Por fin lo había encontrado.
Estaba metido en una calleja que salía del centro de la ciudad, pero era el
mejor y el más grande. La sala de pesas estaba llena, pero decidí retirarme a
una de las pequeñas salas que solo tenían un par de pesas y un saco de boxeo.
Había mantenido la mente ocupada en
diversas cosas para no pensar, pero en el momento que cogí los guantes de boxeo
y di el primer puñetazo, tal y como me había enseñado mi profesora en España,
me atacó todo. La verdad era que no tenía derecho a sentirme mal, primero no
estábamos saliendo y segundo yo le había hecho lo mismo a Leon, así que lo
único que tenía que hacer era aprender a pasar de él. La verdad era que sí,
había llegado a quererle, pero las cosas no habían sido como yo pensaba. Por
ello lo que más me apetecía hacer era irme a algún lugar en el que nadie me
encontrara y en el que pudiera descargarme.
Y ahí estaba pegando puñetazos
incansables. Había llevado mi segunda ruptura mejor que la primera. Cuando lo
había dejado con mi anterior novio, Jorge, justo antes de que las vacaciones
empezaran, había estado una semana entera sin saber qué hacer. Pero claro, con
él si que había estado en serio. Con Leon no. Esa era la diferencia.
Justo encima de un cuadro con
tablas y ejercicios había un reloj. Con cada tic-tac el saco se balanceaba y de
tanta fuerza que estaba poniendo llegaba a tocar la pared. Marcaba ya las
cuatro y media, debía de llevar allí al menos dos horas. Me senté contra la
pared opuesta al reloj y me quité el chándal que llevaba para ponerme unos
pantalones cortos de baloncesto. Estaba tan acalorada que me quité la camiseta
y me quedé simplemente en el sujetador deportivo que llevaba, sentada en el
suelo, con los ojos cerrados.
Unos golpes en la puerta unos
minutos después me hicieron abrir los ojos de par en par.
-Ocupado-grité, sin siquiera
levantarme.
-¿Estás segura?-contestó una voz
que conocía demasiado bien. Me incorporé de golpe. Aparté el saco de mi camino y
me di cuenta de que aún tenía puestos los guantes. No me molesté en quitármelos
y desbloqueé la puerta.
Una de dos: o estaba lloviendo
fuera o Harry estaba sudando a chorros. Tenía el pelo completamente mojado y la
ropa se le pegaba al cuerpo. Aún tenía la sudadera puesta, así que deseché la
segunda opción. Miré hacia fuera, hacia los ventanales y vi como la lluvia
arremetía contra ellos. Mierda. Había traído el paraguas que más odiaba conmigo.
-No sabía que venías aquí-me
dijo, entrando y quitándose la sudadera. La tiró por el suelo y se quitó las
zapatillas a patadas.
-Hola a ti también-dije- Tampoco
sabía yo eso de ti. Es igual, es mi primer día...-contesté, sin perder el
contacto visual con él. Aún tenía muy reciente la conversación que habíamos
oído a escondidas de él y Aitana, y no entendía lo que él estaba haciendo.
-¿Es tu primer día también con el
boxeo?-preguntó, cogiendo el saco con las dos manos y atrayéndolo hacia él.
-No, llevo haciéndolo años.
-¿Ah sí? Pues veamos como lo
haces.
Sin perder la mirada desafiante,
se acercó a los guantes que estaban colgados detrás de la puerta y se los puso
sin dejar de sonreír. En ese momento me di cuenta de que no llevaba la camiseta
y me giré, llevándome las manos a la cabeza y cogiéndola rápidamente. Oí a
Harry reír por detrás mientras me la pasaba por la cabeza.
-No te preocupes. No me importa.
-Ya, pero a mí sí.
-Pero , ¿quién es el que siempre
gana?-dijo él caminando hacia mí.
-¿Qué te crees, mejor que yo, Styles?-era
la primera vez que lo llamaba Styles, y pareció gustarle.
-Pues va a ser que sí, Fernández.
-Voy a tener que sorprenderte,
entonces- dije apretándome los guantes.
-Estoy esperando-dijo abriendo
los brazos. Aproveché ese instante de distracción para lanzarle un puñetazo al
estómago y él gritó, más de sorpresa que de dolor. Esbocé una sonrisa de
suficiencia y descolgué el saco, tirándolo por el suelo. Cuando él se
recompuso, le pisé un pie y me di la vuelta para bloquear su puño volando hacia
mi barriga.
