miércoles, 29 de mayo de 2013

Capítulo 16: Cosas que nunca cambian



No me lo podía creer. Así que todo aquello había sido un plan, nada había sido real.
Escuchábamos atentos mientras Elisa nos lo contaba a mí, Gus y Katarina, tomando un batido en Shakespeare’s. Estábamos todos con la boca abierta cuando Elisa levantó la vista y nosotros nos giramos. Harry acababa de entrar por la puerta con dos paquetes cerrados que decían “Ben’s Cookies”. Elisa se levantó.
-No sabía que hubiera tanta gente. Tendremos que compartir las galletas-dijo Harry, levantando los paquetes.
-La compartirás tú-contestó Elisa-. Yo no comparto Ben’s Cookies.
Todos reímos y le hicimos un hueco a Harry. Se sentó entre Elisa y yo y cuando le dio un beso en la mejilla ella se sonrojó. Todos cruzamos una mirada entre nosotros y nos echamos a reír. Después abrimos las galletas de chocolate y la puerta de Shakespeare’s se abrió de nuevo.
-He invitado a alguien-dijo Harry-. Espero que no os importe, pero tiene algo que decir.
Aitana entró y dejó su paraguas azul en el paragüero que había en detrás de la puerta. Se acercó a nosotros con la sonrisa más sincera que le había visto nunca y acercó una silla como pidiendo permiso. Nadie dijo nada, por lo que se sentó entre Harry y yo.
-Supongo que ya lo sabéis todo-dijo mirándonos uno a uno-. Pero igualmente, os debo una explicación. Y una disculpa-añadió mirando a Katarina.
-No...-comenzó ella. Pero Aitana la calló con un gesto de la mano.
-Siempre quise ser la más popular, la que más amigos tenía y a la que todo el mundo quería. Siempre acababa siendo la marginada que no tiene amigos, aquella que parece una puta y no lo es. Las cosas nunca acababan bien. Cuando me dieron esta beca, me dije que eso no volvería a pasar, que aquí todo sería diferente. Pero me equivoqué. Convencí a Harry de que me ayudara pero las cosas no acabaron siendo como yo quería-hizo una pausa y posó sus ojos en Elisa-. El chico que me gustaba ya tenía a una chica, y no era yo. Me empecé a poner celosa, empecé a hacer cosas que nunca habría imaginado. Se me fue de las manos. Y por ello, quiero deciros que lo siento. Y que lo entenderé si no me queréis perdonar. La verdad es que estoy acostumbrada a estar sola...
Elisa no la dejó terminar. Aquella mujer... Siempre se acababa compadeciendo de la gente, hasta del más cruel. Se separó un poco de la mesa y le dio un abrazo a Aitana. Esta le correspondió con lágrimas en los ojos. Todos sonreímos.
La gente no es tan mala como piensas, al fin y al cabo.


