restaurada. Era suave y calentita, y me la puse sin pensarlo. Miré al
chico a los ojos, que le brillaban en la oscuridad y, como por instinto, le di
un abrazo, pero me fui antes de que me viera con lágrimas en los ojos. Corrí
por el camino de tierra batida hacia el banco, ya lo veía, pero estaba ocupado,
por un chico rubio y una muleta apoyada al lado...
Harry había insistido en venir conmigo,
pero yo solo quería que me dejara sus Vans y correr hasta Selene. Se quedó
descalzo con todos en el McDonald’s con mis tacones en la mano y yo corriendo
por las calles desiertas llenas de farolas con unas Vans que me quedaban un
poco grandes, y a cada paso que daba amenazaban con salir volando. Abrí la
verja de hierro de los parques y entré sin molestarme en cerrarla. El jardín
principal estaba lleno de gente y botellas tiradas por la hierba. Corrí con
miedo de que se me saliera una zapatilla, pero al llegar al tramo de camino que
llevaba a nuestro banco frené en seco, me choqué con alguien y me caí al suelo.
Una de las Vans rojas de Harry salió volando por fin y fue a parar a lo alto de
un seto.
-¡Perdón, perdón!-me dijo una voz
demasiado conocida. Levanté la vista y me encontré con los ojos azules de Gus a
mi altura, intentando levantarse. Cuando estuvo de pie, me tendió una mano y yo
la acepté.
-Sé lo que vas a preguntar...
-¿Ah sí?-pregunté.
-Sí. Que a ver por qué Selene y yo...-no
dije nada y lo dejé terminar. Pasaron unos segundos.-... bueno, eso.
Oía mi propia respiración entrecortada y
el vaho que se formaba al espirar se condensaba en remolinos. Lo miré a los
ojos, y vi que había estado llorando.
-¿Y bien?-fue lo único que atiné a decir.
-Ya llevábamos varios días pensándolo, y
bueno, también, el alcohol corriendo por las venas ayuda... Digamos que... se
esfumó la magia. Tú lo notaste también, Elisa, no me mientas.
Me eché a reír y, aunque me sentía una
mala persona por ello, pareció no importarle a Gus. Se sumó a mi risa y añadió.
-Sé que Selene estuvo llorando. Y yo también.
Pero más que por haber roto es por miedo a perdernos. Yo la sigo queriendo
mucho pero... no en ese plan. Quiero decir, mírala.
Me hizo un gesto hacia el seto y me asomé como
espiando. Pude ver a Selene riendo apoyada contra un chico rubio y una muleta
tirada en el suelo. Niall tenía el pelo más corto que de costumbre y se le
notaban los efectos del hospital, pero nunca había visto a ninguno de los dos más
felices en mi vida.
-Elisa

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