-Nunca intentes pegar a una chica
en los ovarios, Styles. Lo lamentarás.
Dicho y hecho, él apuntó hacia
esa parte, pero erró por varios centímetros, y me di la vuelta rápidamente para
que en vez de mi barriga fuera mi espalda la que recibiera el puñetazo. Estaba
poniendo poca fuerza como me esperaba. Bien, sería más fácil de lo que pensaba.
-Te avisé. Y el que avisa, no es
traidor.
En un abrir y cerrar de ojos se
dobló de dolor, con las manos justo en el punto donde sus pantalones empezaban.
No había querido darle más abajo por precaución, sabía lo mucho que les dolía
aquello y no quería hacerle sufrir tanto.
-Te subestimé. Pero no te preocupes.
Solo estaba al 50%. Ahora verás lo que es bueno.
Comenzamos una batalla silenciosa
y lenta, con golpes meditados y la mayoría bloqueados, pero un par de ellos
serían moratones al día siguiente. Era como bailar una danza, pero pisando
huevos. Cada paso que dabas podía ser en falso, podía darle al otro la
oportunidad que estaba buscando. Por ello, cuando caminé hacia atrás buscando
parar uno de sus golpes apuntado a mi boca, levanté la mano y perdí mi centro
de gravedad. Entonces él, en vez de seguir la trayectoria de su mano, me miró a
los ojos, sonrió y me pegó una patada que, aunque fue suave, bastó para
derribarme al suelo. Él se tiró encima de mí, con cuidado, y puso una pierna a
cada lado.
-Tres, dos... uno... kao-sentía
su aliento acelerado sobre mi cara y el corazón amenazaba con salirse de mi
caja torácica. Me intenté convencer que era por el ejercicio, pero la
proximidad de Harry no me dejaba pensar con claridad. Mis ojos estaban fijos en
los suyos. Notaba sus abdominales subir y bajar, y me di cuenta de que teníamos
las respiraciones acompasadas. Él estaba quieto, no daba indicios de
levantarse, así que le empujé y me senté en el suelo. Parecía desconcertado.
-Pensé que tú y Leon...-empezó.
-Sí, yo y Leon. Pero no tú y
Aitana. Ya pasó una vez Harry. Y no va a volver a pasar. “Tú estás con Leon, y
yo con Aitana. Y así es como tienen que ser las cosas”, me dijiste. Yo ya no
estoy con Leon. Pero tú si estás con Aitana. Así que lo siento.
Cogí todas mis cosas y hasta
volví a colgar el saco de boxeo en el gancho del techo. Después, me quité los
guantes y los dejé en su sitio. Abrí la puerta y me fui directa al vestuario
femenino, sin volver la vista atrás.
Me di toda la prisa que pude, no
me duché y simplemente me lavé la cara y me cambié de ropa. Ya empezaba a hacer
frío en Oxford así que me puse el chándal que llevaba y un abrigo por encima.
Me solté el pelo y salí corriendo, diciéndole adiós a Matt, el chico de la entrada.
Vi su pelo rizoso antes de abrir
la puerta. Estaba esperando en la acera de en frente, empapándose bajo la
lluvia. Salí del gimnasio y abrí mi paraguas negro, el cual odiaba, tapando mi
visión con él. Comencé a caminar por la calle sin cruzar, intentando ignorarle.
Dejé de intentarlo cuando se cambió de acera y se situó justo detrás de mí. Me
giré.
-¿Qué quieres, Styles?
-¿Desde cuando me llamas Styles?
-Desde ahora. ¿Qué
quieres?-repetí. Él se acercó a mí y, como yo no me aparté, se metió debajo de
mi paraguas, salpicándome de gotas por todas partes. Aparté la vista y miré al
suelo.
-¿Podemos hablar?-me preguntó.
-No-le respondí, alzando mi
paraguas y alejándome de él.
Tardó en reaccionar y volver a
correr hacia mí. Me giré y lo vi dando grandes zancadas, con su lado más
vulnerable vuelto hacia mí. Cuando llegó a mi altura, con la ropa chorreando
aún más que antes y el agua corriéndole por la cara, se paró en seco.
-Si no quieres hablar, vale. No
hablaremos-gritó para hacerse oír por encima del ruido de la lluvia.-Pero no
puedes evitar que haga esto.
Acto seguido me cogió de la
cintura y me atrajo hacia sí, yo me quedé paralizada, aferrándome al paraguas.