Esperaba no verlo aquel día. Habían pasado solo tres días desde que... bueno, desde que todo había cambiado. Y se escondía, lo máximo que había visto de él había sido una foto. Harry decía que su habitación llevaba cerrada desde entonces. Mejor.
Las clases comenzaban ese día. Obviamente, lo iba a ver, pues teníamos más de la mitad de las clases juntos. Pero no lo vi en el desayuno, cuando Paul se subió encima de la mesa de los profesores gritando que tenía algo que anunciar.
No todos los días era igual, había algunos que ni siquiera sabíamos quién había salido elegido. “Sois 365, como los días del año entero que vais a estar aquí. Cada día, será el día de uno de vosotros, ese día, seréis lo más importante, todo girará en torno a vosotros”. Por entonces, solo había habido dos cosas diferentes: una, sacar un premio del bombo y dos, que todo el mundo tuviera que hacer algo por ti. Como cuando salió un chico gigante, que venía de Kenya, y estaba muy asustado porque nadie la hablaba por su color de piel. Nos tuvimos que pintar todos la piel de negro para que se sintiera mejor, y estar todo el día así. Fue genial, y el chico, Kitar, consiguió hacer amigos.
Pero aquel día, cuando Paul se subió a la mesa, tuve un mal presentimiento. Solo podía mirar a mi taza de chocolate caliente y mi croissant, sin tocar sobre la mesa. Ni siquiera me di cuenta de que Harry y Gus se sentaron a mi lado sin decir palabra. Oía a Paul hablar, pero no le escuchaba. Pero sus últimas palabras me hicieron levantar la mirada.
-Y hoy, el elegido será...-aguanté la respiración. Busqué con la mirada a Leon, pero no lo vi por ninguna parte. Selene, Aitana y Katarina aún no habían bajado, así que me volví hacia Harry y Gus.
-¿Qué te pasa?-me preguntaron a la vez.
No pude contestar. Una voz resonó en todo el comedor, un nombre que sería el último que quería oír en aquellos momentos.
-Leon Wessel-Masannek.
Intenté aparentar indiferencia, tomando una cuchara y sumergiéndola en la taza. Sin embargo, de la fuerza que puse, acabé salpicando toda la mesa. Harry me miró y Gus me puso una mano en el hombro, tratando de calmarme.
Me giré y lo vi entrar por la puerta.
Estaba igual que siempre, pero vestía todo de negro. Entró entre aplausos y corrió por entre las cuatro mesas dispuestas a lo largo del comedor hacia la de los profesores. Contuve el aliento cuando pasó por delante de mí, pero pasó de largo. Se subió a la tarima e hizo un amago de sonreír. Me recordó a la última vez que me sonrió a mí...
-Escucha, Elisa-me dijo él, sorprendiéndome-. Tenemos que hablar.
Me quedé callada y simplemente lo dejé hablar. Sonreía, pero no era la misma sonrisa de siempre. Era diferente.
-Voy a decirlo todo de un tirón. Porque si no no voy a poder. Verás...
-Espera, Leon. Yo también tengo algo que decirte-. Él intentó callarme pero no pude. Me vi a mi misma contándole todo lo que había pasado en Stonehenge. Él permaneció callado, hasta me abrazó cuando terminé, medio llorando, asegurándole que yo no había querido, aunque esa era la primera mentira que le decía. ¿A quién se lo iba a negar?
-Elisa, no te preocupes, pero lo tenemos que hablar. Yo... hice algo parecido, con mi ex, en Alemania, fue... muy extraño. Te lo digo porque ahora mismo no sé lo que quiero, Elisa. Y no tengo nada claro, y si te digo la verdad no me arrepiento.
También me quedé callada, intentando procesar sus palabras.
-Quiero decir, que ambos tenemos la culpa. Tú hiciste algo mal, y yo también. Y tenemos que buscar la solución.
-Pero quizás-empecé- la solución sea empezar de cero, Leon. Borrón y cuenta nueva.
-O quizás, Elisa, sea olvidarse de todo.
No me lo podía creer. ¿Qué estaba diciendo?
-Es lo mejor. Nunca tuvimos nada, Elisa. Ni lo tendremos. Admítelo: no hay futuro. Es mejor para los dos.
Me levanté de la cama y lo miré a los ojos, y me acordé en ese momento de que Selene estaba en el baño, porque la ducha había dejado de sonar.
-¿Me estás diciendo que te arrepientes de estas semanas que hemos pasado juntos? ¿De todo?-le pregunté, clavando mi mirada en la suya, buscando la sinceridad en él.
-Te estoy diciendo-dijo poniendo sus manos en mis hombros. Yo me zafé de su tacto y me fui hacia la ventana. Él resopló y continuó- que es lo mejor para los dos.
-¿Qué es lo mejor el qué? ¿Que así de repente dejemos de hablarnos? ¿Que nos tratemos como extraños? ¿Que olvidemos una parte de nuestro pasado sin ningún “volver atrás? ¿Es eso lo que quieres?-grité de una vez- Porque si era eso lo que siempre quisiste, no sé ni porqué en un principio me pediste ir al baile, por ejemplo. O me besaste en Londres. O me llamaste el otro día...
Él se llevó las manos a la cabeza y se dio la vuelta.
-Sí así es como quieres ponerlo, Elisa. Que así sea.
Le mantuve la mirada y busqué la sinceridad en sus ojos. Pero no encontré nada. Me aparté de la ventana, conteniendo las lágrimas, y salí de mi propia habitación, dando un portazo, corriendo a buscar a alguien.

El recuerdo casi me arranca las lágrimas y escondí la cabeza. Sentí un abrazo pero no sabía si era Gus o Harry, y la verdad me daba igual. Volví a oír la voz de Paul, rompiéndome en dos más aún que antes.
-Durante el día de hoy, vamos a hacer algo especial por este chico que ha perdido recientemente a un familiar querido. Todos vamos a escribirle una carta, como si fuera una de estas que escribes a las revistas, contándole cualquier cosa, porque de verdad ayuda. Y también, sería una buena idea dirigirle la palabra cada vez que lo veáis por los pasillos. Contaremos las cartas, así que no intentéis escabulliros. Para la mejor carta, habrá premio-dijo guiñándonos un ojo, y bajó de la tarima. Todo el mundo comenzó a hablar, emocionados por las cartas. Yo me quise morir en aquel momento. Vi a Leon bajar también y coger su bandeja para sentarse en mi misma mesa, pero en el extremo de la puerta. 
No lo aguantaba más. Me levanté de un golpe y salí corriendo del comedor, necesitaba tiempo para mí misma. Ni siquiera me volví cuando unas voces gritaron mi nombre. Ni siquiera me paré cuando me choqué con alguien que entraba en el comedor. Ni siquiera me paré a pensarlo un segundo...

