domingo, 8 de septiembre de 2013

Capítulo 18: Los efectos del alcohol


Miré la carta en blanco que tenía delante de mí, mientras oía cómo un centenar de plumas rasgueaban a mi alrededor. Parecía que todos habíamos escogido aquel momento para escribir la estúpida carta, después de llegar de Camden Market, y aquel lugar, la biblioteca. El único lugar en el que yo me sentía a salvo. Decidí garabatear un par de líneas de disculpa y doblar la hoja de papel en forma de sobre, como mi amiga María me había enseñado en España. Después, se la entregué a Paul, el cual frunció el ceño, y salí apresuradamente de la biblioteca.
Sin embargo, no pude salir por la puerta que daba a los jardines. Alguien entró a la vez que yo intentaba salir y me arrastró junto a sí hacia una de las salas de música. Solo tuve que aspirar el aire para saber de quién se trataba.
-Harry-murmuré-. Harry, para, no veo nada, tengo tu pelo en los ojos.
Él no me contestó, se limitó a reírse por lo bajo.
-¡Harry!-le grité, sin poder contener la risa. Él paró.
-Tenemos que hacer el trabajo inicial de literatura juntos, ¿te acuerdas?-me recordó, cogiéndome del brazo y arrastrándome de nuevo. Yo intenté clavar los pies en el suelo pero él tenía más fuerza que yo. Al final acabamos los dos en la misma sala en la que habíamos estado aquel día, tocando los dos juntos. Le recordé a Harry una vez que estuvimos dentro que el trabajo no lo teníamos que entregar hasta el mes siguiente, pero me callé al ver su mirada. Tenía algo de misterio, y aquellos ojos que tanto me gustaban me hicieron perder la noción de todo. Él se sentó, y yo lo imité. No recuerdo cuánto tiempo pasó hasta que él habló.
-En todo este tiempo, desde que dejaste a Leon, solo hemos estado juntos una vez, en el gimnasio.
Me pregunté a qué se refería con “estar juntos”, ya que pasábamos los días en grupo, pero decidí no formular la pregunta. Caí en la cuenta tarde. Se refería a otro tipo de “juntos”. Uno que implicaba estar “solos”.
-Solo me besaste esa vez.-dijo de repente, sin perder mi mirada. Yo no sabía qué decir así que me limité a enredar mis dedos en mi pelo-. Me pregunté por qué, por qué ese rechazo, hasta que me di cuenta.
-¿Cuenta de qué?-no pude resistirme esa vez. Él se levantó, y me cogió de la cintura acercándome a él.
-De que no te había pedido que fueras mi novia.
Fue como si de una patada me hubieran quitado el aire de los pulmones. Hasta ese momento, no me había dado cuenta de lo mucho que quería a Harry, de lo mucho que deseaba aquello. Pero decidí hacerme la dura.
-Cierto, no lo has hecho.-repliqué, apartándome de él tanto como me permitió.
-Culpa de esto a Selene-me dijo, intentando volver a acercarme.
-No metas a Selene, ¿qué tiene ella que ver aquí?-pregunté, haciéndome la tonta y reprimiendo la sonrisa, la misma que veía asomar a los labios de Harry.
-Déjame acabar, impaciente- fue él el primero que se apartó. Rebuscó en sus bolsillos bajo mi mirada atenta hasta sacar una cajita de madera. Mi mente estaba nublada por completo, no sabía qué pensar.
-Repito-me dijo-. Culpa a Selene.
Después, me besó, lentamente, como si tuviera miedo de lo que pudiera pasar. Al ver que yo no me apartaba, me besó con más seguridad. Sentí cómo abría la caja, pero no me separé de él. Segundos más tarde, sentí algo contra mi cuello, rodeándolo, y no eran sus manos, que estaban ocupadas en mi pelo. No sé cómo se arregló para ello, pero cuando nos separamos tenía el precioso colgante que habíamos visto en Camden Market, azul y dorado, puesto sobre la camiseta blanca que llevaba.
-Harry...-empecé. Él intentó besarme otra vez para callarme, pero yo no lo dejé.-Harry-repetí. Clavé mi mirada azul en sus ojos verdes.-Este colgante cuesta más de setenta libras.
-Lo sé-me contestó, devolviéndome el gesto serio.-Considéralo regalo de Navidad, de cumpleaños y de la próxima Navidad.
No pude evitar devolverle la sonrisa.
-No te pases.
-¿Por qué? ¿Es que el novio tiene que mimar más a la novia que viceversa?
-Tradicionalmente sí-respondí, haciendo caso omiso a su mención. Después me lo pensé mejor.- ¿Así que ahora tienes novia, Styles?
-Sí-me respondió él tan francamente que me sorprendió.-Se llama Elisa, y es genial, deberías conocerla.
-Sí, así podré preguntarle cuando accedió a ser tu novia-contesté, acercándome a él.
-Te contestará que ahora mismo-respondió él, volviendo a besarme. Antes de que pudiera entregarme yo también al beso, el se separó.- A no ser que no quieras, claro-añadió con una risa. Yo lo callé con un beso pero ambos fuimos incapaces de aguantar un segundo más. No sé cómo conseguimos besarnos en medio de aquellas risas, pero el caso es que lo hicimos. Cuando por fin calmamos nuestras risas, ya era bien entrada la medianoche, así que volvimos a nuestros respectivos edificios.
Yo no había llegado aún a ver el Main Building cuando un jadeo detrás de mí me hizo darme la vuelta.
-Han cerrado la puerta del Rachel Trickett. Estoy atrapado fuera.
Me eché a reír y continuamos nuestra noche en el jardín, entre risas y besos. Pero pasadas un par de horas, tuvimos miedo de que alguien nos pillara.
-No me malinterpretes, pero, ¿puedo dormir contigo esta noche?-me preguntó en un momento dado. ¿Cómo iba a decirle que no?
-Tendrás que convencer a Selene-contesté.
Él me miró.
-Selene está en su séptimo sueño. No se enterará.
Pero cuando llegamos al pasillo y yo abrí la puerta de mi habitación, Selene no estaba durmiendo. Y tampoco estaba sola.
La habitación era aún más desastre que si viviera yo allí sola. Las sábanas y almohadas estaban tiradas por el suelo y el baño estaba encharcado. La ventana estaba abierta y cuatro botellas vacías de alcohol reposaban en el alféizar. Selene, Aitana y Katarina estaban metidas juntas en la cama, hablando en voz baja y riéndose a carcajadas. Cuando Harry y yo entramos, solo Katarina, la única que parecía algo sobria, se giró hacia nosotros.
-¡Elisa! ¡Harry! Decidimos hacer una fiesta ya que vosotros dos andábais por ahí haciendo... cosas... y no nos habíamos equivocado.
Selene y Aitana se giraron con una risita. Los ojos de ambas estaban perdidos y Harry y yo nos echamos a reír. Mis mandíbulas ya me dolían tras la sesión de risas de la noche, y aquello era algo más para no soportar.
-Parece que aquí no hay sitio, Harry.-dije, lanzándole una mirada de soslayo a las chicas.
-No, no, si nosotras ya nos íbamos-murmuró Katarina, cogiendo a Aitana de la mano y saliendo de la habitación, tras darnos las buenas noches. Esperamos a que se oyera el portazo de sus habitaciones y cerramos la puerta de la mía. Selene se había quedado dormida con las sábanas al pie de la cama, así que la tapé, y me dirigí al armario a por mi pijama, cuando me acordé de que Harry estaba de pie al lado de la puerta.
-Si vas a dormir aquí, más vale que te quites los zapatos, al menos-le dije.
-Sabes, si esto fuera al revés, y esta fuera mi habitación, tú te quitarías la ropa y te pondrías una camiseta mía que te quedaría gigante para dormir. Pero como no es así...
-¿Tú que te crees, que mis camisetas no te valen?-volví a abrir el armario y sin darle tiempo a contestar le saqué una camiseta rosa brillante que me quedaba bastante grande para que se la pusiera. Me miró, desafiante, pero después se echó a reír.
-Suelo dormir en calzoncillos, pero gracias por la oferta.
Intentando no ponerme roja y no mirarlo mientras se desvestía, me quité la camiseta y los pantalones y me quedé en ropa interior. Rápidamente, me puse el pijama y, sin siquiera dirigirle una mirada, me metí en mi cama. Me giré hacia el lado de la ventana y vi que Selene se había despertado, pero no le dije nada. Segundos más tarde sentí el cuerpo de Harry al lado del mío. Se había puesto una camiseta, no sabía si era la mía o la que llevaba él, pero no llevaba pantalones. Sentí todo su cuerpo pegado a toda mi espalda y piernas. Él me tocó el hombro e hizo que me girara.
-No querrás clavarte esto-dijo mientras me quitaba el colgante, clavando sus ojos en los míos. Yo le paré las manos.
-No me lo voy a quitar nunca, Harry.

