jueves, 24 de octubre de 2013

Capítulo 21: Un final feliz


La clase de genética era interminable. Y eso que teníamos laboratorio. Y eso que ese día estábamos analizando nuestro propio ADN. Y eso que era Gus quien era mi compañero de laboratorio, y las risas estaban garantizadas. Pero tenía unas ganas inhumanas de que la hora y cuarto que quedaba se esfumase...
Las cosas entre Gus y yo se había estabilizado. Desde que habíamos roto, hacía un par de semanas, había habido tan solo un par de momentos incómodos. Ahora, era prácticamente mi mejor amigo.
Pero esa tarde tenía algo que hacer. No había visto a Niall desde aquella noche, y habíamos quedado en un par de horas...
La puerta del laboratorio estaba abierta. Normal, con tantos mecheros Bunsen por todas partes nos estábamos asfixiando. Asombrosamente, no se oía ningún ruido, tan solo el de las llamas al calentar y unos ligeros choques entre los cristales de los tubos de ensayo. Empezamos a oír unos ligeros sonidos de pisadas y murmullos en el pasillo, y como Gus y yo éramos los más próximos a la puerta, dejamos de hacer lo que estábamos haciendo y nos fijamos en el desierto pasillo. La profesora, ajena a todo, seguía buscando por todo el laboratorio las gafas que le habíamos escondido. En un momento, toda la clase tenía los ojos fijos en la puerta, escuchando silenciosamente, los tubos de ensayo olvidados en las rejillas.
Elisa y Harry aparecieron por el marco de la puerta, intentando aguantar la risa. Después, Elisa me vio y le tiró del pelo a Harry, y desaparecieron por un instante. Oímos risitas en el pasillo y vimos como segundos después aparecían por el pasillo corriendo. Dieron la vuelta y pasaron por delante de la puerta caminando hacia detrás, y después se dedicaron a hacer caras desde las escaleras, mientras la profesora rebuscaba entre los botes de agua destilada.
Vaya dos. Nosotros sufriendo en genética y ellos pirando literatura universal. La vida no era justa.
Volví a centrar mi atención en mi ADN, que ya se estaba formando en finas hebras, pero casi se me cae el tubo cuando oímos un estrépito que venía del pasillo, seguido de muchas risas y un “corre, que nos pillan”. Me asomé a la puerta, y enseguida lo lamenté. Un tufo me invadió y me retiré al laboratorio, no sin antes ver de reojo un grupo de alumnos corriendo, entre ellos Harry, Leon y Elisa, con un paquete de bombas fétidas en los brazos.
Repito. La vida no es justa.

Niall me había pedido que nos encontrásemos en la estación de trenes de Oxford, a un par de kilómetros del St. Hugh’s, por lo que cogí un bus urbano hasta allí. Elisa quería acompañarme, pero le dije que estaría bien. Todos los demás, ella, Harry, Aitana, Leon, Katarina y Gus, se habían ido al cine. Nevaba.
Me bajé del bus y cerré mi abrigo. Saqué la bufanda de la mochila y me la puse. Enseguida vi a un chico con sus características muletas y su pelo rubio, sonriéndome en la distancia. Me hizo un gesto para que me diera prisa y se metió dentro de la estación. Entré detrás de él y me tendió la mano, con un billete.
-Date prisa-me dijo.-El tren a Londres sale en cinco minutos.

Y allí estábamos, sentados frente al Támesis, delante del St. Thomas’ Hospital, donde nos habíamos conocido, con tazas de chocolate caliente en las manos. Había dejado de nevar, pero el suelo estaba cubierto por una fina capa que crujía bajo nuestros pies.
-Bueno...-dijo Niall de repente, interrumpiendo un silencio momentáneo.-Supongo que sabrás que no te he traído aquí para enseñarte el río.
-Me lo imaginaba-respondí, riendo.
-¿Ves a esos tres chicos de allí?-me señaló, apuntando con el dedo a un trío de chicos morenos que estaban sentados en las escaleras. Ellos nos sonrieron y se acercaron.-Son mis amigos. Louis, Zayn y Liam.
Me levanté para saludarlos. Parecían majos, sí, pero no era exactamente conocer a los amigos de Niall lo que yo quería. Estuvieron cinco minutos con nosotros y después se fueron.
Niall me miró como sopesando sus posibilidades. Yo no quería hacerme ilusiones ni imaginar lo que iba a pasar. Empezó a nevar otra vez. Niall se levantó.
-¿Vienes?-me tendió una mano. Se la cogí, y fuimos caminando hacia uno de los puentes, lleno de gente que intentaba cruzar al otro lado para evitar la nieve. Seguimos hacia adelante y cruzamos por un puente desierto mientras nevaba más copiosamente.
-Me encanta la nieve.-comenté, para decir algo.
-Lo sé.-me respondió él, frenando en seco en medio del puente. Desde ahí había unas vistas preciosas. Volví la mirada a Niall, quien apoyó sus muletas en el suelo. Alargó una mano y me quitó la nieve del pelo. Mi corazón latía a mil por hora. Cuando terminó de quitármela toda, me dejó la mano en la nuca y se acercó a mí. Y me besó, como llevaba queriendo que hiciera desde hacía cuatro meses que lo había conocido. Era sorprendentemente fuerte a pesar de su cáncer de mierda, y sus labios eran suaves contra los míos y su boca sabía a chocolate. Seguro que la mía también, pero no me importaba. Por ese instante me olvidé de todo, de las clases, de Gus, del puñetero cáncer, de todo, y solo existíamos Niall, la nieve y yo, mientras su lengua recorría absolutamente toda mi boca y sus manos pasaban de mi nuca a mi espalda. No sé cuánto tiempo estuvimos allí arriba besándonos, pero cuando nos apartamos oímos unos aplausos desde el paseo. Liam, Louis y Zayn estaban aplaudiendo con una cámara de fotos. Aquello sí que iba a ser una foto de película. Y, por una vez, me sentí completamente feliz. Mi vida era  perfecta.
 weheartit

-Elisa

2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. aisss esta iba por ti jajajaja leerías el epílogo, ¿no? (carita del whatsapp del besito x10000)

      Eliminar