-Elisa

lunes, 20 de mayo de 2013

Capítulo 15: En el límite del cielo




Por fin lo había encontrado. Estaba metido en una calleja que salía del centro de la ciudad, pero era el mejor y el más grande. La sala de pesas estaba llena, pero decidí retirarme a una de las pequeñas salas que solo tenían un par de pesas y un saco de boxeo.
Había mantenido la mente ocupada en diversas cosas para no pensar, pero en el momento que cogí los guantes de boxeo y di el primer puñetazo, tal y como me había enseñado mi profesora en España, me atacó todo. La verdad era que no tenía derecho a sentirme mal, primero no estábamos saliendo y segundo yo le había hecho lo mismo a Leon, así que lo único que tenía que hacer era aprender a pasar de él. La verdad era que sí, había llegado a quererle, pero las cosas no habían sido como yo pensaba. Por ello lo que más me apetecía hacer era irme a algún lugar en el que nadie me encontrara y en el que pudiera descargarme.
Y ahí estaba pegando puñetazos incansables. Había llevado mi segunda ruptura mejor que la primera. Cuando lo había dejado con mi anterior novio, Jorge, justo antes de que las vacaciones empezaran, había estado una semana entera sin saber qué hacer. Pero claro, con él si que había estado en serio. Con Leon no. Esa era la diferencia.
Justo encima de un cuadro con tablas y ejercicios había un reloj. Con cada tic-tac el saco se balanceaba y de tanta fuerza que estaba poniendo llegaba a tocar la pared. Marcaba ya las cuatro y media, debía de llevar allí al menos dos horas. Me senté contra la pared opuesta al reloj y me quité el chándal que llevaba para ponerme unos pantalones cortos de baloncesto. Estaba tan acalorada que me quité la camiseta y me quedé simplemente en el sujetador deportivo que llevaba, sentada en el suelo, con los ojos cerrados.
Unos golpes en la puerta unos minutos después me hicieron abrir los ojos de par en par.
-Ocupado-grité, sin siquiera levantarme.
-¿Estás segura?-contestó una voz que conocía demasiado bien. Me incorporé de golpe. Aparté el saco de mi camino y me di cuenta de que aún tenía puestos los guantes. No me molesté en quitármelos y desbloqueé la puerta.
Una de dos: o estaba lloviendo fuera o Harry estaba sudando a chorros. Tenía el pelo completamente mojado y la ropa se le pegaba al cuerpo. Aún tenía la sudadera puesta, así que deseché la segunda opción. Miré hacia fuera, hacia los ventanales y vi como la lluvia arremetía contra ellos. Mierda. Había traído el paraguas que más odiaba conmigo.
-No sabía que venías aquí-me dijo, entrando y quitándose la sudadera. La tiró por el suelo y se quitó las zapatillas a patadas.
-Hola a ti también-dije- Tampoco sabía yo eso de ti. Es igual, es mi primer día...-contesté, sin perder el contacto visual con él. Aún tenía muy reciente la conversación que habíamos oído a escondidas de él y Aitana, y no entendía lo que él estaba haciendo.
-¿Es tu primer día también con el boxeo?-preguntó, cogiendo el saco con las dos manos y atrayéndolo hacia él.
-No, llevo haciéndolo años.
-¿Ah sí? Pues veamos como lo haces.
Sin perder la mirada desafiante, se acercó a los guantes que estaban colgados detrás de la puerta y se los puso sin dejar de sonreír. En ese momento me di cuenta de que no llevaba la camiseta y me giré, llevándome las manos a la cabeza y cogiéndola rápidamente. Oí a Harry reír por detrás mientras me la pasaba por la cabeza.
-No te preocupes. No me importa.
-Ya, pero a mí sí.
-Pero , ¿quién es el que siempre gana?-dijo él caminando hacia mí.
-¿Qué te crees, mejor que yo, Styles?-era la primera vez que lo llamaba Styles, y pareció gustarle.
-Pues va a ser que sí, Fernández.
-Voy a tener que sorprenderte, entonces- dije apretándome los guantes.
-Estoy esperando-dijo abriendo los brazos. Aproveché ese instante de distracción para lanzarle un puñetazo al estómago y él gritó, más de sorpresa que de dolor. Esbocé una sonrisa de suficiencia y descolgué el saco, tirándolo por el suelo. Cuando él se recompuso, le pisé un pie y me di la vuelta para bloquear su puño volando hacia mi barriga.
-Nunca intentes pegar a una chica en los ovarios, Styles. Lo lamentarás.
Dicho y hecho, él apuntó hacia esa parte, pero erró por varios centímetros, y me di la vuelta rápidamente para que en vez de mi barriga fuera mi espalda la que recibiera el puñetazo. Estaba poniendo poca fuerza como me esperaba. Bien, sería más fácil de lo que pensaba.
-Te avisé. Y el que avisa, no es traidor.
En un abrir y cerrar de ojos se dobló de dolor, con las manos justo en el punto donde sus pantalones empezaban. No había querido darle más abajo por precaución, sabía lo mucho que les dolía aquello y no quería hacerle sufrir tanto.
-Te subestimé. Pero no te preocupes. Solo estaba al 50%. Ahora verás lo que es bueno.
Comenzamos una batalla silenciosa y lenta, con golpes meditados y la mayoría bloqueados, pero un par de ellos serían moratones al día siguiente. Era como bailar una danza, pero pisando huevos. Cada paso que dabas podía ser en falso, podía darle al otro la oportunidad que estaba buscando. Por ello, cuando caminé hacia atrás buscando parar uno de sus golpes apuntado a mi boca, levanté la mano y perdí mi centro de gravedad. Entonces él, en vez de seguir la trayectoria de su mano, me miró a los ojos, sonrió y me pegó una patada que, aunque fue suave, bastó para derribarme al suelo. Él se tiró encima de mí, con cuidado, y puso una pierna a cada lado.
-Tres, dos... uno... kao-sentía su aliento acelerado sobre mi cara y el corazón amenazaba con salirse de mi caja torácica. Me intenté convencer que era por el ejercicio, pero la proximidad de Harry no me dejaba pensar con claridad. Mis ojos estaban fijos en los suyos. Notaba sus abdominales subir y bajar, y me di cuenta de que teníamos las respiraciones acompasadas. Él estaba quieto, no daba indicios de levantarse, así que le empujé y me senté en el suelo. Parecía desconcertado.
-Pensé que tú y Leon...-empezó.
-Sí, yo y Leon. Pero no tú y Aitana. Ya pasó una vez Harry. Y no va a volver a pasar. “Tú estás con Leon, y yo con Aitana. Y así es como tienen que ser las cosas”, me dijiste. Yo ya no estoy con Leon. Pero tú si estás con Aitana. Así que lo siento.
Cogí todas mis cosas y hasta volví a colgar el saco de boxeo en el gancho del techo. Después, me quité los guantes y los dejé en su sitio. Abrí la puerta y me fui directa al vestuario femenino, sin volver la vista atrás.

