Habían pasado dos días desde que Leon
se había marchado, y no había tenido noticias de él. Harry y yo actuábamos de
forma normal, como si nada hubiera pasado. Él seguía con Aitana y cada vez que
la veía me dirigía una mirada de odio como la que nadie me había dirigido
nunca. Me preguntaba si lo sabría.
Mientras, Selene y Gus habían
empezado a salir, con lo cual ella estaba más insoportable que nunca y él la
seguía a todas partes. Seguíamos estando juntos, pero ya no era lo mismo. Por
lo que la única que me quedaba era Katarina.
En aquellos últimos días había demostrado
ser una persona digna de confianza y una buena amiga. Así que entonces me
dedicaba a vagar con ella por los jardines o por la ciudad, hablando sobre
nosotras mismas y sobre el resto.
Descubrí que venía de San
Petersburgo y que tenía novio allí, por ello no se había lanzado a ningún chico
en Oxford, como la mayoría había hecho. Cada segundo que pasaba mejor me caía
aquella chica y más amigas nos hacíamos. Decidí llevarla a un lugar que había
descubierto hacía varias semanas en el centro de Oxford, en un lugar llamado Covered
Market. Era una puertecita pequeña con el nombre de Shakespeare’s en la puerta,
pero era una maravilla por dentro. Hacían los mejores batidos del mundo, con
cualquier cosa. Hasta de Ositos de Haribo...
-Buenos días, bienvenidas a Shakespeare’s.
Hoy tenemos una oferta de batidos medianos: dos por tres libras. ¿Os
apuntáis?-nos dijo el camarero de pelo negro y rubio que tantas veces me había
servido batidos de Cadbury’s Caramel. Le sonreí- Para la dama rubia, lo de
siempre, ¿me equivoco?-negué con la cabeza y le devolví la sonrisa.
-Yo tomaré uno de Maltesers, por
favor-dijo Katarina.
-Marchando-contestó él, sin
perder la sonrisa.
Nos sentamos en una mesita y
seguimos hablando hasta que llegaron los batidos. Katarina se maravilló de su
sabor e hizo que pidiéramos otra ronda.
Pasamos allí casi dos horas,
hasta que nuestros teléfonos sonaron a la vez con el mismo mensaje:
Estudiantes St. Hugh’s College,
acudan en media hora a la sala de la televisión, importante. Paul.
La sala estaba ya llena cuando
llegamos, y aún faltaba gente por venir. Divisé a Harry, Aitana, Gus y Selene
los cuatro en un mismo sofá, así que me fui con Katarina a una de las sillas
que estaban en primera fila. Suspiré y deseé que Selene no se hubiera hecho
amiga de aquella arpía. ¿Pero en qué estaba pensando? ¿Qué más me daba a mí
Aitana? Respira, Elisa, pensé.
No me dio tiempo porque Paul
entró por la puerta, seguido de Esther y más monitores.
-Bien, chicos.-dijo cuando nos
callamos-. Como sabéis, el lunes que viene comienzan las clases-hubo un revuelo
general, y yo me giré para ver a los cuatro del sofá. Selene me sonreía, pero
el resto estaban serios.
-Sí, ahora mismo os vamos a dar
las carpetas con los libros y el resto de la información-dijo una monitora de
pelo corto y negro y llena de piercings-. No me he presentado. Soy Emer Calliby
y seré la persona a quien debéis recurrir si tenéis algún problema académico.
Yo me ocuparé del resto.
-Bien, cuando diga vuestros
nombres, vendréis aquí, cogeréis las carpetas que os correspondan, y saldréis,
los de letras por la derecha y los de ciencias por la izquierda.
Me mantuve ausente hasta que
dijeron mi nombre, el primero de mi grupo. Me levanté, cogí mis cosas, y salí
por la derecha a esperar al resto.
Poco a poco fue llegando la gente
y descubrí que tanto Gus como Aitana estaban en el de ciencias, por lo que
aquello me daba libertad para estar con Harry y Katarina, y Leon cuando
volviese.
En la sala estaban nuestros
profesores, entre ellos Mathew Tyler, el de latín, esperándonos. Nos explicaron
las asignaturas que tendríamos y más aspectos sobre las clases, y al final nos
dieron los papeles para las optativas. Yo cogí Literatura Universal y Escritura
Creativa, al igual que Harry. Katarina se apuntó a Esperanto y Economía, y yo
escogí por Leon las que él me había dicho: Literatura Universal y Proyecto de
investigación: Runas Antiguas. Genial, tendría una clase con Harry y Leon a la
vez, aparte de las generales. Genial.
Cuando nos dejaron salir, nos
reunimos todos en los jardines. Gus, Selene y Aitana estaban ya esperando,
sentados bajo el roble de siempre, y nos unimos a su charla. Odié a Selene
infinitamente porque parecía que se había olvidado de mí y se había hecho
amiguísima de Aitana, lo cual me molestaba, aunque no estaba muy segura del
porqué. Tal y como hablaba, me hacía odiarla más aún, parecía que se creía la
mejor solo porque venía de una familia rica con posesiones en todos los
continentes.
Estaba hablando con Katarina
cuando me sonó el móvil. Era Leon. ¡Por fin!
Me levanté corriendo de la hierba
y corrí hasta alejarme un poco de la gente. Cuando cogí, ya había colgado, pero
me senté a esperar que llamase otra vez. Sin embargo, alguien se sentó detrás
de mí. No me giré, podía oler su perfume a tres kilómetros a la redonda, y su
risita tonta me hizo rodar los ojos y carraspear en alto.
-¿Te han dicho alguna vez que es
de mala educación espiar y seguir a la gente, Aitana?
