No me lo podía creer. Así que
todo aquello había sido un plan, nada había sido real.
Escuchábamos atentos mientras
Elisa nos lo contaba a mí, Gus y Katarina, tomando un batido en Shakespeare’s.
Estábamos todos con la boca abierta cuando Elisa levantó la vista y nosotros
nos giramos. Harry acababa de entrar por la puerta con dos paquetes cerrados
que decían “Ben’s Cookies”. Elisa se levantó.
-No sabía que hubiera tanta
gente. Tendremos que compartir las galletas-dijo Harry, levantando los paquetes.
-La compartirás tú-contestó
Elisa-. Yo no comparto Ben’s Cookies.
Todos reímos y le hicimos un
hueco a Harry. Se sentó entre Elisa y yo y cuando le dio un beso en la mejilla
ella se sonrojó. Todos cruzamos una mirada entre nosotros y nos echamos a reír.
Después abrimos las galletas de chocolate y la puerta de Shakespeare’s se abrió
de nuevo.
-He invitado a alguien-dijo
Harry-. Espero que no os importe, pero tiene algo que decir.
Aitana entró y dejó su paraguas
azul en el paragüero que había en detrás de la puerta. Se acercó a nosotros con
la sonrisa más sincera que le había visto nunca y acercó una silla como
pidiendo permiso. Nadie dijo nada, por lo que se sentó entre Harry y yo.
-Supongo que ya lo sabéis
todo-dijo mirándonos uno a uno-. Pero igualmente, os debo una explicación. Y
una disculpa-añadió mirando a Katarina.
-No...-comenzó ella. Pero Aitana
la calló con un gesto de la mano.
-Siempre quise ser la más
popular, la que más amigos tenía y a la que todo el mundo quería. Siempre
acababa siendo la marginada que no tiene amigos, aquella que parece una puta y
no lo es. Las cosas nunca acababan bien. Cuando me dieron esta beca, me dije
que eso no volvería a pasar, que aquí todo sería diferente. Pero me equivoqué.
Convencí a Harry de que me ayudara pero las cosas no acabaron siendo como yo
quería-hizo una pausa y posó sus ojos en Elisa-. El chico que me gustaba ya
tenía a una chica, y no era yo. Me empecé a poner celosa, empecé a hacer cosas
que nunca habría imaginado. Se me fue de las manos. Y por ello, quiero deciros
que lo siento. Y que lo entenderé si no me queréis perdonar. La verdad es que
estoy acostumbrada a estar sola...
Elisa no la dejó terminar.
Aquella mujer... Siempre se acababa compadeciendo de la gente, hasta del más
cruel. Se separó un poco de la mesa y le dio un abrazo a Aitana. Esta le
correspondió con lágrimas en los ojos. Todos sonreímos.
La gente no es tan mala como
piensas, al fin y al cabo.
Esperaba no verlo aquel día.
Habían pasado solo tres días desde que... bueno, desde que todo había cambiado.
Y se escondía, lo máximo que había visto de él había sido una foto. Harry decía
que su habitación llevaba cerrada desde entonces. Mejor.
Las clases comenzaban ese día.
Obviamente, lo iba a ver, pues teníamos más de la mitad de las clases juntos.
Pero no lo vi en el desayuno, cuando Paul se subió encima de la mesa de los
profesores gritando que tenía algo que anunciar.
No todos los días era igual,
había algunos que ni siquiera sabíamos quién había salido elegido. “Sois 365,
como los días del año entero que vais a estar aquí. Cada día, será el día de
uno de vosotros, ese día, seréis lo más importante, todo girará en torno a
vosotros”. Por entonces, solo había habido dos cosas diferentes: una, sacar un
premio del bombo y dos, que todo el mundo tuviera que hacer algo por ti. Como
cuando salió un chico gigante, que venía de Kenya, y estaba muy asustado porque
nadie la hablaba por su color de piel. Nos tuvimos que pintar todos la piel de
negro para que se sintiera mejor, y estar todo el día así. Fue genial, y el chico,
Kitar, consiguió hacer amigos.
Pero aquel día, cuando Paul se
subió a la mesa, tuve un mal presentimiento. Solo podía mirar a mi taza de
chocolate caliente y mi croissant, sin tocar sobre la mesa. Ni siquiera me di
cuenta de que Harry y Gus se sentaron a mi lado sin decir palabra. Oía a Paul
hablar, pero no le escuchaba. Pero sus últimas palabras me hicieron levantar la
mirada.
-Y hoy, el elegido
será...-aguanté la respiración. Busqué con la mirada a Leon, pero no lo vi por
ninguna parte. Selene, Aitana y Katarina aún no habían bajado, así que me volví
hacia Harry y Gus.
-¿Qué te pasa?-me preguntaron a
la vez.
No pude contestar. Una voz resonó
en todo el comedor, un nombre que sería el último que quería oír en aquellos
momentos.
-Leon Wessel-Masannek.