Me di toda la prisa que pude, no me duché y simplemente me lavé la cara y me cambié de ropa. Ya empezaba a hacer frío en Oxford así que me puse el chándal que llevaba y un abrigo por encima. Me solté el pelo y salí corriendo, diciéndole adiós a Matt, el chico de la entrada.
Vi su pelo rizoso antes de abrir la puerta. Estaba esperando en la acera de en frente, empapándose bajo la lluvia. Salí del gimnasio y abrí mi paraguas negro, el cual odiaba, tapando mi visión con él. Comencé a caminar por la calle sin cruzar, intentando ignorarle. Dejé de intentarlo cuando se cambió de acera y se situó justo detrás de mí. Me giré.
-¿Qué quieres, Styles?
-¿Desde cuando me llamas Styles?
-Desde ahora. ¿Qué quieres?-repetí. Él se acercó a mí y, como yo no me aparté, se metió debajo de mi paraguas, salpicándome de gotas por todas partes. Aparté la vista y miré al suelo.
-¿Podemos hablar?-me preguntó.
-No-le respondí, alzando mi paraguas y alejándome de él.
Tardó en reaccionar y volver a correr hacia mí. Me giré y lo vi dando grandes zancadas, con su lado más vulnerable vuelto hacia mí. Cuando llegó a mi altura, con la ropa chorreando aún más que antes y el agua corriéndole por la cara, se paró en seco.
-Si no quieres hablar, vale. No hablaremos-gritó para hacerse oír por encima del ruido de la lluvia.-Pero no puedes evitar que haga esto.
Acto seguido me cogió de la cintura y me atrajo hacia sí, yo me quedé paralizada, aferrándome al paraguas.
-Hay algo que debes saber. El día que llegamos, cuando conocí a Aitana, me dijo que necesitaba mi ayuda para algo. Había un chico, un chico que le había gustado desde el primer momento que lo había visto, y que si por favor me podía hacer pasar por su novio para que todo fuera más fácil. Ella actuaría como una diva, como si se creyera la mejor. Y yo al principio acepté, pensando que aquel chico era yo. Pero luego me di cuenta. Te odiaba, a ti. Y no a otra chica. Era Leon quien le gustaba, no yo. Nos inventamos una relación, nos peleábamos y volvíamos a estar juntos solo para hacerlo lo más real posible. Porque su meta era Leon. Y, sin que nadie lo supiera, mi meta eras tú. Pero la situación se nos fue de las manos. Ella empezó a abusar de su poder y no veíamos manera de que vosotros dos rompiérais. Hasta esta mañana, cuando Leon volvió. Aitana estaba justo debajo de tu ventana, la cual estaba abierta, y lo oyó todo. Y no dudó en contármelo. Y creo que el resto ya es historia. Así que ya ni hay tú y Leon ni hay yo y Aitana. Solo hay tú y yo.
Me quedé casi sin respiración. Era demasiada información de golpe para unos pocos minutos.
-Harry...
-Entiendo que acabas de dejarlo con Leon. Pero...
-No, Harry. No dejamos nada porque nunca lo tuvimos. Osea quiero decir, nunca estuvimos juntos ni nada por el estilo. Yo no quise, porque...-“porque tú estabas por el medio”, quería decir, pero no pude.
Él me calló con la mirada. Estaba empezando a hacer mucho calor debajo de aquel paraguas. Me di la vuelta, intentando pensar con claridad. Me alejé un paso de él, pero aún seguíamos bajo el mismo paraguas.
-¿Por qué? ¿Por qué me haces esto?-dije, conteniendo el aliento al sentirlo detrás de mí, respirando entrecortadamente, su cuerpo completamente pegado al mío.
-Porque eres tú quien me hace querer buscar el límite del cielo, llegar contigo a él y perderme allí para siempre-respondió, girándome hasta que me quedé a milímetros de encajar perfectamente con él.
En ese momento me cayó una gota de agua en la mejilla. Miré hacia arriba y vi como la lluvia se colaba por un minúsculo roto que había en mi paraguas. Cuando volví a bajar la vista tenía a Harry mucho más cerca que antes. Despegó una mano y me quitó la gota con el pulgar. Después, volvió a bajar la mano a mi cintura.
-Me estás matando, Harry-dije sonriendo por primera vez. Él rió agachando la cabeza.
-Es a lo que me dedico, pequeña.
No me dio tiempo ni a esbozar una sonrisa. Sus labios atraparon los míos en menos de un segundo y yo solté el paraguas para echar mis manos a su cuello. El paraguas, al quedar libre, interrumpió nuestro beso, cayendo sobre nuestras cabezas, pero no nos importó. Acabó cayendo al suelo mientras nosotros nos besábamos en medio de la calle y bajo la lluvia, ajenos al resto del mundo, empapándonos de agua.
Un coche que pasaba por esa calle pasó por encima de un charco, el cual nos mojó aún más. Nos separamos unos centímetros para dirigirle una mirada asesina al conductor, que nos pitó, y vi cómo mi paraguas negro, el cual tanto odiaba, giraba la esquina llevado por el viento. Me volví a concentrar en Harry, pero no hizo falta. Él ya había vuelto a acortar la distancia y ahí estábamos, besándonos bajo la lluvia, sin nada que importara más que nosotros mismos.
-Definitivamente-dijo él cuando nos apartamos-.  Tenemos algo para los besos bajo la lluvia.
Sonreí y le abracé, sintiéndome de verdad feliz por primera vez en varios días.

