La clase de genética era
interminable. Y eso que teníamos laboratorio. Y eso que ese día estábamos
analizando nuestro propio ADN. Y eso que era Gus quien era mi compañero de
laboratorio, y las risas estaban garantizadas. Pero tenía unas ganas inhumanas
de que la hora y cuarto que quedaba se esfumase...
Las cosas entre Gus y
yo se había estabilizado. Desde que habíamos roto, hacía un par de semanas,
había habido tan solo un par de momentos incómodos. Ahora, era prácticamente mi
mejor amigo.
Pero esa tarde tenía
algo que hacer. No había visto a Niall desde aquella noche, y habíamos quedado
en un par de horas...
La puerta del
laboratorio estaba abierta. Normal, con tantos mecheros Bunsen por todas partes
nos estábamos asfixiando. Asombrosamente, no se oía ningún ruido, tan solo el
de las llamas al calentar y unos ligeros choques entre los cristales de los
tubos de ensayo. Empezamos a oír unos ligeros sonidos de pisadas y murmullos en
el pasillo, y como Gus y yo éramos los más próximos a la puerta, dejamos de
hacer lo que estábamos haciendo y nos fijamos en el desierto pasillo. La
profesora, ajena a todo, seguía buscando por todo el laboratorio las gafas que
le habíamos escondido. En un momento, toda la clase tenía los ojos fijos en la
puerta, escuchando silenciosamente, los tubos de ensayo olvidados en las
rejillas.
Elisa y Harry
aparecieron por el marco de la puerta, intentando aguantar la risa. Después,
Elisa me vio y le tiró del pelo a Harry, y desaparecieron por un instante.
Oímos risitas en el pasillo y vimos como segundos después aparecían por el
pasillo corriendo. Dieron la vuelta y pasaron por delante de la puerta
caminando hacia detrás, y después se dedicaron a hacer caras desde las
escaleras, mientras la profesora rebuscaba entre los botes de agua destilada.
Vaya dos. Nosotros
sufriendo en genética y ellos pirando literatura universal. La vida no era
justa.
Volví a centrar mi
atención en mi ADN, que ya se estaba formando en finas hebras, pero casi se me
cae el tubo cuando oímos un estrépito que venía del pasillo, seguido de muchas
risas y un “corre, que nos pillan”. Me asomé a la puerta, y enseguida lo
lamenté. Un tufo me invadió y me retiré al laboratorio, no sin antes ver de
reojo un grupo de alumnos corriendo, entre ellos Harry, Leon y Elisa, con un
paquete de bombas fétidas en los brazos.
Repito. La vida no es
justa.
Niall me había pedido
que nos encontrásemos en la estación de trenes de Oxford, a un par de
kilómetros del St. Hugh’s, por lo que cogí un bus urbano hasta allí. Elisa
quería acompañarme, pero le dije que estaría bien. Todos los demás, ella,
Harry, Aitana, Leon, Katarina y Gus, se habían ido al cine. Nevaba.
Me bajé del bus y cerré
mi abrigo. Saqué la bufanda de la mochila y me la puse. Enseguida vi a un chico
con sus características muletas y su pelo rubio, sonriéndome en la distancia.
Me hizo un gesto para que me diera prisa y se metió dentro de la estación.
Entré detrás de él y me tendió la mano, con un billete.
-Date prisa-me dijo.-El
tren a Londres sale en cinco minutos.
Y allí estábamos,
sentados frente al Támesis, delante del St. Thomas’ Hospital, donde nos
habíamos conocido, con tazas de chocolate caliente en las manos. Había dejado
de nevar, pero el suelo estaba cubierto por una fina capa que crujía bajo
nuestros pies.
-Bueno...-dijo Niall de
repente, interrumpiendo un silencio momentáneo.-Supongo que sabrás que no te he
traído aquí para enseñarte el río.
-Me lo
imaginaba-respondí, riendo.
-¿Ves a esos tres
chicos de allí?-me señaló, apuntando con el dedo a un trío de chicos morenos
que estaban sentados en las escaleras. Ellos nos sonrieron y se acercaron.-Son
mis amigos. Louis, Zayn y Liam.
Me levanté para
saludarlos. Parecían majos, sí, pero no era exactamente conocer a los amigos de
Niall lo que yo quería. Estuvieron cinco minutos con nosotros y después se
fueron.
Niall me miró como
sopesando sus posibilidades. Yo no quería hacerme ilusiones ni imaginar lo que
iba a pasar. Empezó a nevar otra vez. Niall se levantó.
-¿Vienes?-me tendió una
mano. Se la cogí, y fuimos caminando hacia uno de los puentes, lleno de gente
que intentaba cruzar al otro lado para evitar la nieve. Seguimos hacia adelante
y cruzamos por un puente desierto mientras nevaba más copiosamente.
-Me encanta la
nieve.-comenté, para decir algo.
-Lo sé.-me respondió él,
frenando en seco en medio del puente. Desde ahí había unas vistas preciosas.
Volví la mirada a Niall, quien apoyó sus muletas en el suelo. Alargó una mano y
me quitó la nieve del pelo. Mi corazón latía a mil por hora. Cuando terminó de
quitármela toda, me dejó la mano en la nuca y se acercó a mí. Y me besó, como
llevaba queriendo que hiciera desde hacía cuatro meses que lo había conocido.
Era sorprendentemente fuerte a pesar de su cáncer de mierda, y sus labios eran
suaves contra los míos y su boca sabía a chocolate. Seguro que la mía también,
pero no me importaba. Por ese instante me olvidé de todo, de las clases, de
Gus, del puñetero cáncer, de todo, y solo existíamos Niall, la nieve y yo,
mientras su lengua recorría absolutamente toda mi boca y sus manos pasaban de
mi nuca a mi espalda. No sé cuánto tiempo estuvimos allí arriba besándonos,
pero cuando nos apartamos oímos unos aplausos desde el paseo. Liam, Louis y
Zayn estaban aplaudiendo con una cámara de fotos. Aquello sí que iba a ser una
foto de película. Y, por una vez, me sentí completamente feliz. Mi vida
era perfecta.
-Elisa

PERO QUE BONITOOOO. LLORO :'''''')
ResponderEliminaraisss esta iba por ti jajajaja leerías el epílogo, ¿no? (carita del whatsapp del besito x10000)
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