Sorprendentemente, Harry no roncaba, pero sabía a ciencia cierta que estaba dormido. Me levanté sin hacer el menor ruido a comprobar si Selene estaba despierta, y lo estaba. Me senté a su lado, pero ella quiso que me metiera con ella en la cama. Solo cuando estábamos bajo las sábanas se dignó a hablar.
-Elisa-me dijo, simplemente. Yo la miré, invitándola a que siguiera. Tenía las pupilas dilatadas y las mejillas rojas como el fuego, como cada vez que se emborrachaba. Me pregunté cuánto habría bebido.-Elisa-repitió. Cerró los ojos y prosiguió- Tengo que hablar con Gus. Tengo que decírselo.
-¿Decirle el qué?-pregunté, temiendo lo peor. Selene abrió los ojos. El verde que rodeaba al negro era casi imperceptible.
-Que no quiero salir con él. Que estoy enamorada de otro.

4 comentarios:

  1. Encontré tu blog por casualidad hace unos días y tengo que decirte que la novela me esta encantando asi que por favor siguela que me muero de ganas de leer mas :):):).

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    1. Me alegro muchísimo de que te haya gustado :)) Ahora mismo subo el siguiente capítulo. Muchísimas gracias por leer y comentar, se agradece.

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  2. CHAN CHAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAN

    ¿Sabes lo que me imaginé cuando Harry dijo lo de clavarse? Ya te lo imaginas JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAmami

    Ahora leo el siguiente.

    Unicoooooooooooooornia

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    1. HALAAAA VAYA MAL PENSADAAAAAAAAA joe me costó pillarlo jajajaja lee leeeeee

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