-Elisa

jueves, 16 de mayo de 2013

Capítulo 14: ?





Me había pasado la semana evitando a todos, encerrándome en la biblioteca y en las salas de música, perdiéndome por Oxford y descubriendo nuevos lugares. Pero aquel día algo me hizo cambiar de opinión e ir a buscar a mis amigos. Quizá estaba feliz porque Leon vendría aquella noche. O quizá simplemente echaba de menos a mi mejor amiga.
Los encontré en la sala donde teníamos una pequeña cafetería, donde servían chocolate caliente cada hora y daban galletas gratis, a parte de lo que podías comprar. Estaban sentados alrededor de una mesa y, desgraciadamente, la única que estaba mirando hacia la puerta era Aitana.
-¡Elisa! Cielo, cuanto tiempo sin verte. ¡Ven!-¿se podía ser más falsa? Me fijé en que Harry estaba sentado en frente de ella, con los ojos fijos en el vaso vacío que estaba justo delante de él. Caminé hacia ellos y cogí una silla, sentándome entre Selene y Aitana- Supongo que estarás deseando que llegue Leon. Así ya podremos salir los seis juntos como una cita triple.
-Sí, estoy deseándolo-dijo Selene, demasiado irónicamente. Suspiré profundamente y se me escapó una sonrisa. Así que ella tampoco la aguantaba. Mejor. Se veía que, por la cara de fastidio que ponía mi amiga, no estaba nada a gusto con ella. Cruzamos una mirada, esa que siempre cruzábamos y con la cual lo decíamos todo, y decidimos en silencio hablar cuando hubiéramos terminado allí.
-Perfecto-dijo Aitana dando palmaditas- Lo único que nos queda es buscarle a un chico a esa amiga tuya, Katarina, para que pueda estar con nosotros también.
Todos le dirigimos la mirada a Aitana, sorprendidos.
-¿Qué? Oh, tenéis razón. La pobrecita, con esa cara, no va a llegar a ningún sitio. Dudo seriamente que se interese siquiera por los chicos. Tal y como viste... ¡Y ese pelo! ¿Os habéis fijado alguna vez? ¡Parece que ni se lo peina!
Me levanté de mi silla inmediatamente, encarándome con ella, y sorprendentemente no fui la única. Selene, Gus y Harry me hacían compañía mirándola desde las alturas, y yo fui la primera en hablar, aunque me contuve bastante.
-Mira, Aitana. No me caes bien, ni nunca lo harás. Me da igual que hables de mí por ahí pero ten clara una cosa: insulta a Katarina una vez más y sabrás quien soy yo.
-¿De qué vas, Aitana?-corroboró Gus- ¿Te ha hecho algo Katarina? Si ni siquiera la conoces.
-Deja de hablar de gente a la que no conoces, Aitana. Ya estoy harta- explotó Selene y estoy segura de que si no le hubiera puesto una mano en su brazo para que parase, hubiera seguido hablando, probablemente para no parar. Y solo quedaba Harry. Parecía que no iba a hablar mientras nosotros tres estuviéramos allí, así que agarró de una mano a Aitana, nada romántico por cierto, y la arrastró al pasillo que salía de la sala hacia el sótano.
-Bueno, chicas. Nos vamos. ¿Os apetece ir al KFC a por algo de comer?-preguntó Gus. Selene lo miró como si estuviera loco.
-¿Pero tú me conoces? ¿Te crees que me voy a ir de aquí sin saber lo que pasa?
-Definitivamente, Gus. No la conoces-reí yo y, cogiéndola de la mano, abrimos la puerta del pasillo.
Las voces venían de la derecha, así que seguimos recto, hacia los jardines. Pero nos quedamos a la altura suficiente para echar a correr si nos pillaban, y aún oír lo que decían.
-...¿Estás loca? ¿Te crees que todo esto es una broma? ¿Quieres echarlo a perder?-gritaba Harry.
-Venga, Harry. No creerás que iba en serio, ¿verdad?
-¿Sobre qué? ¿Sobre lo de Katarina? Pues sí, lo creo. Aitana, no ayudas así, ¿vale?
-Osea, que todo esto es por ella. Todo.
Pareció que él vacilaba antes de contestar.
-Sí. Todo y por ella. Te lo advierto. Un paso más allá de la raya, y estás fuera de aquí.
No reaccionábamos ninguno de los tres, hasta que oímos pasos acelerados en nuestra dirección. Gus nos agarró a Selene y a mí y echamos a correr los tres hacia los jardines, sin tener ni la menor idea de qué estaban diciendo Harry y Aitana.

