martes, 26 de marzo de 2013

Capítulo 1: Oxford



El despertador de mi mesilla de noche sonó, como cada mañana, a las seis y media. Alargué mi mano para apagarlo de un manotazo, pero fallé, y tiré mis gafas, que estaban encima del libro que había estado leyendo la noche anterior, Anna Karénina. Con un gruñido, me levanté y pulsé el botón del despertador. Bostecé repetidas veces y entonces miré a mi alrededor. Estaba descolocadísima, no recordaba nada del día anterior. Pero entonces un gritó desde el baño me devolvió a la realidad. Acababamos de llegar a nuestro nuevo colegio, mi amiga Selene y yo. Por suerte, nos habían dejado irnos juntas, ya que al pedir el bachillerato en el extranjero no siempre te daban lo que querías. Pero a ella y a mí, gracias a nuestras notas y a nuestro nivel en idiomas, nos lo habían dado allí, en Oxford. Íbamos a asistir a clase en uno de los colleges de allí, el St. Hugh's, el cual habían habilitado para aceptar a trescientos sesenta y cinco jóvenes de 16 años de todo el mundo, uno por cada día del año. Habíamos tenido una suerte...
-¡ELISA! ¡LEVÁNTATE, VAGA! ¡VAMOS A EXPLORAR LA CIUDAD!- me gritó Selene desde el baño. Muy a mi pesar, me quité los pantalones cortos del pijama, me puse unos de chándal, mis zapatillas de andar por casa, y fui hasta el baño, donde me la encontré ya preparadísima.
-Sele, estás loca. ¿A qué hora te has levantado?
-A las cinco. A mí esto del jet lag no me va bien...
-Selene, hay diferencia de una hora entre España e Inglaterra. Es imposible que tengas jet lag-dije entre risas, abrazándola, sus cabellos morenos haciéndome cosquillas en el cuello. Era más bajita que yo, y siempre me metía con ella por eso, pero nos llevábamos mejor imposible. La había conocido hacía cuatro años, cuando nos pusieron juntas en el instituto, y me había cautivado aquella niña de pelo moreno y ojos verdes que cambiaban según la luz que no tenía miedo a nada. Estaba demasiado contenta de poder estar allí con ella. Todo era perfecto.
-Ya estuve investigando-dijo ella entre risitas-. Estamos en un ala del college que se llama Main Building, y todas nuestras clases se imparten en el Mary Gray Alley. Somos de las pocas que tenemos habitación doble con baño, y el piano es único en todo el college, excepto por los que hay en la sala de música. La biblioteca es gigante, tiene...
-Espera. ¿Hay biblioteca?-la corté, mis ojos grandes como platos. Adoraba los libros, al igual que ella, pero yo tenía una obsesión mayor. La primera sonrisa del día ya adornaba mi cara, haciendo que pequeñas arruguitas adornaran las esquinas de mis ojos verdes-azules-grises-nadiesabedequécolor. Selene rió.
-Venga, vístete, vaga, y vamos a dar una vuelta.
Me echó del baño gritándome que me pusiera guapa, aunque siempre me lo dice, y sabe que acabo yendo en chándal. Abrí mi armario, toda mi ropa descolocada. La había tirado allí al llegar a nuestra habitación, estaba agotada del viaje, pero me había puesto a leer. Tenía que leer siempre antes de dormir, si no, no coinciliaba el sueño.
Me acabé decidiendo por unos pantalones grises y una camiseta azul de tirantes con un jersey blanco por encima. Me calcé mis vans negras y me dediqué a desenredar mi horrible pelo, que no sabía ni él mismo de qué color era. De pequeña era pelirroja, pero después, hasta los 13 años, tuve el pelo bastante oscuro, y ahora se me estaba aclarando otra vez, tenía mechas rubias y pelirrojas por toda la cabeza. Me hice una trenza de espiga que me caía hasta la cintura y me eché mi colonia favorita, Lovely by Garage, importada desde Canadá. Después le grité a Selene:
-¡Selene, hay que buscar un gimnasio en la ciudad!
-Sí, pesada. Pero vas a ir tú sola, cielo, yo no pienso acompañarte. Además, ya estás perfecta, no tienes un ápice de grasa y eres más fuerte que la mayoría de los tíos. La que debería ir sería yo, pero... sí, demasiada vagancia-añadió entre risas. Era mentira. Verdad, yo hacía muchísimo más deporte que ella, pero Selene era delgada por naturaleza, y todo le quedaba  bien, mientras que yo a veces tenía problemas para encontrar la ropa que me quedara bien por mi altura. Pero ninguna de las dos nos quejábamos, solo nos mofábamos la una de la otra.
-Maquíllate, Elisa, quién sabe qué chicos habrá por Oxford...
-No me apetece...
-Maquíllate, o te maquillo yo.
A regañadientes, me dejé echar un poco de base y rimmel, pero me negué al ver las sombras de mi amiga y el colorete.
-No gracias. No quiero parecer una Barbie.
Ella se encogió de hombros y lo guardó todo en el baño. Su parte de la habitación estaba impoluta, nada fuera de sitio, mientras que la mía era identificable, todo estaba tirado por ahí. Ella cogió su bolso a juego con el vestido rosa que llevaba y sus sandalias marrones, y yo metí algo de dinero en mis zapatillas, el móvil en el bolsillo, y me colgué las llaves de la hebilla del cinturón. Selene soltó un bufido y yo la abracé, abriendo la puerta y cerrándola detrás de nosotras con llave.


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