Intenté aparentar indiferencia,
tomando una cuchara y sumergiéndola en la taza. Sin embargo, de la fuerza que
puse, acabé salpicando toda la mesa. Harry me miró y Gus me puso una mano en el
hombro, tratando de calmarme.
Me giré y lo vi entrar por la
puerta.
Estaba igual que siempre, pero
vestía todo de negro. Entró entre aplausos y corrió por entre las cuatro mesas
dispuestas a lo largo del comedor hacia la de los profesores. Contuve el
aliento cuando pasó por delante de mí, pero pasó de largo. Se subió a la tarima
e hizo un amago de sonreír. Me recordó a la última vez que me sonrió a mí...
-Escucha, Elisa-me dijo él, sorprendiéndome-. Tenemos que hablar.
Me quedé callada y simplemente lo dejé hablar. Sonreía, pero no era la
misma sonrisa de siempre. Era diferente.
-Voy a decirlo todo de un tirón. Porque si no no voy a poder. Verás...
-Espera, Leon. Yo también tengo algo que decirte-. Él intentó callarme
pero no pude. Me vi a mi misma contándole todo lo que había pasado en
Stonehenge. Él permaneció callado, hasta me abrazó cuando terminé, medio
llorando, asegurándole que yo no había querido, aunque esa era la primera
mentira que le decía. ¿A quién se lo iba a negar?
-Elisa, no te preocupes, pero lo tenemos que hablar. Yo... hice algo
parecido, con mi ex, en Alemania, fue... muy extraño. Te lo digo porque ahora
mismo no sé lo que quiero, Elisa. Y no tengo nada claro, y si te digo la verdad
no me arrepiento.
También me quedé callada, intentando procesar sus palabras.
-Quiero decir, que ambos tenemos la culpa. Tú hiciste algo mal, y yo
también. Y tenemos que buscar la solución.
-Pero quizás-empecé- la solución sea empezar de cero, Leon. Borrón y
cuenta nueva.
-O quizás, Elisa, sea olvidarse de todo.
No me lo podía creer. ¿Qué estaba diciendo?
-Es lo mejor. Nunca tuvimos nada, Elisa. Ni lo tendremos. Admítelo: no
hay futuro. Es mejor para los dos.
Me levanté de la cama y lo miré a los ojos, y me acordé en ese momento
de que Selene estaba en el baño, porque la ducha había dejado de sonar.
-¿Me estás diciendo que te arrepientes de estas semanas que hemos
pasado juntos? ¿De todo?-le pregunté, clavando mi mirada en la suya, buscando
la sinceridad en él.
-Te estoy diciendo-dijo poniendo sus manos en mis hombros. Yo me zafé
de su tacto y me fui hacia la ventana. Él resopló y continuó- que es lo mejor
para los dos.
-¿Qué es lo mejor el qué? ¿Que así de repente dejemos de hablarnos?
¿Que nos tratemos como extraños? ¿Que olvidemos una parte de nuestro pasado sin
ningún “volver atrás? ¿Es eso lo que quieres?-grité de una vez- Porque si era
eso lo que siempre quisiste, no sé ni porqué en un principio me pediste ir al
baile, por ejemplo. O me besaste en Londres. O me llamaste el otro día...
Él se llevó las manos a la cabeza y se dio la vuelta.
-Sí así es como quieres ponerlo, Elisa. Que así sea.
Le mantuve la mirada y busqué la sinceridad en sus ojos. Pero no
encontré nada. Me aparté de la ventana, conteniendo las lágrimas, y salí de mi
propia habitación, dando un portazo, corriendo a buscar a alguien.
El recuerdo casi me arranca las lágrimas y escondí la cabeza. Sentí un abrazo pero no sabía si era Gus o Harry, y la verdad me daba igual. Volví a oír la voz de Paul, rompiéndome en dos más aún que antes.
-Durante el día de hoy, vamos a hacer algo especial por este chico que ha perdido recientemente a un familiar querido. Todos vamos a escribirle una carta, como si fuera una de estas que escribes a las revistas, contándole cualquier cosa, porque de verdad ayuda. Y también, sería una buena idea dirigirle la palabra cada vez que lo veáis por los pasillos. Contaremos las cartas, así que no intentéis escabulliros. Para la mejor carta, habrá premio-dijo guiñándonos un ojo, y bajó de la tarima. Todo el mundo comenzó a hablar, emocionados por las cartas. Yo me quise morir en aquel momento. Vi a Leon bajar también y coger su bandeja para sentarse en mi misma mesa, pero en el extremo de la puerta.
No lo aguantaba más. Me levanté de un golpe y salí corriendo del comedor, necesitaba tiempo para mí misma. Ni siquiera me volví cuando unas voces gritaron mi nombre. Ni siquiera me paré cuando me choqué con alguien que entraba en el comedor. Ni siquiera me paré a pensarlo un segundo...
-Elisa