Unos suaves golpes en la puerta me despertaron de mi ensueño dado que rompieron la monotonía del agua de la ducha. Me levanté la cama, le grité a Selene que no saliera, y descorrí el cerrojo de la puerta.
-Ya pensaba que no abrirías.
-¡Leon!-me lo pensé dos veces, pero me tiré a sus brazos. Se notaba que lo necesitaba, así que no se cuanto tiempo me pasé allí, abrazándolo, hasta que él se separó.
-Te he echado de menos.
-Yo a ti también, Leon.
Le atraje hacia mí y cerré la puerta. Vi cómo sonreía y no pude evitar besarle, pero me paré antes de que fuera más que un simple beso. Aquello estaba mal.
-Escucha, Elisa-me dijo él, sorprendiéndome-. Tenemos que hablar.


-Joder-le dije a Gus por enésima vez-. Sé que no tenía que haberlo escuchado pero, ¿qué querías que hiciera? Estaba en la ducha, y ellos dos ahí fuera, hablando de esas cosas...
-Eh, pequeña, no es tu culpa. Ni aunque no hubieras querido no habrías podido evitarlo. Pero a ver, cálmate y cuéntamelo todo otra vez, porque con tanto estrés no he entendido ni la mitad.
Respiré hondo varias veces y lo miré a los ojos. Después, le cogí de la mano y lo senté en un banco, a mi lado.
-¿Quieres la versión corta o la versión larga?-pregunté.
-La que tú quieras-me respondió él, llevando su mano a mi mejilla tratando de relajarme.
-Vale. Pues... a ver, yo estaba en la ducha y oí cómo Leon llegaba. Después de unos minutos, supongo que estarían besándose, Leon le dijo que tenían que hablar, pero Elisa se le adelantó y le contó todo lo de Stonehenge, lo de Harry, y le dijo que ella no había sido ella misma, que no sabía por qué lo había hecho pero que sabía que él tenía que saberlo. Ella estaba al borde de las lágrimas, y eso que la he visto pocas veces llorar, pero él la debió de coger en brazos o algo porque luego ella se fue calmando. Pero luego él le dijo que él también tenía algo que decirle y le empezó a contar que allí en Alemania, en el funeral de su abuela se había reencontrado con su exnovia, con la que había cortado justo antes de venir aquí, y pasó algo. No lo oí muy bien porque estaba con la ducha y se me cayó el champú al suelo, y...
-Selene, para-me dijo Gus. No sabía ni por qué pero tenía lágrimas en los ojos y no estaba llorando, pero estaba demasiado acalorada de contarlo todo. Si algo me caracterizaba, era la empatía, y siempre que contaba algo me aceleraba y lo sentía como si me estuviese pasando  a mí.
Gus me atrajo hacia sí con una mano y me abrazó, mientras lloraba lágrimas que no eran mías.
-No digas nada-me pidió. Luego, se levantó y me tendió una mano- Vamos a por un helado. Yo invito.

-Gracias, Gus-dije mientras lamía mi helado de vainilla, caramelo y galletas Oreo.
-No hay que darlas. Ahora, si quieres...
-¿Seguir? No hay nada más que contar. Oí cómo se abría la puerta una vez y después otra, y cuando salí del baño no había nadie en la habitación. Solo vi que la ventana estaba abierta.
-¿Y no crees que...
-...que uno de los dos se tirara por la ventana?-terminé yo, lanzándole una mirada asesina. Él se encogió de hombros- Eres tonto.
-Lo sé. Pero por eso me quieres.
-Lo sé-dije mientras me levantaba y me sentaba en la silla vacía que quedaba a su lado y le daba un beso.
-Tus besos saben mejor así, a vainilla-me dijo levantándome y sentándome encima suyo. Sonreí y tomé otra cucharada de helado, esta vez de Oreo.
-¿Y qué tal así?-pregunté, acercándome a él. Sabía de sobra que las Oreo le perdían y por ello me quedé a escasos milímetros de su boca. Cuando él se acercó para besarme, me aparté unos centímetros, pero él me sujetó la espalda y se inclinó para intentarlo de nuevo. Esta vez, se lo permití, y me dio igual que estuviéramos en una cafetería con media ciudad mirándonos. Cuando estaba con Gus era como si todo lo demás desapareciese y solo estuviéramos él, yo, y el helado, por supuesto.
No sé cuanto tiempo estuve besándole, pero sé que cuando volví para mirar el helado, este ya se había derretido. Me reí y me lo bebí de la tarrina, como hacía siempre.
-Te quiero-me dijo Gus.
Sin embargo, no me dio tiempo a responder. La campanilla que estaba situada sobre la puerta tintineó y una figura enfundada en un abrigo entró en el local. Me pregunté quién sería, pues yo estaba en pantalones cortos y en la calle hacía un calor infernal. Cuando se quitó la capucha, me tuve que morder la lengua para no saltar de la sorpresa ni gritar. Leon se sentó en la barra y yo me volví hacia Gus.
-Tenemos que volver. Tenemos que buscar a Elisa.