-Hay algo que debes saber. El día
que llegamos, cuando conocí a Aitana, me dijo que necesitaba mi ayuda para
algo. Había un chico, un chico que le había gustado desde el primer momento que
lo había visto, y que si por favor me podía hacer pasar por su novio para que
todo fuera más fácil. Ella actuaría como una diva, como si se creyera la mejor.
Y yo al principio acepté, pensando que aquel chico era yo. Pero luego me di
cuenta. Te odiaba, a ti. Y no a otra chica. Era Leon quien le gustaba, no yo.
Nos inventamos una relación, nos peleábamos y volvíamos a estar juntos solo
para hacerlo lo más real posible. Porque su meta era Leon. Y, sin que nadie lo
supiera, mi meta eras tú. Pero la situación se nos fue de las manos. Ella
empezó a abusar de su poder y no veíamos manera de que vosotros dos rompiérais.
Hasta esta mañana, cuando Leon volvió. Aitana estaba justo debajo de tu
ventana, la cual estaba abierta, y lo oyó todo. Y no dudó en contármelo. Y creo
que el resto ya es historia. Así que ya ni hay tú y Leon ni hay yo y Aitana.
Solo hay tú y yo.
Me quedé casi sin respiración.
Era demasiada información de golpe para unos pocos minutos.
-Harry...
-Entiendo que acabas de dejarlo
con Leon. Pero...
-No, Harry. No dejamos nada
porque nunca lo tuvimos. Osea quiero decir, nunca estuvimos juntos ni nada por
el estilo. Yo no quise, porque...-“porque tú estabas por el medio”, quería
decir, pero no pude.
Él me calló con la mirada. Estaba
empezando a hacer mucho calor debajo de aquel paraguas. Me di la vuelta,
intentando pensar con claridad. Me alejé un paso de él, pero aún seguíamos bajo
el mismo paraguas.
-¿Por qué? ¿Por qué me haces
esto?-dije, conteniendo el aliento al sentirlo detrás de mí, respirando entrecortadamente,
su cuerpo completamente pegado al mío.
-Porque eres tú quien me hace
querer buscar el límite del cielo, llegar contigo a él y perderme allí para
siempre-respondió, girándome hasta que me quedé a milímetros de encajar
perfectamente con él.
En ese momento me cayó una gota
de agua en la mejilla. Miré hacia arriba y vi como la lluvia se colaba por un
minúsculo roto que había en mi paraguas. Cuando volví a bajar la vista tenía a
Harry mucho más cerca que antes. Despegó una mano y me quitó la gota con el
pulgar. Después, volvió a bajar la mano a mi cintura.
-Me estás matando, Harry-dije
sonriendo por primera vez. Él rió agachando la cabeza.
-Es a lo que me dedico, pequeña.
No me dio tiempo ni a esbozar una
sonrisa. Sus labios atraparon los míos en menos de un segundo y yo solté el
paraguas para echar mis manos a su cuello. El paraguas, al quedar libre,
interrumpió nuestro beso, cayendo sobre nuestras cabezas, pero no nos importó.
Acabó cayendo al suelo mientras nosotros nos besábamos en medio de la calle y
bajo la lluvia, ajenos al resto del mundo, empapándonos de agua.
Un coche que pasaba por esa calle
pasó por encima de un charco, el cual nos mojó aún más. Nos separamos unos
centímetros para dirigirle una mirada asesina al conductor, que nos pitó, y vi
cómo mi paraguas negro, el cual tanto odiaba, giraba la esquina llevado por el
viento. Me volví a concentrar en Harry, pero no hizo falta. Él ya había vuelto
a acortar la distancia y ahí estábamos, besándonos bajo la lluvia, sin nada que
importara más que nosotros mismos.
-Definitivamente-dijo él cuando
nos apartamos-. Tenemos algo para
los besos bajo la lluvia.
Sonreí y le abracé, sintiéndome
de verdad feliz por primera vez en varios días.
-Elisa

ASDFGHJKLÑ
ResponderEliminar*Selene callendo al suelo*
*Selene muerta*
*Selene reviviviendo*
ASDFGHJKLSDFIUJBNREANGJFDQWERFGVBPOIJNMDFGHJVNHT
:)
Jajajajajajajajajaja cayendo es con y :)))) pero te quiero igual, no te mueras que no puedo vivir sin tiiiiiiiiiiiiiii
Eliminarasfhalskdahjsgfaksjdlaskdhajdsgdajsldkajfjasgdjkasdlalsdñasldajsdah yo también te odio quiero. :)