El college en el que estábamos era una pasada. Tenía muchos terrenos y hasta un pequeño bosque al fondo. El comedor era como de película, y echamos un vistazo a un menú que no estaba nada mal. No nos cruzamos con nadie, todo el mundo debía de estar durmiendo, aunque había gente que no había llegado aún. Sin embargo, al llegar a una sala con sofás de colores y una televisión gigante, había un chico joven en la puerta.
-Hola, chicas-nos dijo con una sonrisa en la cara. Era pelirrojo, de ojos negros, y muy alto, rondando los treinta años- Soy Paul Black, uno de los monitores de tiempo libre del college. Sois las primeras en levantarse, así que os enseñaré el sitio. Habláis bien el inglés, ¿verdad?-íbamos a responder, cuando Paul prosiguió con una sonrisa- Qué estupidez, claro que sabéis, sino no estaríais aquí. Bien, ¿con quién tengo el placer de hablar?
Me adelanté, como siempre, Selene era un poco más tímida que yo en cuanto al inglés.
-Me llamo Elisa Fernández, y esta es mi amiga Selene Pérez. Somos españolas.
-Ah, sí, sí, sois las únicas españolas del college. Normalmente tenemos más españoles, pero este año hay muchísimos alemanes. Así que tuvimos que bajar el número. Bueno, chicas, ¿vamos?
Asentimos, y Paul nos llevó por unas escaleras abajo. Había una sala con una mesa de mezclas y sillones, dos futbolines, un billar, y un pequeño bar. Luego nos sacó a los jardines, contándonos la historia del college y de Oxford. La verdad es que era majísimo. Hacia las ocho, nos llevó al comedor.
-Acaba de abrirse el desayuno. Os dejo que comáis tranquilas. Anunciaremos la primera reunión hacia la hora de cenar, así que podéis visitar la ciudad o quedaros aquí. En esta mesa, justo a la entrada, encontraréis planos, el menú, descuentos en ciudad, planificaciones de la semana, del mes... Pondremos de todo. Si tenéis alguna pregunta no dudéis en venir a nuestra oficina.
Antes de que pudiera irse, lo llamé.
-¿Y la biblioteca?
-Ah-dijo con una sonrisa-. Me alegra que te intereses. Aún no está abierta, la pondremos en funcionamiento la semana que viene. Sin embargo en la ciudad tienes varias, aparte de la Bodleiana, donde hay un ejemplar de cada libro impreso en Inglaterra.
-Wow. Eso es genial. Bien, gracias Paul.
Se alejó con una sonrisa, como siempre, y entramos en el comedor. Cogimos las bandejas y hablamos con las cocineras. Nos dijeron que, al ser fin de semana, teníamos desayuno inglés, por lo que había salchichas, judías, huevos, bacon....
Maravilladas, llenamos nuestros platos, y nos sentamos frente a dos calientes tazas de chocolate caliente. Desayunamos, observando a la gente de nuestro alrededor. No había mucha gente levantada a esas horas, pero podíamos ver a todos los asiáticos ya casi terminando. Eran más o menos cincuenta, y luego destacaban un par de chicas seguramente nórdicas, rubias, guapísimas. Suspiré, y oí a Selene bufar. Con chicas así en el college no teníamos ninguna posibilidad con los chicos, pero ¿quién sabe?
Al final de la mesa que estaba más cerca de las ventanas de la derecha había un chico solitario, de pelo rizado y penetrantes ojos verdes, que sorbía ruidosamente su taza de té mientras leía la prensa. Era demasiado perfecto, como un chico de película. Me sorprendí mirándolo cuando Selene me dio un codazo, apuntando con la cabeza a una chica alta que acababa de entrar en el comedor, con claros aires de superioridad. Era altísima, pero quizá fuera porque llevaba tacones, y un vestido demasiado corto que dejaba entrever sus pechos. Tenía el pelo negro como el carbón, liso y largo, y los ojos marrones. Era una chica del montón, pero parecía creerse lo mejor. Miré a Selene, con la ceja levantada, y no pude evitar una risita al ver su cara de qué-narices-hace-esta-aquí. La chica nos miró, con una sonrisa de suficiencia, y tuve que sujetar a Selene antes de que pudiera levantarse.
Con grave decepción, observé como la chica se sentaba demasiado cerca del chico en el que me había fijado antes, y con pena me volví a concentrar en mi chocolate. Ya habría más chicos.
Sin embargo, pude oír como un chico rubio, con un fuerte acento alemán, se le acercaba y se presentaba como Leon Wessel. Después, su voz grave atrajo mi atención, y pude ver como decía con una sonrisa:
-Soy Harry, Harry Styles. Encantado de conocerte, Leon.
-Elisa
Imagen de weheartit

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