-Elisa

P.D. No encontraba un título mejor que "?". Y no, a mí tampoco me gusta este capítulo. Mañana subo, lo prometo :)


domingo, 5 de mayo de 2013

Capítulo 13: Preparativos


Habían pasado dos días desde que Leon se había marchado, y no había tenido noticias de él. Harry y yo actuábamos de forma normal, como si nada hubiera pasado. Él seguía con Aitana y cada vez que la veía me dirigía una mirada de odio como la que nadie me había dirigido nunca. Me preguntaba si lo sabría.
Mientras, Selene y Gus habían empezado a salir, con lo cual ella estaba más insoportable que nunca y él la seguía a todas partes. Seguíamos estando juntos, pero ya no era lo mismo. Por lo que la única que me quedaba era Katarina.
En aquellos últimos días había demostrado ser una persona digna de confianza y una buena amiga. Así que entonces me dedicaba a vagar con ella por los jardines o por la ciudad, hablando sobre nosotras mismas y sobre el resto.
Descubrí que venía de San Petersburgo y que tenía novio allí, por ello no se había lanzado a ningún chico en Oxford, como la mayoría había hecho. Cada segundo que pasaba mejor me caía aquella chica y más amigas nos hacíamos. Decidí llevarla a un lugar que había descubierto hacía varias semanas en el centro de Oxford, en un lugar llamado Covered Market. Era una puertecita pequeña con el nombre de Shakespeare’s en la puerta, pero era una maravilla por dentro. Hacían los mejores batidos del mundo, con cualquier cosa. Hasta de Ositos de Haribo...

 google

-Buenos días, bienvenidas a Shakespeare’s. Hoy tenemos una oferta de batidos medianos: dos por tres libras. ¿Os apuntáis?-nos dijo el camarero de pelo negro y rubio que tantas veces me había servido batidos de Cadbury’s Caramel. Le sonreí- Para la dama rubia, lo de siempre, ¿me equivoco?-negué con la cabeza y le devolví la sonrisa.
-Yo tomaré uno de Maltesers, por favor-dijo Katarina.
-Marchando-contestó él, sin perder la sonrisa.
Nos sentamos en una mesita y seguimos hablando hasta que llegaron los batidos. Katarina se maravilló de su sabor e hizo que pidiéramos otra ronda.
Pasamos allí casi dos horas, hasta que nuestros teléfonos sonaron a la vez con el mismo mensaje:
Estudiantes St. Hugh’s College, acudan en media hora a la sala de la televisión, importante. Paul.