-No, cielo, nunca. ¿Te lo han
dicho a ti sobre besar a chicos que ya tienen novia?
Se me heló la sangre. No podía
saberlo, no podía haberse enterado. Harry no se lo podía haber dicho, no. No,
no y no. Era imposible.
-Lo sé todo, cielo. Lo siento por
Harry, aunque bueno, lo siento más por ti porque él no siente nada por ti, a
diferencia de lo que sientes tú por él. Siempre se compadeció de las más
feas-dijo con una risita.
Me giré con ganas de cruzarle la
cara, pero me contuve.
-Sí, cierto, y siempre le ha
gustado salir con las más putas.
Se quedó sin palabras por unos
instantes, pero volvió a esbozar su sonrisa falsa.
-No te lo voy a negar. Estamos en
igualdad de condiciones si te digo que ya le he puesto los cuernos a Harry más
de tres veces, o cuatro, ya ni me acuerdo. Tampoco me importa que se entere, no
me va a dejar por ti, cielo. Pero tu novio puede que sí te deje si se entera.
Si yo fuera tú, se lo diría pronto, no vaya a ser que se me escape.- sería
zorra aquella arpía, encima me estaba amenazando. En ese momento, mi móvil se
encendió y el nombre de Leon apareció en la pantalla- Si yo fuera tú, se lo
diría ahora. No esperes más, cielo. No se lo merece.
Se levantó y se fue, sacudiéndose
el pelo y quitándose la chaqueta para dejar ver la mini camiseta que llevaba,
que apenas le tapaba nada. Me tiré en la hierba hacia atrás, arrancando las
briznas, y descolgué el teléfono.
-Leon.
-Elisa-su voz sonaba diferente.
Sería la distancia...
-Gracias a Dios, Leon, ya estaba
preocupada.
-Lo siento, no tuve un momento
libre hasta ahora para llamarte... ¿Qué tal van las cosas por ahí?
Me lo pensé un momento, pero
decidí esperar para decírselo. No quería, pero por mucho que me doliera, Aitana
tenía razón. Era mejor que se enterase por mí que por otra.
-Todo bien, hoy nos han dado los
libros y todo para empezar las clases el lunes. ¿Vienes el sábado?
-Sí, ya tengo el vuelo, y todo.
-¿Qué tal tu abuela?
Tardó en responder.
-Mal, va mal. Los médicos dicen
que dentro de un día le pondrán ya
los calmantes para que no sienta nada, pero aún está consciente. Me pude
despedir de ella ayer, y hoy lo haré otra vez, y así hasta que...
-Hasta que se acabe- terminé yo
la frase. Pasó unos segundos sin contestar.
-Sí, hasta que se acabe. Pero
bueno, no quiero hablar del tema. Cuéntame cómo van las cosas, te echo de
menos. Y al resto también.
-Pues verás, hay una cosa que
tengo que decirte...-dije ligeramente tartamudeando.
-Dime-respondió él.
-Eh... El otro día, en
Stonehenge...- unas voces por detrás me cortaron la voz, unos gritos
desgarradores en alemán que hicieron que soltara el teléfono y, por lo que pude
oír, Leon también. Oí una conversación, gritos y sollozos, y Leon volvió a
coger el móvil.
-¿Leon? ¿Estás bien? ¿Qué ha
pasado?
Tardó de nuevo en responder, pero
al final lo hizo.
-Mi abuela se acaba de morir.
Me quedé de piedra. No podía
decirle nada en aquella situación. Lo mejor que podía hacer era decirle que lo
sentía y colgar, dejarle solo. Pero la voz no me salía y las manos no me
funcionaban.
-Me tengo que ir-dijo a duras
penas- Ya te llamaré si puedo y...
-Lo siento, Leon-conseguí
articular.
-No pasa nada... bueno, sí
pasa... Pero ya hablaremos-estaba realmente aguantando mucho, parecía que de un
momento a otro iba a romper a llorar- Escucha, ya hablaremos, ¿vale? Ya me
dirás eso que me tenías que decir.
-Vale...
-Te quiero. Y gracias.
No sé como, pero conseguí
responderle antes de que colgara.
-Te quiero. Y lo siento.
-No te preocupes. Adiós.
Había pasado por alto que el
último “lo siento” no iba a exactamente por su abuela. Me tiré otra vez en el
prado, cerré los ojos y maldije en silencio a todo el mundo. Arranqué más
hierba y hasta me tiré del pelo. ¿Qué cojones, con perdón de la expresión, iba
a hacer yo ahora?
-Elisa


A VER, CACHO PUTA
ResponderEliminar¿Te parece manera de dejar un capítulo? ¿No, verdad? Pues ya está.
Primero de todo: no quiero que Selene (osea yo) sea amiga de Aitana ¿lo pillas? No quiero, me parece muy mal
A Aitana tienes que pegarle una patada en toda la boca, y ya verás como se calla, y creo que ya está jejeje
Te quiero, bueno en realidad te odio, pero ya sabes
No, pero sabes lo que me gusta a mí acabarlos así :3
EliminarLo pillo lo pillo, pero tranqui que ya verás jajaja ya se la pegaré, ya.
Te quiero yo más, ya lo sabes.
(Esto me va a doler): Coincido con Selene; PEGALE UNA PATADA EN LA BOCA, JODER.
ResponderEliminarNo puedo pensar ahora mismo algo más que escribirte :(
Te quierooo petarda
Esa patada en la boca te va a doler cielo. Jajajajaja don't worry.
EliminarBe happy.
Ahora te comento.
Un kisss
te quiero yo también