La sala estaba ya llena cuando llegamos, y aún faltaba gente por venir. Divisé a Harry, Aitana, Gus y Selene los cuatro en un mismo sofá, así que me fui con Katarina a una de las sillas que estaban en primera fila. Suspiré y deseé que Selene no se hubiera hecho amiga de aquella arpía. ¿Pero en qué estaba pensando? ¿Qué más me daba a mí Aitana? Respira, Elisa, pensé.
No me dio tiempo porque Paul entró por la puerta, seguido de Esther y más monitores.
-Bien, chicos.-dijo cuando nos callamos-. Como sabéis, el lunes que viene comienzan las clases-hubo un revuelo general, y yo me giré para ver a los cuatro del sofá. Selene me sonreía, pero el resto estaban serios.
-Sí, ahora mismo os vamos a dar las carpetas con los libros y el resto de la información-dijo una monitora de pelo corto y negro y llena de piercings-. No me he presentado. Soy Emer Calliby y seré la persona a quien debéis recurrir si tenéis algún problema académico. Yo me ocuparé del resto.
-Bien, cuando diga vuestros nombres, vendréis aquí, cogeréis las carpetas que os correspondan, y saldréis, los de letras por la derecha y los de ciencias por la izquierda.
Me mantuve ausente hasta que dijeron mi nombre, el primero de mi grupo. Me levanté, cogí mis cosas, y salí por la derecha  a esperar al resto.
Poco a poco fue llegando la gente y descubrí que tanto Gus como Aitana estaban en el de ciencias, por lo que aquello me daba libertad para estar con Harry y Katarina, y Leon cuando volviese.
En la sala estaban nuestros profesores, entre ellos Mathew Tyler, el de latín, esperándonos. Nos explicaron las asignaturas que tendríamos y más aspectos sobre las clases, y al final nos dieron los papeles para las optativas. Yo cogí Literatura Universal y Escritura Creativa, al igual que Harry. Katarina se apuntó a Esperanto y Economía, y yo escogí por Leon las que él me había dicho: Literatura Universal y Proyecto de investigación: Runas Antiguas. Genial, tendría una clase con Harry y Leon a la vez, aparte de las generales. Genial.
Cuando nos dejaron salir, nos reunimos todos en los jardines. Gus, Selene y Aitana estaban ya esperando, sentados bajo el roble de siempre, y nos unimos a su charla. Odié a Selene infinitamente porque parecía que se había olvidado de mí y se había hecho amiguísima de Aitana, lo cual me molestaba, aunque no estaba muy segura del porqué. Tal y como hablaba, me hacía odiarla más aún, parecía que se creía la mejor solo porque venía de una familia rica con posesiones en todos los continentes. 
Estaba hablando con Katarina cuando me sonó el móvil. Era Leon. ¡Por fin!
Me levanté corriendo de la hierba y corrí hasta alejarme un poco de la gente. Cuando cogí, ya había colgado, pero me senté a esperar que llamase otra vez. Sin embargo, alguien se sentó detrás de mí. No me giré, podía oler su perfume a tres kilómetros a la redonda, y su risita tonta me hizo rodar los ojos y carraspear en alto.
-¿Te han dicho alguna vez que es de mala educación espiar y seguir a la gente, Aitana?
-No, cielo, nunca. ¿Te lo han dicho a ti sobre besar a chicos que ya tienen novia?
Se me heló la sangre. No podía saberlo, no podía haberse enterado. Harry no se lo podía haber dicho, no. No, no y no. Era imposible.
-Lo sé todo, cielo. Lo siento por Harry, aunque bueno, lo siento más por ti porque él no siente nada por ti, a diferencia de lo que sientes tú por él. Siempre se compadeció de las más feas-dijo con una risita.
Me giré con ganas de cruzarle la cara, pero me contuve.
-Sí, cierto, y siempre le ha gustado salir con las más putas.
Se quedó sin palabras por unos instantes, pero volvió a esbozar su sonrisa falsa.
-No te lo voy a negar. Estamos en igualdad de condiciones si te digo que ya le he puesto los cuernos a Harry más de tres veces, o cuatro, ya ni me acuerdo. Tampoco me importa que se entere, no me va a dejar por ti, cielo. Pero tu novio puede que sí te deje si se entera. Si yo fuera tú, se lo diría pronto, no vaya a ser que se me escape.- sería zorra aquella arpía, encima me estaba amenazando. En ese momento, mi móvil se encendió y el nombre de Leon apareció en la pantalla- Si yo fuera tú, se lo diría ahora. No esperes más, cielo. No se lo merece.
Se levantó y se fue, sacudiéndose el pelo y quitándose la chaqueta para dejar ver la mini camiseta que llevaba, que apenas le tapaba nada. Me tiré en la hierba hacia atrás, arrancando las briznas, y descolgué el teléfono.
-Leon.
-Elisa-su voz sonaba diferente. Sería la distancia...
-Gracias a Dios, Leon, ya estaba preocupada.
-Lo siento, no tuve un momento libre hasta ahora para llamarte... ¿Qué tal van las cosas por ahí?
Me lo pensé un momento, pero decidí esperar para decírselo. No quería, pero por mucho que me doliera, Aitana tenía razón. Era mejor que se enterase por mí que por otra.
-Todo bien, hoy nos han dado los libros y todo para empezar las clases el lunes. ¿Vienes el sábado?
-Sí, ya tengo el vuelo, y todo.
-¿Qué tal tu abuela?
Tardó en responder.
-Mal, va mal. Los médicos dicen que dentro de un día le pondrán  ya los calmantes para que no sienta nada, pero aún está consciente. Me pude despedir de ella ayer, y hoy lo haré otra vez, y así hasta que...
-Hasta que se acabe- terminé yo la frase. Pasó unos segundos sin contestar.
-Sí, hasta que se acabe. Pero bueno, no quiero hablar del tema. Cuéntame cómo van las cosas, te echo de menos. Y al resto también.
-Pues verás, hay una cosa que tengo que decirte...-dije ligeramente tartamudeando.
-Dime-respondió él.
-Eh... El otro día, en Stonehenge...- unas voces por detrás me cortaron la voz, unos gritos desgarradores en alemán que hicieron que soltara el teléfono y, por lo que pude oír, Leon también. Oí una conversación, gritos y sollozos, y Leon volvió a coger el móvil.
-¿Leon? ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado?
Tardó de nuevo en responder, pero al final lo hizo.
-Mi abuela se acaba de morir.
Me quedé de piedra. No podía decirle nada en aquella situación. Lo mejor que podía hacer era decirle que lo sentía y colgar, dejarle solo. Pero la voz no me salía y las manos no me funcionaban.
-Me tengo que ir-dijo a duras penas- Ya te llamaré si puedo y...
-Lo siento, Leon-conseguí articular.
-No pasa nada... bueno, sí pasa... Pero ya hablaremos-estaba realmente aguantando mucho, parecía que de un momento a otro iba a romper a llorar- Escucha, ya hablaremos, ¿vale? Ya me dirás eso que me tenías que decir.
-Vale...
-Te quiero. Y gracias.
No sé como, pero conseguí responderle antes de que colgara.
-Te quiero. Y lo siento.
-No te preocupes. Adiós.
Había pasado por alto que el último “lo siento” no iba a exactamente por su abuela. Me tiré otra vez en el prado, cerré los ojos y maldije en silencio a todo el mundo. Arranqué más hierba y hasta me tiré del pelo. ¿Qué cojones, con perdón de la expresión, iba a hacer yo ahora?

-Elisa
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